La gloria de la raza – XIII

By on octubre 22, 2020

XIII

Competencia laboral

El motivo que desencadenó la introducción de chinos a los países americanos fue la necesidad de ocuparlos en labores productivas. El proceso de expansión económica que se manifestó con vigor durante el siglo XIX indujo a los propietarios de grandes extensiones de tierra dedicadas a la agricultura comercial a buscar una mayor cantidad de peones con los que pudieran obtener abundantes cosechas.

Por supuesto, en países como México los trabajadores foráneos también fueron empleados en otras actividades, como las que reclamaba la naciente industria fabril y la red de comunicaciones terrestres asociada con ella. A pesar de las suspicacias que los inmigrantes asiáticos llegaron a inspirar, y a juzgar por su incorporación a la vida laboral en otras naciones, su presencia en nuestras tierras no tardó en hacerse efectiva.

La polémica periodística que la inmigración china produjo en México alcanzó a los ámbitos diplomáticos en la medida en que se divulgaron algunos informes suscritos por representantes oficiales de Cuba, país que, por disponer de trabajadores de procedencia asiática desde antes de 1850, podía ofrecer valiosas enseñanzas.

Manuel Zapata Vera, cónsul de México en La Habana, expresó en 1882 que, en la isla antillana, los jornaleros africanos y los asiáticos eran los más indicados para hacer frente a los rigores del clima y a las exigencias que imponía el sistema de plantaciones de caña de azúcar. Afirmó también que, entre unos y otros, era preferible la fuerza de trabajo de los segundos ya que “por su índole moral” eran menos propensos a intervenir en hechos violentos.

En el mismo año, el Boletín Comercial de La Habana comentó el informe rendido por el vicecónsul de Estados Unidos en Sagua, en el que exaltó el trabajo agrícola de los chinos en Cuba, a su juicio superior al de los africanos. Uno de los lectores remitió una carta a la revista en la que manifestó una opinión contraria. Reconoció que los chinos lograban mejor desempeño en algunas actividades, pero sólo con un efecto muy limitado. En cambio, emplazó al diplomático a que diese a conocer los nombres de los terratenientes que coincidieran con su apreciación. La vehemencia con que mostró su desacuerdo revela la importancia que concedía un factor decisivo en la defensa de los intereses de la clase social a que seguramente pertenecía.

Una década después, al consumarse el traslado de chinos contratados para trabajar en Yucatán, los propietarios de algunas haciendas hicieron público su beneplácito por las aptitudes que los recién llegados demostraron en el corte de hojas de henequén. Las cifras que se divulgaron sobe las pencas colectadas se acompañaban de entusiasmo tal que hacía olvidar la abultada lista de inconvenientes que muchos periodistas habían confeccionado desde años atrás. La competencia de los chinos para las actividades agrícolas tenía sin duda una base objetiva fincada en sus orígenes campesinos. No solo el agave, sino otras especies de relativo valor comercial, dieron pie a la demanda de mano de obra asiática en el estado.

José Juan Cervera

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“Colonización”, El Eco del Comercio, Mérida, año II, núm. 235, 15 de abril de 1882, p. 2-3.

“El chino y el africano como trabajadores de campo”, La Revista de Mérida, año XIII, núm. 137, 21 de junio de 1882. p. 1.

“Sobre los chinos”, El Eco del Comercio, Mérida, año XIII, núm. 1255, 23 de enero de 1892, p. 3.

“Los chinos”, El Eco del Comercio, Mérida, año XIII, núm. 1278, 12 de abril de 1892. P. 2.

“Chinos. Chinos. Chinos”, El Peninsular, Mérida, año III, núm. 867, 19 de diciembre de 1906, p. 3.

Continuará la próxima semana…

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