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ALFONSO HIRAM GARCÍA ACOSTA
Mis manifestaciones en el arte musical son genéticas. Cuando nací en febrero de1936, no sabía lo que la música influiría en mi formación. Aunque nunca llegue a ser un erudito musical, soy un aficionado de ese arte.
Mi vida, desde la niñez, fue llena de experiencias sobre esta temática de notas y arpegios musicales. Mi madre, Margarita Acosta, primero tocó violín, después piano, y en su vejez guitarra. Fue cantilenista al hacer canciones para sus nietas; sus tías fueron músicos profesionales de la Orquesta Sinfónica de Mérida: Margot, pianista, Alicia, violinista, y Felipa, cellista, miembros de la Orquesta de Cámara de la Familia Acosta, cuyo primer director fue Gerónimo Baqueiro Foster. Cuando este viajó a México, como el mejor musicólogo, lo substituyó Don Luis Garabito, que había regresado de New York, dejando de ser primer violinista concertino de la Sinfónica de esa ciudad de los rascacielos. En las fotos del recuerdo, solo reconozco al cellista Carlos Marrufo, a quien conocí como maestro de música en la Secundaria “Cisneros Cámara”, al lado de Monjas, en la calle 63,
La música coral, la música de coros, me llevó por otro camino cuando, en el año 53, con un grupo de amigos iniciamos los ensayos del coro mixto a cuatro voces (sopranos, contraltos, tenores y bajos), bajo la Dirección de Marcial Cáceres Ortiz, con el nombre de “Orfeón Yucateco”. Nuestro debut como grupo coral fue en 1954, en el Teatro “Toro” de la ciudad de Campeche, con gran éxito. Duramos unos 10 años, hasta que Marcial Cáceres, nuestro director, decidió marchar como fraile con el padre Mercier, en Cuernavaca, como Fray José de Guadalupe.
En el 2004, en el cincuentenario, hicimos una reunión de los sobrevivientes en “La casa de España en Mérida”. Asistimos una treintena de cantantes, algunos vinieron del Distrito Federal y de otras regiones donde residían, para saludarnos. Cantamos muchas de las obras que nos dirigió Marcial en su época de apogeo. Esta fue mi primera incursión en la música coral.
La segunda fue en el Coro Magisterial, dirigido por Cesáreo Chan Blanco, otro músico dotado de grandes conocimientos. Nuestros ensayos fueron en el ahora Teatro “Daniel Ayala”, con la mayor parte de maestros de educación y otros como yo, que necesitábamos cantar en coros. Arrastramos a varios compañeros de la Universidad de Yucatán, con magníficas presentaciones en salones y teatros de la ciudad y, en especial, en escuelas primarias, apoyando la cultura musical en niños.
Mi tercera incursión en la música coral fue en el área cultural del Seguro Social con el maestro en Música y Filosofía Luis Roberto Sánchez Gavito. Con el coro de “Música Dispersa”, recorrimos muchos lugares bajo su tutela; el que más recuerdo fue el Teatro “Felipe Carrillo Puerto”, del Edificio Central de la Universidad, donde nos presentamos. Fui el conductor del programa, titulado “Cual Piuma al Vento”, y diseñador de sus invitaciones…
Después ensayamos en Col. García Ginerés. Para navidades, cantamos música navideña en algunas iglesias de Mérida. Creo que ese grupo sigue vigente, aunque con menor número de integrantes.
Mi paso por esa rama musical fue bajo la batuta de los mejores directores que ha dado Yucatán en esa actividad musical.

Del canto coral clásico se puede decir lo siguiente: los grupos cantantes suelen ser agrupados en diferentes voces según su tesitura, o rango vocal, por lo que aún en una agrupación de 60 coreutas puede darse el caso de que haya únicamente cuatro voces. El motete Spem in alium de Thomas Tallis es famoso por su extravagancia al ser compuesto para 40 voces independientes a capela.
Aunque existe una gran variedad al respecto, la composición de coros más habituales, la llamada SATB, divide a los cantantes en las voces: soprano, alto, tenor y bajo.
La música coral es la música cantada por un grupo de personas que cantan como una unidad. Generalmente el término música coral señala que hay dos o más cantantes por cada voz, mientras que el término canción se usa para la música vocal con un solo cantante por cada parte.
El canto coral consiste en interpretar una composición musical en varias voces de manera simultánea. Un coro está compuesto por diferentes tipos de voces agrupadas por cuerda.
En el siglo XIV se distinguía entre los cantos corales o eclesiásticos (cantus choralis sive ecclesiasticus) y los cantos figurales (cantus figuralis). Los primeros eran monódicos y eran interpretados por la Schola (de ahí el término coral). Los segundos correspondían a la música polifónica interpretada en la iglesia.
A partir del siglo XV se empezó a usar el término coral para referirse al himno eclesiástico de la Iglesia Luterana, sobre todo a su cantus firmus o a su melodía (ver coral luterano). Más adelante, en el siglo XVIII, se llamó corales a los cantos de la Iglesia Protestante en general. Igualmente se comenzó a llamar también corales a las piezas de órgano que utilizan como base un coral o un tema con características similares a las de un coral, como, por ejemplo, los tres corales de César Franck.

Varias sociedades han desarrollado géneros vocales a lo largo de la historia y los distintos tipos de fuentes permiten a los historiadores de la actualidad reconstruir prácticas musicales de tiempos remotos. Sin embargo, la música en sí es inaccesible para nosotros a menos que contemos con algún sistema descifrable de notación musical. Y si bien ha sido posible reconstruir composiciones musicales del Antiguo Egipto, la Antigua Mesopotamia y la Antigua China, estas tradiciones no parecen haber cultivado formas corales, como sí de voz sola. Sabemos en cambio que en la Antigua Grecia varias composiciones líricas estaban destinadas a coros de hasta decenas de integrantes, principalmente en las tragedias y las comedias. Esta práctica fue continuada en el teatro latino.
En el Renacimiento aparecieron nuevas formas de música coral, que tomaron temas melódicos (cantus firmus) para realizar arreglos polifónicos de la misa católica. Algunos de los himnos más usados durante la Edad Media y el Renacimiento fueron Pange lingua y Ave Maris Stella. Más tarde, esta técnica evolucionó hacia la forma de la misa paráfrasis, y ya en el siglo XVI a la misa parodia, que notablemente empleaba canciones profanas como L’homme armé. Estas se encontraban en los carnavales y en las cortes y salones de los aristócratas de la época.

La transición al Barroco suele datarse a partir de los desarrollos de la Camerata Florentina, que impulsaron el stile nuovo a inicios del siglo XVII. Los nuevos géneros vocales del Barroco temprano, como la ópera, los oratorios y las cantatas de cámara, daban primacía a la monodía acompañada del bajo continuo para el lucimiento de los cantantes solistas.
El Clasicismo no sólo aporta la victoria de la armonía sobre el contrapunto; también aporta una renovación de la orquesta que influirá a su vez en el repertorio coral con acompañamiento orquestal. Hacia 1740 aparece la orquesta moderna en Mannheim. La orquesta moderna le será necesaria pocos años más tarde a los compositores para desarrollar el oratorio del siglo XIX.
Paralelamente, el estilo barroco, alambicado y complejo, es reemplazado por el estilo rococó. Ejemplo del estilo rococó del clasicismo temprano, son las misas que Wolfgang Amadeus Mozart compuso en Salzburgo para el Príncipe Arzobispo, como la Misa de la Coronación (Krönungsmesse).
Con el declive del contrapunto, en ese período la fuga coral pierde interés, pero no vigencia: se encuentran aún fugas corales en el Laudate Pueri del Vesperae solennes de confessore y en el Kyrie del Requiem, ambos de Mozart, así como en La creación de Haydn.
La ópera del siglo XVIII es una gran fuente de repertorio coral durante este período. Podemos citar el coro de los sacerdotes de La flauta mágica (Die Zauberflöte) de Mozart, o los coros de Orfeo y Eurídice de Gluck. Al comenzar el Romanticismo, los géneros ya están estabilizados: el canto coral florece en el motete, el oratorio, la ópera y sus hermanas menores, la zarzuela, el Singspiel y la opereta.
El modernismo musical innovó sobre la tradición romántica introduciendo elementos como el intercambio modal, el cromatismo, la politonalidad, la polirritmia y las filas de tonos.
Los trabajos de algunos compositores ligados al impresionismo se contaron entre los primeros que dieron cuenta de los nuevos desarrollos en la música coral, a menudo apelando al canto sin palabras («wordless singing»). Podemos mencionar como ejemplos destacados a las siguientes obras: “Nocturnes” de Claude Debussy, y “A Mass of Life” de Frederick Delius, “Daphnis et Chloé” de Maurice Ravel, “A Sea Symphony” de Ralph Vaughan Williams, “Psaume 130” de Lili Boulanger y “The Hymn of Jesus” de Gustav Holst. También en el mundo de la ópera, Giacomo Puccini utilizó estos recursos, por ejemplo, en el famoso “Coro a bocca chiusa de “Madama Butterfly”.

En Hispanoamérica sobresalen la “Misa criolla” y la “Navidad Nuestra” compuestas por el argentino Ariel Ramírez y difundidas como un manifiesto musical del Segundo Concilio Vaticano, que apuntaba a una articulación del mensaje católico con las culturas populares de los diferentes países no europeos. Precisamente, la obra de Ramírez es típica de la síntesis de géneros y formaciones corales del siglo: un coro y una orquesta clásica de cámara alternan con instrumentos de la Argentina para cantar melodías de origen popular pero armonizadas con las mismas reglas de la armonía que se aprenden en los conservatorios…
Que el presente sea para recordar a mis maestros y compañeros cantantes y escritores que han pasado a ocupar un nuevo plano astral.
A nivel personal, agradezco a Luis Roberto Sánchez Gabito, que sigue en la brega musical y no descansa, aportar sus conocimientos musicales y masónicos en estos momentos del 2026. Sigue como cuando lo conocí hace más de 40 años, siendo el único director que continúa ofreciendo sus doctos conocimientos generales a las nuevas generaciones.
A mis directores y maestros que nos antecedieron y nos dieron formación musical coral: Marcial Cáceres Ortiz, director del “Orfeón Yucateco”; Cesáreo Chan Blanco, compañero de café que me dirigió en el “Coro Polifónico Magisterial” en el Teatro “Daniel Ayala”; al que vive, el maestro Luis Roberto Sánchez Gavito, que me dejó huella con grandes conocimientos musicales y masónicos, además de dirigir el Grupo Coral “Música Dispersa”.
Otro que fue un ejemplo de vida por su formación cultural fue Alejandro Alcocer Alvirde, quien me contactó con dos grandes musicólogos cubanos, Argeliers León y María Teresa Linares, quienes me abrieron las puertas de su hogar en mis constantes visitas a la isla de Cuba. Gracias, Alejandro, tu vida y conocimientos siguen vigentes como cuando fuiste nuestro Primer Venerable Maestro y fundador de la Logia Simbólica masónica “Hunab Ku 133” en Mérida, Yucatán.
Ojalá este testimonio sobre la Música Coral que me inspiraron estas personalidades grabadas en la historia musical de México sean letras de luz para las generaciones actuales. Abur.

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