De la miel y las abejas – XXIII

By on junio 18, 2020

XXIII

XI SEMINARIO AMERICANO DE APICULTURA

Continuación…

Principales métodos para la conservación de las colmenas

Objetivos: Las colmenas representan la inversión más importante para la mayoría de los apicultores y, por estar hechas de madera, están expuestas al deterioro del medio ambiente que reduce su tiempo útil. A continuación, se describen algunos de los métodos más comúnmente utilizados para su conservación, y se discuten sus ventajas y desventajas, con base en información experimental de algunos autores y los resultados de su uso durante algunas décadas por varios apicultores y el autor M.V.Z. J. Antonio Zozaya Rubio.

Humedad: la madera a la intemperie absorbe agua cuando no está protegida contra la humedad y las lluvias; esto ocasiona que se hinche y deforme. Posteriormente, en tiempo seco pierde agua y se forman grietas que facilitan la penetración del agua más profundamente en las siguientes lluvias, provocando que las partes exteriores de la colmena se deterioren, hasta ser inservibles.

Hongos y bacterias: Existe gran número de microorganismos que se nutren de la madera muerta, especialmente si está húmeda. Su acción produce la desnutrición de las fibras que componen la madera, y la degradan hasta que se pudre completamente.

Insectos: Especialmente las llamadas “polillas de la madera” (termitas o comején), consumen la madera al construir galerías que terminan inutilizando el material de las colmenas, con mayor rapidez en regiones cálidas.

Entre las alternativas frecuentemente usadas para prevenir el deterioro de las colmenas se encuentran las siguientes:

Maderas resistentes: Desde el punto de vista técnico del cedro rojo, la caoba y varios tipos de maderas tropicales, resistentes al comején y a la polilla, a la humedad y los microorganismos, que se obtienen sobre todo a nivel local con diferentes nombres regionales, son la mejor alternativa para la conservación de las colmenas o partes de ellas; sin embargo, su alto costo en la mayor parte del país y en ocasiones la dureza para trabajarlas, su peso excesivo o la tendencia de algunas a rajarse, limita su empleo a pocas regiones en que se consigue a precios razonables. En el altiplano y norte del país, dentro del mismo tipo de madera, por ejemplo, la de pino, que cuenta con distintas calidades, se prefiere el resinoso como el Ocote; en cambio, el Oyamel es vidrioso y se pudre rápido. No deben olvidarse los aspectos básicos, como que la madera esté bien seca, derecha, de grosor adecuado y uniforme, ausencia de nudos “flojos”, etc. Las uniones y esquinas de los cubos se deterioran muy pronto; un detalle importante para impedir que con el tiempo se abran las uniones de las esquinas de los cubos y otras partes, es el uso de clavos largos (10 cm) y delgados. Complementariamente, pueden ser galvanizados, encementados o pueden también sumergirse en cera o parafina para retrasar su oxidación. Una buena opción es el uso de grapas cobrizas (largas), que se instalan con pistola de aire comprimido.

Pinturas: Se emplean para reducir la exposición de las partes exteriores de las colmenas a la lluvia y humedad. Generalmente se aplican sobre la madera bien seca. Se prefiere utilizar inicialmente el “primer”, seguido del “fondo” y dos capas de pintura. Sin embargo, los apicultores generalmente sólo aplican una primera capa de pintura diluida, para que penetre e impregne bien la madera y, una vez que seque, la segunda capa, más gruesa, sin diluir o sólo un poco, se aplica con brocha, rollo o pistola de aire. Las pinturas comúnmente usadas para las colmenas se pueden clasificar como:

“Vinílicas” – Son las de menor precio, tradicionalmente elaboradas con base de agua; se deben usar las llamadas para “exteriores”, pero su protección es limitada.

“De aceite” – También denominadas esmaltes, ya sean del tipo alquidálicas, acrílicas, etc., proporcionan buena protección y son las de mayor uso en México.

Las “de látex” – Son las más utilizadas por los apicultores estadounidenses, ya que permiten la salida de la humedad interior de las colmenas en tiempo muy frío, y evitan que se condense en la madera o la humedad, ocasión también que otros tipos de pintura se desprendan o se ampollen.

Las pinturas forman una película que sirve como barrera que protege en mayor o menor grado a la madera de la humedad. Sin embargo, no detienen a las termitas, también llamadas comejenes de la madera. Por lo tanto, no constituyen una buena alternativa para regiones en que estos son un problema y están presentes la mayor parte del país. A pesar de ello, es recomendable su empleo sobre madera resistente a las termitas o previamente tratada.

Tratamientos para las colmenas:

Tratamientos químicos – En México se dispone de varios productos muy efectivos para que, impregnados en la madera, le proporcionen una amplia protección contra la humedad, los hongos y las termitas. Sin embargo, varias substancias químicas disponibles comercialmente como protectoras de la madera presentan el problema de toxicidad para las abejas en diversos grados (como ejemplos esta la Creosota, el Pentaclorofenol, el T.B.T.O., Óxido de Tributil, etc.)

Normalmente, el apicultor no puede apreciar a simple vista el efecto nocivo de los productos tóxicos, debido a que las abejas no mueren rápidamente. El daño mayor consiste en que se acorta el tiempo de vida de las abejas, efecto que no puede evaluar el productor apícola, pero que ocasiona pérdidas importantes, ya que los últimos días de vida de las abejas pecoreadoras son los más productivos.

Entre las substancias que han probado ser seguras para las abejas, se ofrecen en el mercado nacional varios productos con principios activos de sales de cobre, las cuales son tóxicas para las termitas que las ingieren al consumir la madera junto con los hongos y bacterias que también se alimentan de ella, pero resultan inocuos para las abejas porque éstas no consumen la madera.

Los compuestos basados en sales de cobre que han sido probados exitosamente en colmenas en los E.U.A. son el Naftenato de Cobre (Cooper napththeenate), el cual se expande normalmente en solución concentrada al 8% y es de color verde, para mezclar con un 80% de thiner y aplicar a la madera por inmersión, remojo o con brocha, controla bien los hongos, pero no las termitas. También puede utilizarse el Quinolinolato de Cobre, que presenta menos riesgos, es menos efectivo para los hongos, pero muy eficiente contra el comején. Otro producto es el Cromato Ácido de Cobre, que se emplea en escala comercial con equipos para tratamiento bajo presión.

Es conveniente seguir las recomendaciones de aplicación del fabricante para que la madera quede bien tratada; a veces requiere días de inmersión, y en algunos productos es indispensable el uso de mascarilla contra polvos para cortar y trabajar la madera. Posteriormente se puede pintar.

Tratamientos con productos derivados del petróleo – Se utilizan varios de ellos, pero algunos producen vapores que también son tóxicos para las abejas, como por ejemplo el diésel, la gasolina, etc. En cambio, otros son inocuos para las abejas, como el grupo de parafinas, los aceites no volátiles como los automotrices, y en especial el económico “aceite quemado”, obtenido cuando se cambia el aceite de los motores.

Pruebas de campo efectuadas durante largos períodos de tiempo, 20, 30 o más años, en diferentes países y también en México, han demostrado que las parafinas impregnadas en la madera son útiles para protegerla de la humedad o de los hongos; sin embargo, no evitan la destrucción ocasionada por el comején, por lo que se recomiendan sólo para regiones en que éste no es un problema. Entre las parafinas comerciales se prefieren las de un punto de fusión superior a los 60°C, o la llamada cera microcristalina; las parafinas de fusión baja con el calor liberan aceites con el calor.

Es posible impregnar las colmenas con aceite quemado, preferentemente caliente para que esté más fluido y penetre mejor en la madera; es mejor por inmersión de varios minutos y, si no es posible, con brocha o rodillo. Después se deja por más de dos semanas al sol, se limpia el aceite sobrante con estopa o trapos, y se aplica pintura de esmalte (de aceite) en las caras externas. Con este procedimiento se protege el material en las caras externas contra la humedad, el comején y los hongos. También se pueden mezclar el aceite mineral quemado con el aceite de linaza o, en caso de no conseguirlo, con aceite de cocina. Algunos agregan un poco de diésel.

Otra alternativa es impregnar las colmenas con parafina diluida en caliente con petróleo o diésel, para que estos últimos actúen contra el comején. Considerando el efecto tóxico de estos líquidos sobre las abejas, en el caso de usarlo, previamente se debe dejar el material apícola expuesto al sol durante un mes o más, a fin de evitar que se evapore totalmente el diésel o el petróleo, para reducir su efecto tóxico antes de que estén en contacto con las abejas. Desde luego, con el tiempo, la apariencia de las colmenas no es agradable, pero se pueden pintar.

Tratamientos con productos vegetales – Uno de los productos naturales tradicionales es el aceite de linaza, que se aplica directamente sobre la madera, humedeciéndola, lo que la protege contra la humedad y los hongos, y permite fácilmente la aplicación de pintura de aceite sobre ella. Si no se encuentra disponible, se emplea aceite de cocina, preferentemente del poli-insaturado.

La brea, también llamada colofonia, es uno de los productos naturales más efectivos contras las termitas, y ayuda a controlar la humedad y los hongos. De hecho, en los árboles de pino tiene esta utilidad, pues la resina natural que secretan es tóxica para sus enemigos cuando la consumen.

Comercialmente, la resina de pino se industrializa para obtener el aguarrás y la brea, esta última se expende normalmente en sacos de papel grueso, como los utilizados para el cemento. La brea se encuentra en forma de bloc sólido que se rompe en trozos con hacha o martillo. Para su empleo, se funde en caliente dentro de un recipiente metálico al que se introducen los pisos, cubos de cámara de cría y alza, tapas interiores y exteriores para la mejor conservación de las colmenas. No hay diferencia en utilizar la calidad de brea más barata.

Se ha utilizado con muy buenos resultados una mezcla de parafina y brea en caliente para evitar el deterioro de las colmenas. La proporción depende de la región en donde se ubicarán los apiarios. Lo más común es usar una mezcla caliente para que licúe al 50%, con variantes. Si el problema más importante en la zona es la humedad, la cantidad de parafina debe ser mayor, por ejemplo 60% y solo 40% de brea. En cambio, si la región es seca, pero con problemas serios de comején se sugiere que la mezcla contenga un 70% de brea y solo el 30% de parafina. En estos casos, se calienta la mezcla entre 70 y 80°C, y el tratamiento dura unos cinco minutos.

Para obtener mejores resultados, la madera deberá encontrarse perfectamente seca para que penetre mejor la mezcla. Otra opción adicional es utilizar dos baños de inmersión, el primero a mayor temperatura para reducir la viscosidad y que la madera se impregne mejor durante más tiempo, y una segunda inmersión, con la mezcla menos caliente, con el fin de que quede una capa de brea y parafina sobre la superficie.

Durante el procedimiento, es muy importante que se tomen todas las precauciones necesarias para prevenir un posible incendio, que muy fácilmente puede ocurrir, ya que tanto la parafina como la brea son altamente inflamables. Entre las precauciones básicas están: no emplear leña ya que no permite regular fácilmente el fuego y las llamas pueden alcanzar y prender la brea con parafina fundida; tener a la mano una lámina plana, para tapar totalmente el recipiente y controlar el fuego. Además, este trabajo se debe realizar al aire libre, lejos de cualquier material inflamable.

Dependiendo de las condiciones locales, se recomienda que el material usado sea tratado periódicamente, por ejemplo, cada 3 a 6 años, para mantenerlo en buenas condiciones. Si se desea mayor protección, o una mejor presentación de las colmenas, se pueden cubrir las partes externas del equipo apícola con pinturas apropiadas con buena adherencia sobre parafina y brea, que pueden mejorar si se raspan con una carda anual o discos de carda. Otra opción es aplicar pintura acrílica con base en agua, inmediatamente después de la inmersión, cuando está blanda la mezcla, a fin de que se incorpore en ella.

Los métodos anteriores presentan el peligro de que, si arden las hierbas entre el apiario, fácilmente el fuego incendia a las colmenas, por lo que se recomienda mantener limpio de hierba y pasto seco el suelo del colmenar, y además tomar las precauciones necesarias para evitar y controlar incendios en el almacén del apicultor.

Ana María Aguiar de Peniche

Noé Antonio Peniche Patrón

Continuará la próxima semana…

Leave a Reply

Your email address will not be published.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.