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Eco de Espejos – XXXIV

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XXXIV

Guirnaldas para Rubén Bonifaz Nuño

II. Amistad

 

Por virtud de un instante de gracia

Dios lo quiso:

 

Al margen de los trabajos y el estudio

tus días se disuelven en delicias

del humo iluminado, en esas horas

de la charla y del chiste y de la copa

que de amigo en amigo, van de ronda.

 

Y con Jaime o sin él, y otros que llegan,

a la cantina popular, alguna vez, acudes;

el sol sobre la mesa va y viene,

y aparece en los labios del pueblo,

cuando alguno, de repente inspirado,

recita: Amiga a la que amo, no envejezcas…

 

Alboroto entre hermanos:

“Eres famoso, órale”; “Salud, mi buen Rubén”;

y tan sereno, bebes el vino

de una gloria sin manchas

y una fama cortés,

y al no marearte, echas a risas

los prestigios de leche condensada

en las urbes sabidas.

-Esos tales, coloquiales por cuales,

Poetas que ladran a la luna de moda,

investidos con telas desganadas.

 

Por la amistad brindamos.

 

Por el amor, por la mujer que reina

en todas las naciones de tu verbo poético.

 

Y brindo y hago mías

palabras tuyas que son

comunes y sagradas,

desde Fuego de pobres,

contigo, pido:

 

Amiga, no me olvides; no me olvides

amigo. No te pierdas, espérame.

Yo, el de las cartas sin destino,

el de palabras no creídas,

el que siembra en lo oscuro, te lo pido.

 

En el vientre o en la rosa del verbo

nació el amor, y su espiga alumbrada

se hizo carne en la vida,

y en los tiempos del hombre.

 

El poeta declara, aclara:

Sobre los amantes

da vueltas el sol.

Para decirlo a todos.

 

Para que recordemos juntos, escribo.

Raúl Cáceres Carenzo

Continuará la próxima semana…

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