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La violeta

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Francisco Sosa

 

A la señorita Dolores C…

 

A orillas de un arroyo

cuya corriente tersa

difúndese en el valle

y la campiña riega,

allí donde los céfiros

enamorados vuelan

robándole a las flores

su deliciosa esencia,

donde las avecillas

en sus canciones tiernas

celebran sus amores

o su pesar lamentan;

crece allí solitaria

y tímida y modesta,

la de perfume grato,

la cándida violeta.

Doradas mariposas

en vano cerca vuelan

por ver la florecilla

de suave y dulce esencia;

en vano, pues, amante

tan solo se contenta

oyendo el dulce trino

de una ave de la selva.

Al ave su perfume

regala la violeta

pues sabe que la adora,

y con pasión eterna.

No quiere galas ricas,

no quiere que le mientan

amores que se pasan,

suspiros y ternezas.

A orillas del arroyo

que la campiña riega,

allí la florecilla

transcurre su existencia.

 

Eres tú, bella amiga,

la cándida violeta

oculta para el mundo

que en vano te desea.

Tú guardas tus encantos

y quieres sólo tierna,

una alma cual la tuya,

sin dolo ni impureza.

Bien haces; que en el mundo

aplausos sólo encuentra

en medio a los festines,

¡incauta! la coqueta.

Mas luego que marchitas

sus galas ¡ay! contemplan,

los hombres no la adoran,

las otras, la desprecian.

Bien haces, bella niña,

tu dicha será eterna;

no aspires los aplausos,

no adores la riqueza.

En vano buscarías

en danzas y entre fiestas,

una alma cual la tuya,

de tu alma compañera.

Los ecos de mi lira

celebran tu modestia,

porque eres bella Lola,

cual cándida violeta.

 

Violetas. Periódico Literario. Tomo I. Veracruz, Imprenta del Progreso, 1868, p. 81.

[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]

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