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¿Es un lujo ir al cine?

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Acudir al cine aporta varios beneficios más allá de simple entretenimiento. Aunque actualmente cada vez son menos las personas que acuden a las salas y prefieren ver películas desde sus dispositivos, es importante no perder de vista que la experiencia cinematográfica conserva características únicas. Ante la innegable crisis de asistencia a los cines para la industria cinematográfica, comparto con ustedes unas reflexiones de por qué está ocurriendo esto.

Fui afortunado porque mi padre, don Francisco, mi madre, doña Elenita, y mi hermano mayor, Enrique, siempre se preocuparon por llevarme desde niño a disfrutar de películas que despertaron en mí una pasión por acudir con regularidad a los cines de Mérida.

Antes de entrar a la adolescencia, mi familia me autorizó a acudir solo a las matinés los domingos. Era buen estudiante y, además, trabajaba los fines de semana con mi papá, por lo que tenía dinero para pagar mi estrada y comprarme las correspondientes palomitas y refrescos, que en los 70 no eran tan caros como ahora.

Me aficioné tanto a esta rutina, que había domingos en los que iba al cine Cantarell a ver el estreno, para después ir al cine Rex del barrio de Santiago, donde veía tres películas por el precio de una. Pasaba muchas horas disfrutando del Séptimo Arte; no me importaba si tenía que cruzar toda la ciudad para acudir, por ejemplo, al cine Cordemex para ver dos películas de Bruce Lee. Lo importante era estar ahí.

En aquel entonces no reflexionaba por qué me gustaba tanto ir al cine. Ignoraba que durante una película, especialmente si la trama resultaba absorbente, mi atención se concentraba en la pantalla, dejando temporalmente de lado cualquier preocupación cotidiana, generando una sensación de descanso mental.

Las películas permiten ponerse en el lugar de personajes con experiencias muy distintas a las nuestras. Diversos estudios han sugerido que las narrativas audiovisuales pueden fortalecen la capacidad de comprender emociones y perspectivas ajenas. Reír con una comedia, emocionarse con un drama, o sentir tensión con un thriller, activa distintas respuestas emocionales que pueden resultar estimulantes y enriquecedoras.

¿Por qué nos gusta tanto ir al cine? Porque combina imagen, música, literatura, actuación y diseño visual, en una mezcla que puede despertar creatividad e inspiración. Muchas películas acercan al espectador a hechos históricos (en algunas casos con licencias polémicas), culturas, personajes o problemáticas sociales que quizá muchos desconocían.

En lo personal, mi relación con el cine se edificó principalmente por ser una actividad que compartía con mis familiares, amigas o parejas. Nada más lindo que, al salir del cine, ir comer y beber algo para platicar y comentar acerca de la película, casi siempre conversaciones memorables.

Varios investigadores han observado que cuando una historia logra una inmersión profunda (como ocurre en las salas de cine), el cerebro responde de forma similar a como lo hace ante experiencias reales. Este es uno de los factores que propician nuestro amor por el Séptimo Arte, disfrutándolo en las circunstancias más adecuadas, como las que ofrece el cine.

Ver películas rodeado de otras personas ocasiona que nos riamos al mismo tiempo, contener la respiración durante una escena de suspenso, gritar juntos en alguna escena de terror, o simplemente emocionarnos colectivamente. Pero, ojo, esto ocurre en las salas de cine; es una experiencia social difícil de replicar en casa.

Como lector compulsivo, mi conexión con el cine fue cada vez más potente ya que las películas también pueden ser la puerta de entrada a otras artes. Muchas personas descubrieron a compositores clásicos, escritores o grupos de rock gracias al cine. Así ocurrió con películas como “Bohemian Rhapsody”, que reabrió el interés por Queen, o “The Doors”, presentando la historia del legendario Jim Morrison, o con “The Blues Brothers”, donde participaron junto a John Belushi y Dan Aykroyd importantes figuras como James Brown, Aretha Franklin, Ray Charles y John Lee Hooker.

¿Qué es mejor: ver películas en casa o en las salas? Ambas experiencias ofrecen ventajas, sin embargo, el cine ofrece pantalla gigante, sonido envolvente, menos distracciones, mayor inmersión emocional y experiencia colectiva. Lo que sí es un hecho, es que la mayoría de las personas recuerdan durante años filmes que vieron en una sala, mientras que olvidan otras que vieron en televisión o en plataformas en línea.

El gran problema actual que afecta la asistencia al cine es el elevadísimo costo de las entradas y productos en venta, como palomitas, refrescos y ni se diga chocolates, perros calientes, nachos y demás. Lo caro que se ha vuelto acudir a las salas de cine ha propiciado que la experiencia se convierta en un lujo, volviendo la experiencia hasta cierto punto elitista.

A pesar de todo, darnos el gusto de revivir la experiencia de disfrutar del Séptimo Arte en los cines es algo que todos debemos permitirnos, sobre todo si lo hacemos en compañía de quienes amamos, para crear recuerdos.

RICARDO PAT

riczeppelin@gmail.com

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