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A mediados de la década de los 80s, laboré en el Instituto de Cultura de Yucatán (hoy Sedeculta), cuando se ubicaba en la actual Casa de la Cultura del Mayab de la ciudad de Mérida. Me dedicaba a diseñar los carteles de los eventos culturales, los programas de mano y las correspondientes publicidades.
Uno de los aspectos más agradables de aquella etapa profesional fue conocer y convivir con muchísimos artistas locales, así como otros compañeros como Ricardo Yáñez Semerena, Jorge Escalante Sotelo, Juan Carlos Moreno, Jorge Méndez Arceo y Joaquín Cortéz, que también trabajaban en esa dependencia. Gracias a ello pude conocer nuevas opciones sonoras.
En esa etapa conocí a Les Luthiers, Vangelis, Casiopea, Jean Michell Jarre y también a un tal Mike Oldfield, multi-instrumentista, compositor y productor británico, que logró construir una obra que fusiona rock progresivo, música clásica, folk celta, electrónica y world music con un estilo profundamente personal.
Lo primero que escuché de Oldfield fue su tercer álbum de estudio, “Ommadawn”, de 1975, que me encantó.
Por aquellos años, ya había escuchado a grandes bandas de rock progresivo como Camel, Genesis, King Crimson y Pink Floyd. Pero la de Mike Oldfield era una sonoridad con muchas similitudes progresivas, con ciertas diferencias que me fueron atrayendo cada vez más a su obra.
Para mi sorpresa, Mike resultó ser el autor de la música de “El Exorcista”, película que nos había puesto los pelos de punta (favorita del Ing. Isaías), proveniente de su debut histórico “Tubular Bells”.
En aquel entonces no comprendí la magnitud de su obra. Ahora me queda claro que su legado es uno de los más singulares e influyentes de la música contemporánea.
En 1973, con apenas 19 años, Mike Oldfield lanzó esta obra instrumental revolucionaria que terminó convirtiéndose en una de las piezas instrumentales más reconocibles del siglo XX, interpretando por sí mismo más de veinte instrumentos. Este álbum fue el primer lanzamiento del sello discográfico Virgin Records, fundado por Richard Branson. Su éxito comercial fue extraordinario, consolidando tanto la carrera de Oldfield como el crecimiento internacional del sello.
Como un consumado innovador absoluto del estudio, Mike Oldfield fue pionero en el uso del estudio de grabación como instrumento creativo. Durante su proceso creativo grababa capas sucesivas de guitarras, teclados, percusiones y otros instrumentos, construyendo composiciones extensas y cinematográficas. Su dominio técnico y artístico lo convirtió en referencia para músicos de rock progresivo, new age y música instrumental, logrando con los años una discografía diversa.
Tras el éxito de “Tubular Bells”, desarrolló una carrera notablemente versátil con álbumes como “Hergest Ridge” (1974), “Ommadawn” (1975), “Incantations” (1978), “Platinum” (1979), “QE2” (1980), “Five Miles Out” (1982), “Crises” (1983), “Discovery” (1984), “The Killing Fields” (1984, banda sonora de la premiada película del mismo nombre), “Islands” (1987), cerrando la década de los 80s con “Earth Moving” de 1989, siendo todos estos álbumes de auténtica colección, ya que cada uno explora nuevas texturas y demuestra su capacidad para reinventarse sin perder identidad.
Vale la pena destacar que en 1983 alcanzó gran popularidad con la canción “Moonlight Shadow”, interpretada por Maggie Reilly, que sigue siendo uno de los clásicos más queridos de la década de 1980.

Su constante evolución se mantuvo en los noventa con “Amarok” (1990), “Heaven’s Open” (1991), “Tubular Bells II” (1992), “The Song of Distant Earth” (1994), “Voyager” (1996), “Tubular Bells III” (1998), “Guitars” (1999) y “The Millenium Bell” (1999).
Con la llegada del nuevo milenio, Mike Oldfield comenzó a espaciar más sus lanzamientos, arrancando con “Tr3s Lunas” (2002), “Tubular Bells 2003” (2003), “Light + Shade” (2005), “Music of the Spheres” (2008), “Man on the Rocks” (2014) y su último álbum oficial “Return to Ommadawn” (2017).
Con todo este legado musical, Mike Oldfield inspiró a artistas de géneros tan diversos como el rock progresivo, la música electrónica, el ambient y la new age. Su enfoque independiente y su habilidad para tocar múltiples instrumentos lo convierten en modelo para compositores y productores.
Merecidamente, a lo largo de su carrera recibió numerosos discos de oro y platino y un Grammy por la versión de “Tubular Bells” incluida en “The Exorcist”.
Por si fuera poco, gran parte de su música posee un carácter contemplativo y expansivo. Por ejemplo, obras como “Ommadawn” o “Hergest Ridge” evocan paisajes sonoros profundamente emotivos donde convergen tradición celta, minimalismo y experimentación.
Mike Oldfield señaló que la música es la forma más directa de comunicar emociones. También afirmó que el estudio de grabación siempre fue su instrumento favorito y que siempre le hizo caso a intuición para crear música.
Diversos expertos analistas afirman que el legado de Mike Oldfield reside en haber demostrado que la música instrumental podía ser innovadora, emotiva y comercialmente exitosa. Su obra abrió nuevas posibilidades creativas y continúa cautivando a oyentes de todo el mundo, garantizándole reconocimiento como uno de los compositores más originales e influyentes de su generación.

https://www.youtube.com/watch?v=sSRJvq4Wd48
RICARDO PAT





























