Visitas: 2
Educación Maya

XII
COSMOLOGÍA

La complacencia del padre Las Casas ante el panorama de la región de los altiplanos del área maya, poseedora de la más rica variedad concebible en plantas y animales, expresada en su literatura48, no menoscaba la satisfacción que en el ánimo de Fray Diego de Landa produjo la región más seca de Yucatán donde le correspondió actuar, pues a pesar de que entre sus párrafos más celebrados dijera: «Yucatán es una tierra la de menos tierra que yo he visto, porque toda ella es una viva laja», aclara después admirado: «Todo lo que en ella hay y se da, se da mejor y más abundantemente entre las piedras que en la tierra, porque sobre la tierra que acierta a haber en algunas partes ni se dan árboles ni los hay, ni los indios en él siembran sus simientes, ni hay sino yerbas; y entre las piedras y sobre ellas siembran y se dan todas sus semilla y se crían todos los árboles, y algunos tan grandes y hermosos que maravilla son de ver; la causa de esto creo que es haber más humedad y conservarse más en las piedras que en la tierra»49. Enriquece su descripción con las referencias a cenotes, lagunas, salinas, litorales con abundante pesca, colmenas proveedoras de cera y miel. De su admiración a la flora, trataremos en el apartado de Agricultura.
El área maya fue de una espléndida naturaleza, y ello mucho habrá tenido que ver con su cosmología que unió cielo, tierra y mundo subterráneo, concepto holístico que además enlazaba el tiempo en un devenir cíclico que no rompía con el pasado, sino, conscientemente, lo continuaba y creía vislumbrar el porvenir.
El sol no sólo le dio al maya, a perfección, la medida del tiempo, sino le proporcionó una imagen del mundo en la que tuvieron cabida extraordinarios mitos y fábulas.
El amanecer era la salida del sol del inframundo para iniciar el recorrido por el cielo, que terminaba cuando, en el ocaso, volvía al Xibalbá, donde hacía su recorrido subterráneo. El sol giraba así alrededor de la tierra, especie de plancha rectangular, a manera de enorme reptil –para algunos, cocodrilo–, que flotaba en el agua entre el cielo y el inframundo, con los cuales constituía los tres niveles de que constaba el universo.
El cielo, a su vez, tenía trece estratos, morada de los Oxlajuntikú –trece dioses en uno–; y el inframundo disponía de nueve estratos donde residían los Bolontikú ––nueve dioses en uno. En el universo se consideraban además cuatro rumbos a los que correspondía un color: el oriente, rojo, el poniente, negro; el norte, blanco y el sur, amarillo. El centro del mundo correspondía al quinto rumbo, lugar de la ceiba madre o sagrada, yaxché, cuyo color era el verde. En los extremos de la tierra había un dios, los bacabes, que sostenían el cielo, cada uno con una ceiba a su lado del color correspondiente al rumbo, y un pájaro encima del mismo color. La ceiba madre elevaba sus ramas hasta el cielo, y sus raíces se internaban a las profundidades del Xibalbá. Su pájaro era la guacamaya.
Tanto los estratos terrestres como los subterráneos estaban configurados por escalones. Los escalones del cielo eran seis y subían desde el horizonte oriental hasta el cenit (el séptimo escalón), y de ahí bajaban otros seis escalones hacia el horizonte occidental, constituyendo así los trece estratos. De manera semejante ocurría en el inframundo, sólo que los escalones eran cuatro y se bajaban a partir del occidente.
Las creencias en cuanto a los lugares de reposo después de la muerte, y los merecimientos para llegar a ellos eran variados. En el Xibalbá no todos ocupaban el mismo sitio. El lugar ideal donde se descansaba para siempre, a la sombra del yaxché (ceiba madre), era para quienes morían sacrificados, en batalla, los sacerdotes, gobernantes y las mujeres que fallecían de parto; también era el lugar de quienes se suicidaban por ahorcamiento, pues disponían de la diosa de la horca, llamada Ixtab.
Las representaciones plásticas cosmológicas del área maya son numerosas, y muchas de ellas de gran belleza arquitectónica y escultórica. Mercedes de la Garza analiza y hace comparaciones del contenido de ellas que claramente son reproducciones de lo que los mitos expresan, imágenes que también suelen encontrarse en los códices, significativas coincidencias.
Entre los monumentos de profundo significado cosmológico que menciona esta autora, descuellan el Templo de la Cruz y el Templo de las Inscripciones de Palenque. El primero es una impresionante conjunción de símbolos para representar la pirámide celeste, y la segunda. representación del inframundo que en su interior guarda la sepultura del gobernante Hanab Pakal.
Otras imágenes cosmológicas monumentales notables son: el Templo I de Tikal, el Templo del Búho en Dzibanché, Campeche, el Castillo de Chichén Itzá, la fachada del Templo de Copán, la Acrópolis de Toniná, y muchas más de menor suntuosidad. Pero en general, en la arquitectura se manifiesta la cosmología, principalmente en las innumerables pirámides, representaciones de las montañas sagradas cuyas cúspides simbolizan el cielo; y la veneración a las cavernas y construcciones que simbolizan la entrada al inframundo. La cuadruplicidad es muy considerada en las plazas de las comunidades, en las habitaciones, en el trazo de las milpas.
La cosmología fue así, en la ciudad y en el campo, elemento educativo que dio sentido de orientación, modo eficaz de conducción desde la niñez.
___________________________
48 Casas, 1988.
49 Casas, 1986:130.
Candelaria Souza de Fernández
Continuará la próxima semana…





























