El Canto de la Tierra (VI)

By on noviembre 28, 2019

VI

Lectura de sombras

A Juana María Zúñiga

 

Comenzaste a morir y a darte cuenta

de que el misterio no va a extenuarse

nunca. El despertar es un bosque de

hallazgos.

José Emilio Pacheco

 

 

Deseo encontrar la poesía que intenta la iluminación del ser, la que puede tender un puente entre la acción del sueño y el mundo: entre lo inconsciente y la infantil mecánica de lo cotidiano.

¡Ah, palabras! Ese rumor de aves sobrevolando el río de imágenes con que la naturaleza nos entrega su misterio: las “otras” palabras, las que no dan sombra sino transparencia: ¡resplandores!

Palabra: cuchillo, relámpago que se mueve entre máscara y rostro, entre cielo y sangre; espada que discierne los cuerpos de la muerte; espejo que recobra en su universo de azogue al universo: pedazos de la materia revelada. Escrituras.

Deseo encontrar los hilos secretos de mi voz. Hilos para conectar las estrellas: instantes del Abismo. Copiar en el fuego los signos que funda la energía manifiesta, el eterno día de la Creación. Fijar el vértigo, el grito, el vuelo, el vuelo de la vida sobre la tierra original.

Pero…

 

I

Voy olvidando, olvido

las aguas que me dieron la vida, esta ribera…

Avanzando

en la sombra, investido de heridas, pulo obscenos cristales;

me contemplo morir como animal que extingue su especie

y apaga la mirada del planeta. Pero alzo

–espejo de lunas devoradas– esta memoria infame

sobre los recios árboles que deshace la noche.

 

Siento latir rostros sin nombre

por detrás de esta máscara

que me inventa y condena.

 

Aquí –bajo mi mano que la sombra ha tejido–

 

dulces bestias avanzan, planetas retroceden,

rezan turbias ancianas. Cantos, melodías de moda

hace mil siglos, renacen, suenan, sueñan.

Sacerdotes, escribas y notarios

Sollozan tercamente. Vuelan mares siniestros.

Peces comulgan lentos con algas ponzoñosas.

Entre raíz y alas mi voz dispara escamas,

desampara naciones, muda de piel, entiende

los ritos, la leyenda, los dioses embriagados,

sus hambres, el cuchillo, el amor que entregamos

al juego de la luz y al viento, al viento.

 

Este rostro que toco es del otro, es de todos.

Hablo por vez primera.

Raúl Cáceres Carenzo

Continuará la próxima semana…

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