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Tuvo que ser una solicitud de detención con fines de extradición de una corte en Nueva York la proverbial luz que, al encenderse, está haciendo que todas las cucarachas corran por sus vidas. Tan potente fue el impacto que la única respuesta desde la presidencia ha sido enarbolar la bandera de la soberanía nacional, al mismo tiempo que exige “pruebas fehacientes” antes de conceder la extradición.
El escándalo inicial involucra al gobierno de Sinaloa. La solicitud de detención con fines de extradición afecta a diez personas, comenzando por su ahora gobernador-con-licencia Rocha Moya (el mismo que tendió la trampa con la que fue entregado a las autoridades norteamericanas el Mayo Zambada), al alcalde de Culiacán, a un Senador que desde la oscuridad ahora se declara listo para convertirse en testigo protegido de los fiscales neoyorquinos, y a otros funcionarios sinaloenses acusados de colaborar con carteles de narcotráfico.
Por si fuera poco, las acusaciones indican que la elección de Rocha Moya recibió de los narcotraficantes tanto apoyo financiero como apoyo en acciones para amedrentar a los candidatos opositores, algo que estos mismos candidatos denunciaron en su momento, además de quemar boletas y robar urnas.
Es claro que el expediente fue conformado con la información que la encarcelada familia Guzmán y el Mayo Zambada, además de muchos otros criminales de menor monta del grupo de Los Chapitos, han proporcionado a los fiscales. Protagonistas de sus contubernios, saben perfectamente cómo se dieron y se siguen dando las cosas, por lo que entonces este es tan solo el primer obús de una andanada que muy bien pudiera alcanzar al mesías macuspano, su familia y sus cómplices.
La Presidenta enfrenta decisiones que definirán el resto de su gobierno: si entrega a los acusados, corre el riesgo de que boqueen y la afectación y pérdida de credibilidad que estamos viendo vive su movimiento crezca; si los protege, el siguiente obús de los Estados Unidos sin duda será aún más explosivo.
Cuando las acusaciones y evidencias de contubernio con narcotraficantes fueron recolectadas y presentadas por mexicanos de todos tipos (ONGs, Sociedades Civiles, medios de comunicación), la maquinaria guinda se encargó de ignorarlas, desvirtuando a los acusadores y sus pruebas desde el púlpito mañanero, para luego dar precisas instrucciones a las diferentes secretarías de sepultar y exonerar sin mayor investigación a los malolientes personajes que estaban involucrados.
Qué pena que haya sido un presidente como el agente naranja, (otro) megalómano con ansias extremas de poder, el que haya lanzado el misil que amenaza hundir a la llamada 4T. Penoso porque es un ser vengativo, ignorante, pagado de sí mismo, justo como el iluminado que metió a nuestra nación en la caótica espiral que vivimos.
No debe perderse de vista que Trump está en campaña, que con estas acciones pretende desviar la atención de sus ciudadanos de la crisis de credibilidad que lo persigue ante la ineficacia de sus políticas de gobierno, las alicaídas finanzas, y hasta de su fallida intervención militar en Irán. Ya sabemos que no mide las consecuencias de sus hechos.
Ah, y en medio de todo lo anterior, recordemos que el huachicol fiscal es la otra espada de Damocles que pende sobre la 4T, lo que augura otros frentes que pueden abrirse en cualquier momento.
Sin duda, lo mejor es que todo esto se va a poner peor para aquellos que se vanagloriaron de no mentir, no robar y no traicionar.





























