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Este domingo 22 de febrero fue abatido Nemesio Oceguera Cervantes “El Mencho”, cabeza principal del CJNG (Cartel Jalisco Nueva Generación), reportó la Secretaría de la Defensa Nacional, en un operativo conjunto que involucró fuerzas mexicanas y estadounidenses, que proporcionaron la inteligencia e información para actuar.
Como consecuencia, desde temprana hora se han registrado balaceras, quema de vehículos, de negocios, y toda clase de manifestaciones de los criminales que pronto supieron que su líder había muerto, al parecer mientras era trasladado a la CDMX.
Los destrozos y amenazas de los integrantes del CJNG ante la caída de “El Mencho” abarcaron varios estados: Jalisco, Michoacán, Tamaulipas, Guanajuato, e incluso Quintana Roo. Sus acciones se leen como una inmediata reacción de molestia ante las acciones del ejército, como un llamado a las armas para vengar la afrenta, ¿o acaso como la respuesta a una “traición”?
Hay muchas lecturas en lo que sucedió hoy.
En primer lugar, este es el primer golpe de alto impacto que las autoridades mexicanas han dado a esta organización criminal, con lo que de facto se abandona la fallida e indolente estrategia de los últimos siete años de “abrazos, no balazos”. Ahora hay que acabar con ese cáncer.
Al mismo tiempo, la tan traída como excusa y descalificada “guerra de Calderón”, tras observar las consecuencias y las reacciones de hoy, hasta cierto punto es reivindicada, porque ahora la guerra contra el CJNG es del gobierno de la presidenta Sheinbaum. Imposible seguir usando como excusa lo que se hizo o dejó de hacer en ese sexenio; por el contrario, resulta aún más evidente la pax narca de los gobiernos de Peña Nieto y de López Obrador.
Es imposible soslayar que este acto, que esperamos sea el primero de muchos para recuperar nuestro país de las garras del crimen, sucedió como respuesta a la intensa presión del presidente norteamericano Trump; que fuerzas especiales de ese país hayan participado es señal suficiente de que las cosas llegaron a un punto insostenible y, por lo tanto, era imperativo actuar “para quedar bien”.
Lo sucedido hoy es tan solo el primer paso hacia la recuperación de la tranquilidad y seguridad que merecemos los mexicanos. Esperamos que el ejército aseste muchos más golpes e impongan la ley, con ayuda de los poderes de todos los niveles; que deje de administrar, construir y todo lo que le asignaron, y se dedique a su razón de ser: salvaguardar a los mexicanos, persiguiendo criminales.
Al mismo tiempo, no nos queda duda de que pronto nos enteraremos de mucha más de la inmundicia y contubernios de la clase política con estos y otros grupos de malhechores. Muchos actores políticos deben estar sumamente preocupados por lo que seguirá.
Si la presidenta Sheinbaum continúa en este camino que hoy inició, y al mismo tiempo persigue a aquellos que han quebrantado las finanzas, vilmente robando los dineros de la nación (600 mil millones de huachicol fiscal + 407 mil millones de irregularidades en el ejercicio del presupuesto del sexenio del alicaído patriarca tabasqueño son más de un billón de pesos, recordando que un billón es un millón de millones), persigue y encarcela a tantos corruptos, estamos seguros de que su lugar predominante en la Historia estará asegurado.
Que este sea el inicio de mejores tiempos para nuestro México.





























