La Violencia como Forma de Vida

By on marzo 30, 2017

La Violencia como Forma de Vida

«El primer humano que insultó a su enemigo en vez de tirarle una piedra fue el fundador de la civilización.»

 Sigmund Freud

Toda acción u omisión que intente hacer daño a otra persona se denomina como violencia.

Toda acción u omisión que intente hacer daño a otra persona se denomina como violencia.

En la vida diaria somos testigos de situaciones violentas: podemos presenciarlas en las noticias, en la calle, en la vida privada, escuelas o trabajo, y en ocasiones tendemos a normalizar este tipo de conductas al estar constantemente expuestos a ellas.

 La violencia es un comportamiento que es definido por Serrano como toda acción u omisión intencional que puede dañar, o daña, a terceros.

Agredir con el fin de dañar o poner en riesgo a una persona, animal o pertenencia es un hecho violento y puede estar motivado por diversos factores, tales como recurrir a ella cuando no se percibe a sí mismo con recursos positivos para resolver un conflicto. Por ejemplo, en una discusión vecinal, en vez de llegar a un acuerdo, una de las dos partes daña la propiedad del otro como resultado de una diferencia que pudo haberse solucionado sin llegar a ser violentos.

La sociedad se ha encargado de relacionar el éxito de ciertos estereotipos con la violencia como norma de vida, tal es el caso de algunos narcotraficantes y delincuentes.

La sociedad se ha encargado de relacionar el éxito de ciertos estereotipos con la violencia como norma de vida, tal es el caso de algunos narcotraficantes y delincuentes.

Otro de los motivos más comunes por los que una persona recurre a la violencia es alcanzar un cierto protagonismo social, no percibiendo una mejor manera para obtenerlo. En este caso, la sociedad participa alentando e idealizando al agresor. Podemos darnos cuenta cuando en las noticias algún narcotraficante o criminal de otro tipo es identificado como una celebridad, considerando sus actos violentos como una especie de talento a ser reconocido.

¿La agresividad es necesariamente una manifestación de violencia?

En el mundo natural podemos ubicar comportamientos agresivos que no necesariamente se cometen con el fin de lastimar a alguien. La Neuropsicóloga Ostrosky, en sus investigaciones de comportamiento criminal, ubica el término Agresión Positiva, y lo define como una “reacción espontánea y breve para protegernos de algún peligro que nos acecha.»

No todo comportamiento agresivo es con el fin de lastimar. Se conoce como “Agresión Positiva” a la respuesta natural que tiene una persona para protegerse de algún peligro.

No todo comportamiento agresivo es con el fin de lastimar. Se conoce como “Agresión Positiva” a la respuesta natural que tiene una persona para protegerse de algún peligro.

Este tipo de respuesta cumple una función biológica y evolutiva: defendernos utilizando empujones o golpes para evitar ser víctima de un crimen es un ejemplo de la utilidad de la agresión en el comportamiento humano. Quien no posea este tipo de agresividad puede ubicarse en un papel de sumisión, y ser víctima fácil para cualquier persona que tenga malas intenciones.

La Escalera de la Violencia

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Esta dinámica se describe con la metáfora de una escalera.

Imaginemos que cada comportamiento violento ocupa un escalón que va incrementando su destrucción. Si en una familia observamos el primer generador de violencia, o “primer escalón”, podemos observar cómo la agresión negativa se da en el pilar fundamental de este organismo que es la pareja. Una fuente semioculta de violencia se produce en el último lugar donde debería esperarse: en los noviazgos y otras relaciones de pareja.

Las relaciones de pareja, contra todo lo que debería ser, son propensas a presentar alguna manifestación violente entre sus integrantes.

Las relaciones de pareja, contra todo lo que debería ser, son propensas a presentar alguna manifestación violente entre sus integrantes.

Una relación tóxica en los padres se puede manifestar en varias áreas:

  • Física
  • Psicológica
  • Sexual
  • Económica

Si cualquiera de estas áreas se lleva a cabo de manera violenta repercute en el siguiente escalón, que es la calidad de relación con los hijos.

Según la UNICEF el 25% de los adultos ha manifestado haber sufrido algún tipo de maltrato físico en la infancia.

Según la UNICEF el 25% de los adultos ha manifestado haber sufrido algún tipo de maltrato físico en la infancia.

Según estadísticas de la UNICEF, una cuarta parte de todos los adultos manifiesta haber sufrido maltratos físicos cuando niños. Una de cada 5 mujeres, y uno de cada 13 hombres declara haber sufrido abusos sexuales en la infancia.

Tener una violenta relación de pareja genera estrés, y los padres suelen desquitarse consciente o inconscientemente con los hijos, abusando de la indefensión que un niño tiene por naturaleza.

Es muy común que, en una relación tóxica de pareja, la violencia y abuso sean canalizados hacia los hijos.

Es muy común que, en una relación tóxica de pareja, la violencia y abuso sean canalizados hacia los hijos.

La violencia hacia los hijos se manifiesta en las mismas áreas que en la pareja, considerando que comportamientos negligentes como la privación a las necesidades básicas del menor y la sobreingesta también son comportamientos destructivos.

Cuando un niño es víctima de una familia tóxica, suele representar esta dinámica en otros escenarios, como en la escuela, donde puede involucrarse fácilmente en un papel de víctima o de agresor en el bullying, así como desquitarse con cualquier persona o animal que perciba más débil.

Un niño que vive en una familia tóxica tenderá a repetir las conductas vistas en otros escenarios, como en la escuela a través del bullying.

Un niño que vive en una familia tóxica tenderá a repetir las conductas vistas en otros escenarios, como en la escuela a través del bullying.

Tercer escalón de la violencia

El maltrato animal suele estar presente en una familia violenta. No es raro ver que uno de los padres, y los hijos, se desquite con el animal doméstico de la familia. Este comportamiento es un rasgo sádico que en ocasiones puede pasar desapercibido para muchas personas, sin olvidar que todos los asesinos seriales tienen en su historia haber empezado sus crímenes practicando con animales.

El maltrato animal es otro de los focos rojos al diagnosticar conductas violentas, es común que los integrantes de una familia o relación tóxica se desquiten con la mascota de la casa.

El maltrato animal es otro de los focos rojos al diagnosticar conductas violentas; es común que los integrantes de una familia o relación tóxica se desquiten con la mascota de la casa.

El maltrato incluye todos los comportamientos que causan dolor innecesario, sufrimiento o estrés al animal. Van desde la negligencia en los cuidados básicos, hasta el asesinato malicioso e intencional.

Tres factores para la construcción de un criminal:

  • Ambiente social de riesgo: Pueden tener un contexto lleno de violencia, drogas, prostitución, pandillas, excesos, pobreza o falta de valores que favorezcan los comportamientos delictivos.
  • Historia familiar de riesgo: En la familia se presentan situaciones de abuso o maltrato, ya sea físico o psicológico.
  • Genética: Tener antecedentes familiares de psicopatías mentales hace aún más probable heredar características de temperamento violento o trastornos mentales.
Los patrones tienden a ser repetitivos, una persona que ha crecido rodeada de violencia seguramente repetirá las misas actitudes negativas, pasa de ser víctima a victimario.

Los patrones tienden a ser repetitivos: una persona que ha crecido rodeada de violencia seguramente repetirá las misas actitudes negativas, pasa de ser víctima a victimario.

Una persona que creció en un ambiente violento es propensa a repetir los patrones negativos, ya sea como víctima o victimario.

Como sociedad, debemos estar atentos y evitar enaltecer, o identificarnos, con personas con conductas destructivas, y empezar a tomar en cuenta los verdaderos talentos como la ciencia, el deporte o el arte, cuyo fin es construir y no transformar a personas violentas en celebridades, cuando en realidad muchas de ellas deben ser sancionadas y obligadas a participar positivamente en la sociedad.

Psicóloga Jimena Báez

Psicología Clínica/Arteterapeuta

Facebook: @PsicJimenabaez

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