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La Aventura Musical de Coki Navarro – XXXVIII

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XXXVIII

Continuación…

Vuelvo otra vez a visitar a mis amigos y admirados compositores de Santa Ana. Me acerco con cautela para saborear su “trova” y alimentar un poco mi alma. Pero sigo terco diciéndoles que hay que renovarse, hay que encontrar nuevos caminos, hay que hacer algo diferente. NO VEO PARA CUÁNDO ME HAGAN CASO. Unos, los menos, son los que comprenden mis expresiones, pero los más no. Bueno, pues si no hay argumentos para despertarlos (a los que están dormidos), pues tendré que hacérselos entender con hechos.

Haré que me escuchen y comprendan. Que entiendan que se puede imprimir un sello nuevo sin desvirtuar la esencia de la canción yucateca; les haré ver que así como Palmerín, Guty Cárdenas y Pepe Domínguez tenían su estilo y su identificación, nosotros también tenemos el recurso y la inspiración necesaria para imponer lo nuestro, sin pretender (NI SOÑARLO) bajar de sus altares a los CONSAGRADOS (conste que ahora lo escribo con mayúsculas y sin comillas), porque así siento que debo escribirlo.

Inútil, no puedo con los renuentes, con los que no quieren entender o no pueden asimilar, o no tienen la capacidad de crear algo nuevo. Los dejo en su cielo y yo me dedico a buscar un estilo que, sin romper con lo tradicional, sea fresco (AL CORRER DE LOS AÑOS, VARIOS DE LOS QUE OPUSIERON RESISTENCIA A MI MOVIMIENTO MUSICAL COMPRENDERÍAN MIS RAZONES… PERO… PERO… YA ES TARDE PARA ELLOS). No se dieron por enterados cuando casi me arrodillaba o algunas veces me exaltaba demasiado y terminábamos discutiendo por algo que sería beneficioso para nosotros, para todos ellos, y más para Yucatán.

Me cimbraba hasta lo más profundo de mi ser que derrocharan tanta inspiración, pero imitando a los creadores. No me molestaba que lo hicieran, no, lo que me desesperaba era que, teniendo tanto propio qué ofrecer, hicieran canciones que siendo lindas y bien armonizadas fueran aproximadamente una copia de los moldes antiguos. No es que sea innoble imitar pero ¿por qué hacerlo cuando se pueden aprovechar esas musas para tenerlas cautivas en otro harem?

Yo no les pedía que olvidáramos lo nuestro, nuestra valiosa herencia, nuestro mayor motivo de prestigio, no, no. Quería un lugar y un sitio para cada uno de los nuevos. SU LUGAR Y SU SITIO, su particular manera de identificarse entre los demás. ¿Era eso una profanación mía?… ¿Era acaso un sacrilegio? Si Palmerín era distinto a Guty, pero magníficos los dos, ¿por qué no ser nosotros distintos a ellos sin por eso ser traidores?

Así, con esas fiebres de innovación musical, incomprendidas de parte de algunos conservadores de hoy, que lamentablemente tampoco fueron revolucionarios de ayer, nació mi canción “DESPIERTA PALOMA”. Quise imprimirle armonías lozanas, palabras que, sin ser distintas, en cambio enlazaran buenas ideas novedosas al transformarse en verso. Cadencia diferente sin dejar de pertenecer a Yucatán. Algo original, formado con lo tanto nuestro que tenemos los yucatecos en el alma y nos escapa por los poros.

Así nació “Despierta Paloma”, y con esta canción nacía también el primer fruto de mi matrimonio. Me convertía en papá de una canción y de un niño al mismo tiempo, el mismo día: abril 11 de 1958. Mi canción nació en mi cuarto sin muebles y mi hijo en la Cruz Leonística.

No me di cuenta del crecimiento veloz de mi canción hasta que empezaron a cantarla mis jefes y compañeros militares. Ellos a su vez la habían aprendido de tanto escucharla en las serenatas de Mérida; se cantaba en sus calles, en sus bares, en las fiestas, a la novia, a la esposa, a las madres, a la Virgen… Era la canción de moda. Se prendió en el corazón de mis románticos paisanos y era solicitada por la gente que nos visitaba.

A propósito de esta canción, me acuerdo que primero compuse “Duerme Paloma”. Era en verdad muy complicada y la olvidé cuando el “Chispas” Padrón me dijo (y era cierto) que tenía corte cubano. La sepulté porque yo no quería que mis canciones tuvieran “corte” de nada ni de nadie. Deseaba algo mío, sólo mío, para que sirviera de ejemplo a los demás, de que sí se puede crear algo nuevo sin deformar nuestra imagen cancionera.

“Despierta Paloma” se convirtió en el tema de apertura de las serenatas. Se volvió el saludo para despertar a la persona amada. El maestro progreseño y guitarrista don Miguel Concha, quien tanto nos enseñó en nuestros años niños, me pronostica que ya puedo volar junto con “Despierta Paloma”, pues esa melodía será el primer peldaño seguro de mi escalera. Gracias, Miguel, por tu pronóstico y la paciencia que siempre tuviste conmigo cuando no “pescaba” las armonías que me indicabas.

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Crecieron con “Despierta Paloma” mis inquietudes de componer más canciones, pero la exigencia que pedía a los demás la tenía que aplicar conmigo mismo. No haría canciones nada más por el hecho de que podía rimar un verso… NO, NUNCA; NO HACER CANCIONES SIN SENTIDO.

He de inspirarme en la verdad que sienta mi alma y en el perfume de mi corazón. He de plasmar mis versos en comunión con mi guitarra. Así, compuse otra canción que fue recibida con cierto recelo por varios de los que a diario nos reuníamos a departir y compartir nuestra inspiración. Vi que no les gustó del todo a mis compañeros de mesa y copa: aún no les decía colegas. Unos me dicen que “Despierta Paloma” fue una casualidad y lo demostraba el hecho de que mi otra canción (MÁS ADELANTE HABLARÉ DE ELLA) no tenía el mismo ritmo ni la misma calidad. ¡Por amor a Dios! Si yo estaba tratando de hacerles ver que es ahí donde el compositor debe estimular su inspiración, ahí, entre varios ritmos y variados temas. INCONMOVIBLES unos, animándome otros. Pero, como la canción no tenía calidad, mejor que la olvidara, me aconsejaban. Acompañas bien, pero fue un milagro tu canción, así me decían tantas voces que casi llegaron a convencerme. Me sentía triste mas no derrotado. Triste porque, con admiración a los mismos con que convivía diariamente, no podía sacar a algunos de su claustro, ni hacerles ver que era necesario crear nuestra propia época, nuestra propia trova. Mi tercera canción, “Tendrá que suceder”, no tuvo la misma suerte que la “Paloma”, aunque ya algunos de los muy bohemios del grupo de compositores y troveros se inclinaban por reconocer que había que despertar de ese letargo melódico y poético en que nos encontrábamos.

Así, entre discusiones de todos y canciones nuevas de otros, dejaba pedazos del alma en las ventanas de Mérida.

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Por esas épocas recordé mi promesa hecha silenciosamente ante el cadáver del gran señor de la literatura, la palabra y el verso: Don Antonio Mediz Bolio, cuando le rendí mi respetuoso adiós en su hacienda Ochil. Surgen de mi alma y mi lira las notas de “El caminante”: El canto de la paloma es triste y agonizante, el X-tacay no se asoma, el X-pujuy vuela distante, todo es dolor en el trino, se está cerrando el camino, ya no pasa el caminante. Así, con esta primera parte de mi canción rindo mi homenaje a Don Antonio.

Esta canción se convierte de inmediato en el tema que cada año se interpretaba (en la hacienda donde vivió y murió Don Antonio) en homenaje a su obra. Algunos integrantes de la Típica Yukalpetén la cantaban, hasta que por obra y gracia de quién sabe qué “buen” y “bien” intencionado “personaje” fue eliminada. No sé en verdad quién o quienes, ni qué intereses mezquinos concurrieron para prohibir o simplemente no volver a incluir en el programa de la Típica, éste era mi sincero (sigue siendo) reconocimiento a la pluma poética de Don Antonio. ¿Será que la canción no reunía los elementos para elevarse hasta el gran amigo escritor?, ¿o es que por no ser una canción de algún compositor conocido no merecía seguir siendo cantada a esa digna memoria? ¿Qué historia y qué hilos se habrán movido para eliminarla? Me gustaría saberlo, aunque tengo la impresión de que no fueron circunstancias, sino coincidencias las que se movieron en contra de esa canción. El tiempo lo dirá… Lo dirá o lo diré yo en mi siguiente libro, y de verdad que tendré mucho qué contar en el próximo. (Referente a canciones, claro).

Coki Navarro

 Continuará la próxima semana…

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