Eco de Espejos – XXVIII

By on octubre 14, 2021

XVIII

Trofeos que dejó la tempestad

4. Habla el mar

 

Yo soy el mar que alza

el monólogo del hombre

y suspendo mi globo de peces y milagros

cuando la rosa avanza y se deshoja

en mis labios de sal. Cincelo el canto.

 

Los astros navegan en mi voz…

Empujo al sol y él abre su camino

sobre la hosca enramada de la sombra.

Traigo y atraigo barcos, y ciudades,

ciertas aves, planetas…

 

Destruyo y formo el mundo.

Doy ángeles y bestias de mar a los poemas.

Inspiro: dicto el fuego.

Hago llover doncellas o palabras esbeltas.

Deshago a manotazos la tempestad y suelto

peces y alondras hacia el agua del día.

Busco a mis hijos desde aquel litoral

que desató mi cabellera de resplandores

sobre la fortaleza amarga del misterio.

 

Muevo mi alfarería de montañas,

de pájaros y bosques.

 

Sublevo los climas, las playas,

las lenguas, las banderas

de aquellos altos, tristes, bellos,

-también desamparados de su nombre-

pueblos resplandecientes.

Un día reducidos a las turbias

alquimias de lo humano salvaje:

 

No pudieron ser dioses.

No supieron ser hombres.

Esos pueblos se agitan

en los furtivos rostros

de mi oleaje,

en las nubes que pasan

y en las praderas

de silencio y prodigios

que en mis abismos

y en tu sueño fulguran.

 

Esos pueblos levantan

mi escritura de olas.

Claman, sueñan, lloran,

suenan, hablan, cuentan

lo que olvidan las piedras

lo que olvidan los hombres

lo que saben las algas

y la luz de la tierra.

 

Recuerda:

Soy el mar

que retorna

de ola en ola.

Y te advierte:

Para Vivir

en mi

revuelta

patria,

hijo mío,

hay que tener

agallas.

 

Me amarás:

Soy tu espejo.

Mira en mis aguas

los rostros

de tu alma.

 

Me amarás: Soy el mar.

Raúl Cáceres Carenzo

Continuará la próxima semana…

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