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La Educación Maya – XIII

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Educación Maya

XIII

RITOS

Se ha repetido en nuestra tierra: «Esta gente tiene increíble indolencia», haciendo alusión a quienes demuestran pasividad ante situaciones que parecen desesperantes: pérdida del disfrute de posesiones materiales, de cargos o situaciones ventajosas, y aun de seres queridos; o falta de ambiciones consideradas normalmente humanas.

Sin descartar la marginación y discriminación que comúnmente son causantes de diferencias sociales y económicas que limitan el ímpetu hacia el triunfo, hay que tomar como causa notable de lo anterior, el temperamento del maya. El maestro, libre de prejuicios, ha de considerar esta circunstancia, especialmente en el medio rural, cuando de fomentar aptitudes y establecer hábitos precise.

El maya antiguo era muy espiritual. Lo material, para cuyo logro fue, sin embargo, sumamente esforzado, estuvo íntimamente relacionado con la divinidad por medio de ritos. Por ello, la valoración de su civilización y el entendimiento de la idiosincrasia del maya actual tienen que ser previo conocimiento de la religiosidad del maya antiguo.

Cuando se habla de ceremonias y ritos suele pensarse, de primer intento, en las espectaculares ofrendas que en las grandes ciudades se hacían, acompañadas de gran pompa, y que podían llegar a sacrificios de animales y aun de personas. Pero además de éstos, que sí los hubo, las huellas arqueológicas de templos, pirámides y altares de variadas categorías levantados en plazas de innumerables comunidades demuestran que todos los núcleos poblacionales acostumbraban prácticas. menores, a más de las familiares y las que en el interior de los templos realizaban en privado los sacerdotes.

De Yucatán, Landa consignó las ceremonias que en cada uno de los meses del Tzolkin se verificaban. Por él sabemos que los templos no eran los únicos lugares dedicados a los cultos, sino también se utilizaban patios, casas de sacerdotes o de los oferentes, y sitios ocasionales, como la playa cuando era fiesta de pescadores. Las fiestas eran precedidas de actos de purificación como ayunos y abstinencias sexuales, y entre las ofrendas había sahumerios, comida, bebida y, en ocasiones, sacrificios de sangre, como muerte de aves u horadación de alguna parte del cuerpo.

En estas fiestas solía reunirse gente de varios pueblos, según las especializaciones ocupacionales que correspondían a cada día. (Relación de las cosas de Yucatán. Cap. XXXIX)

El contacto directo con los dioses lo hacían los sacerdotes y gobernantes, quienes, en la opulencia de las construcciones cuyos restos perduran y el testimonio de esculturas y pinturas en las que portan atuendos magníficos, dan muestras de la posición privilegiada que en tiempos de bonanza tuvieron.

Ejemplo de esto lo tenemos en Chichén Itzá, paradigma de la grandeza maya, ciudad que sobresalió, entre otros aspectos, por su notable auge en el comercio, cuando, adueñados los itzáes del sitio. instauran el culto a Kukulkán, y unen, en esmerada organización para afianzar su dominio, religión, gobierno y milicia. Sobre ello nos dice el arqueólogo e historiador Román Piña Chan:

En Chichén Itzá había una sociedad estratificada que tenía variados intereses de clase, por existir una compleja división del trabajo, es decir, porque sus miembros desempeñaban una diversidad de funciones especializadas; y ello requería una cohesión social que equilibrara los intereses comunes y los elitistas, una solidaridad interdependiente, o sea una conciencia o sentimiento de pertenecer a la sociedad, de integración de todos sus miembros a la sociedad y al Estado.

Para ello fue necesario desarrollar una ideología oficial que lograra dicha cohesión social, que se difundiera hasta la más apartada comunidad aldeana de la región; y esta ideología fue la religión, elaborada por el sacerdocio que dependía del aparato estatal, lo cual junto con el militarismo aseguró el dominio económico, político y psicológico del pueblo.50

Después de referirse a los adoratorios más notables, añade algo sumamente importante:

Desde luego, en Chichén Itzá se continuó con el culto a Chac o dios de la lluvia y fenómenos asociados, como se ve en mascarones que decoran el Templo de los Guerreros, El Caracol y El Castillo, con atributos reptilianos y nariz enrollada como trompa, el cual era protector de la agricultura; mismo que tenía cuatro ayudantes o chaques, relacionados con los puntos cardinales y sus colores, a los cuales se les rendía culto por el pueblo, ya que ellos tenían que ver con el desmonte y la quema de la milpa, la siembra, la fructificación y la cosecha.51

La organización descrita es muy posible que fuera semejante en otros estados, y acaso hasta constituyese un patrón frecuente en las comunidades mayas en general, donde con seguridad se incluiría algún orden educativo oficial que, apoyándose en lo religioso, funcionara a modo de pirámide con la población rural en la base y la élite en la cúspide. Del sacerdocio, el mismo autor señala:

poseía los conocimientos astronómicos, matemáticos, calendáricos, astrológicos, etc.; se encargaba de la religión de los cultos, ritos y ceremonias: hacía ayunos, autosacrificios, oraciones y ofrendas en los templos; en las festividades que se celebraban en las espaciosas plazas no faltaba la música, la danza y algunas diversiones como el juego de la pelota…52

Este panorama nos da la imagen de una sociedad que, enlazada por intereses de oficios y ministerios, y motivada constantemente con sus ritos. poseía una educación hasta cierto punto integral, tesis que hemos sustentado en el apartado dedicado a la escritura.

Aunque, tradicionalmente, acostumbraba aseverarse que los mayas tuvieron una religión exenta de sacrificios humanos, y que éstos les fueron impuestos por grupos extranjeros centromexicanos, o por mayas que habían recibido influencia de éstos, las representaciones de obras plásticas prueban que se practicaba desde tiempos lejanos, entre otros sacrificios: la extracción del corazón, la decapitación y también el flechamiento: a más de los muy célebres lanzamientos al cenote sagrado de Chichén Itzá, en tiempos más cercanos.

El primero, el más mencionado, era frecuente, sobre todo, en ceremonias conmemorativas de hechos importantes, para propiciar buenas cosechas, evitar largas sequías, plagas o derrotas bélicas. La decapitación se acostumbraba con los prisioneros de guerra. El flechamiento, el menos consignado, lo menciona Landa, y en el Libro de los cantares de Dzitbalché hay pruebas indudables de que si se practicaba y que se tenía como acto de gran veneración. En este libro, colección de poemas considerada por su descubridor y traductor, Alfredo Barrera Vásquez, como joya de la literatura prehispánica, hay un cantar dedicado al flechador que consuma el sacrificio, y otro a la víctima sacrificada. Ambos poemas, de los que ofrecemos dos fragmentos, transmiten lo sacro del acto, y la estima en que eran tenidos quienes intervenían en él.

Canción de la danza del arquero flechador

Da tres ligeras vueltas alrededor de la columna pétrea pintada, aquella donde atado está aquel viril muchacho, impoluto, virgen, hombre. Da la primera; a la segunda coge tu arco, ponle su dardo apúntale al pecho: no es necesario que pongas toda tu fuerza para asaetearlo, para no herirlo hasta lo hondo de sus carnes y así pueda sufrir poco a poco, que así lo quiso el Señor Bello Dios. A la segunda vuelta que des, a esa columna pétrea azul, segunda vuelta que dieres, fléchalo otra vez. Eso habrás de hacerlo sin dejar de danzar, porque así lo hacen los buenos escuderos peleadores hombres que se escogen para dar gusto a los ojos del Señor Dios.53

Al cantar dirigido a la víctima del sacrificio, el Libro lo denomina «X-Kolom-Che» que es la denominación de una danza con cañas. Algunos de sus párrafos son éstos:

En medio de la plaza está un hombre atado al fuste de la columna pétrea, bien pintados con el bello añil. Puéstole han muchas flores de «balché» para que se perfume; así en las palmas de sus manos, en sus pies, como en su cuerpo también. Endulza tu ánimo, bello hombre; tú vas a ver el rostro de tu Padre en lo alto. Date ánimo y piensa solamente en tu Padre; no tomes miedo; no es malo lo que se te hará. Bellas mozas te acompañan en tu paso de pueblo en pueblo… No tomes miedo; pon tu ánimo en lo que va a sucederte. Ríe, bien endúlcese tu ánimo, porque tú eres a quien se ha dicho que lleve la voz de tus convecinos ante nuestro Bello Señor, aquel que está puesto aquí sobre la tierra desde hace ya muchísimo tiempo.54

En su época, Landa hace notar que los derramamientos de sangre, aun de animales, eran reprobables; sin embargo, sacrificios y tortura se aplicaban a prisioneros de guerra. Los sacrificios de sangre constituían actos religiosos supremos, en los que participaban los más importantes personajes del pueblo, y en los que la víctima llegaba aún a ser endiosada, lo que hacía que convertir fragmentos de su cuerpo en alimento fuera una especie de comunión, privilegio para algunos cuantos, sin que por ello fueran antropófagos. En momentos difíciles para la supervivencia de la población, cuando satisfacer a los dioses era urgente, se enteraba al pueblo, y éste respondía proporcionando algún esclavo, reuniendo recursos para adquirirlo u ofrendándose a sí mismos, habiendo quienes entregaban a sus propios hijos si con ello creían salvar a la comunidad. En realidad, la sangre era para conservar la vida de los dioses que, de faltarles, hubiera acarreado también la muerte del hombre.

López de Cogolludo refiere que Landa (25 de abril de 1551), en Dzitás, tierra de Cupules, topó con los preparativos para un solemne sacrificio, hallando en la casa del cacique muchas vasijas llenas de una bebida embriagante, y «una especial que contenía un brebaje con el que a todos los que sacrificaban privaban del uso de la razón, los adormecía y sacaba de sí, de suerte que no rehusaban que les abrieran los pechos y les sacaran el corazón. Tenían un mancebo, de hasta dieciocho años de edad muy cargado de flores y bien amarrado a un palo para ejecutar en él el sacrificio. La persuasión de Landa evitó la consecución del acto.

La ingestión del brebaje, que pudo ser para evitar mortificaciones a la víctima, no siempre se consideró necesaria entre los mayas ni en otras religiones, pues provocarse sufrimientos es acercarse a la divinidad; y aunque entre los mayas, según las numerosas representaciones plásticas de estos actos, generalmente el fin era extraerse sangre para los dioses, las mortificaciones que para ello sufrían las élites, particularmente en los ritos iniciáticos, causaban admiración y respeto del pueblo.

La concepción de la muerte es un aspecto importante en relación con los sacrificios. Por el bien común, el maya antiguo era capaz de ofrendar a sus seres queridos, quienes, creía, tendrían el disfrute eterno a la sombra de la ceiba sagrada.

Sin embargo, la prisión de un gobernante que tenía como consecuencia su ejecución, podía ser el derrumbe de un pueblo, porque considerándolo una especie de dios, o quien hacia el contacto con los dioses, significaba que el pueblo quedaba en el desamparo.

Carmen Romero de Nieto, al analizar los conceptos de tiempo entre los mayas, ofrece consideraciones que ayudan a clarificar lo relativo a la muerte: «Nosotros incluimos en la idea de tiempo ideas de progreso y desarrollo”; para los antepasados mayas el tiempo incluye la idea de la muerte pero como un fin, no es algo temido. Por esas ideas anteriormente expresadas -progreso y desarrollo- acentuamos nuestra ‘ambición’, en cambio para los mayas la infinitud del tiempo disminuye la importancia del hombre, su prisa y su impaciencia, así dan lugar a la ‘moderación’ lo que aún se refleja en los actuales descendientes de los indígenas».56

La filosofía del maya antiguo con su forma particular de ser feliz, su falta de aprehensión a lo terrenal, aun a la vida misma, fue, sin embargo, rica en intereses y en creatividad. Transmitida de padres a hijos, deja ver señaladas huellas en sus descendientes actuales.

A otros ritos nos referiremos más adelante, cuando sea preciso.

 

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50 Piña Chan, 1980:126.

51 Piña Chan, 1980:133.

52 Piña Chan, 1980, 133.

53 Barrera Vázquez, 1980:123.

54 Barrera Vázquez, 1980:41.

55 López de Cogolludo. 1954, 342.

56 Romero de Nieto. 1982:36.

Candelaria Souza de Fernández

Continuará la próxima semana…

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