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Usted, amable lector, sabe perfectamente cuánto dinero posee, el tamaño de sus deudas y el número de sus acreedores, sus próximos ingresos, y también el monto de sus gastos. Así como usted, todos los mexicanos adultos que adquirimos la responsabilidad de mantener nuestras casas y familias.
Usted, consciente de cuánto cuesta ganarse el dinero, seguro piensa muy detenidamente en qué va a gastarlo, sobre todo cuando sus fuentes de ingreso son finitas. Estamos seguros, además, de que no le agrada endeudarse a menos que haya un motivo muy poderoso para hacerlo; y que a la brevedad posible tratará de subsanar su deuda.
Si usted aún no ha alcanzado su retiro, también podemos deducir que cuenta los días para tramitar y recibir la pensión en la que ha estado ahorrando, para vivir con tranquilidad económica cuando trabajar no sea una necesidad.
Consciente de que una buena inversión puede redituarle beneficios adicionales, con afán y atención evalúa oportunidades y proyectos que no le hagan perder su dinero, sino que le rindan mayores beneficios económicos, abonando a un mejor futuro.
Un consejo práctico que algunos hemos encontrado muy útil es que solo se deben invertir excedentes monetarios, para evitar comprometer lo del día, aquello que nos permite sobrevivir a la medida de nuestras necesidades; como corolario, también hemos aprendido que es necesario ahorrar para cuando alguna emergencia toque a la puerta, para evitar caer en deudas y tribulaciones.
Todo lo anterior es básico en cualquier persona que administra sus ingresos con inteligencia y mesura, si es que en realidad desea vivir con tranquilidad.
¿Qué opinión le merecería un individuo que se dedica a gastar su dinero, fruto de su sudor y sacrificios, sin rendirle cuentas y sin darle razones; que lo invierte en obras que no solo no generan beneficio, sino que – sumergidas en la opacidad – generan cuantiosas pérdidas todos los días; que para mantener su ritmo de vida se ha endeudado usando nuestro nombre en garantía, en cuantiosos montos, de tal manera que su capacidad de pago ha sido superada y le será imposible subsanar ese saldo en varias generaciones?
¿Y qué tal si ese individuo ahora decidiera meterle mano a sus ahorros, a su fondo de pensión, para seguir invirtiéndolo en esas mismas obras, opacas, mal administradas, para seguir generando pérdidas, o en otras más novedosas, pero con los mismos vicios de origen, todo para seguir reforzándole las alforjas a los pillos de siempre?
De ese individuo, para nuestra desgracia, todos los días nos enteramos de más y peores cosas por las noticias. Sus malos haberes y corruptelas crecen y crecen.
Ese insidioso individuo se llena la boca y se reviste del vocablo «pueblo» para justificar su ignorancia, sus fechorías y su ineficiencia.
Lo peor de todo es que ese insidioso individuo nos gobierna…
¿Hasta cuándo lo dejaremos que nos atraque a mansalva?
¿Hasta cuándo le aplicaremos el peso de la ley y lo pondremos en manos de la justicia?





























