Historia de un lunes – XVII

By on mayo 28, 2020

XVII

ALGUNAS PALABRAS SOBRE LA LITERATURA ACTUAL EN YUCATÁN (*)

Hablando a la letra, descreo de un verdadero movimiento literario que se esté gestando en el Yucatán contemporáneo. A otros tiempos corresponden, por ejemplo, el “grupo del Parque Hidalgo” (que vio crecer a López Méndez y a López Trujillo), el “grupo Ochil” (Jóvenes poetas y narradores en torno a Mediz Bolio) y los chicos audaces de “Voces Verdes” (remember Cervera Espejo, Cicero McKinney y Raúl Renán) que publicaron una revista por los años cincuenta. Podríamos también memorar al grupo “Platero”, de hace quince años.

Con todo, es preciso reconocer la existencia (y muy viva) de figuras aisladas, ajenas a un contexto aglutinador, que juegan un papel trascendente en la literatura que se practica hoy en Yucatán. Alguna vez he mencionado el hecho de que hay dos manifiestas vertientes de escritores yucatecos: aquéllos que viven en la capital de la República y los que permanecieron en Yucatán. Por razones del centralismo agobiador, los primeros han obtenido créditos nacionales. Quienes fueron leales a su provincia apenas si son reconocidos en la Península, a pesar de alegar talento y esfuerzo.

De los poetas y narradores yucatecos contemporáneos tomaré apenas los nombres esenciales para integrar este catálogo.

La joven poesía en Yucatán alega solitarios paradigmas. En realidad, son muchos quienes pretenden escribir poesía, quienes atiborran a mansalva las receptivas páginas de los dominicales suplementos culturales con evidencias de “anti-arte poética”. Algunos se salvan de ese caos. A continuación, citaré ciertos nombres que representan a satisfacción la satisfacción de poesía que se practica hoy en Yucatán. No dependeré de algún orden de cronología o de calidad. Los nombro de memoria:

Roger Campos, autor de un bello volumen de versos titulado “Los orígenes del fuego” (1981). De entonces a acá, ha continuado creando en la soledad de su soledad (Roger es un hombre solitario). Entiendo que posee material como para dos libros más.

Francisco López Cervantes: toda (o casi toda) su poesía se encuentra recogida en la revista “Platero” que él mismo dirigió al promediar los años sesenta y en un libro colectivo publicado bajo el nombre de “Identidad provisional” (1981). Es lamentable que sus ineludibles ocupaciones burocráticas le hayan restado tiempo para incrementar su producción.

Raúl Cáceres Carenzo es uno de los literatos más completos de Yucatán. Buena parte de su vida la ha pasado en México, en Toluca. Como poeta ha publicado “Sueña el mar que es fuego” (Universidad Autónoma del Estado de Mérida, 1981), “Lectura de sombras” (Ayuntamiento de Mérida, 1986) “Elegía por las ciudades mayas” (1981), y su mejor poemario, a mi juicio, “Para decir la noche” (UNAM, 1973). Acaba de escribir un drama sobre Jacinto Canek que habrá de estrenarse en noviembre.

Juan Duch Gary ha sido también víctima de las urgencias burocráticas, pero se ha dado tiempo para emitir su “Diagonal de sombras” (1983), eficaz muestrario de su esfuerzo lírico. También publicó, en colaboración con López Cervantes, González Acereto, Reyes Ramírez, Luis Ramírez Carrillo y Humberto Repetto, el volumen “Identidad provisional”.

Beatriz Rodríguez Guillermo ha venido escribiendo poesía desde hace algunos años. Sobreponiéndose a su laboriosa tarea pedagógica (es maestra), ha logrado publicar varios títulos, entre ellos “En tonos diferentes”. Experimenta un enriquecedor período de transición.

Francisco Lope Ávila es un creador multifacético: aparte de sus tareas rutinarias, hace crítica literaria, cuento y poesía. Recuerdo su primer libro publicado “Siete poetas jóvenes de Yucatán”, un colectivo que data de 1979. Allí comparte honores con Roger Campos y otros poetas menos destacados. Creo que algún día Lope Ávila escribirá la verdadera historia de la literatura yucateca.

Otro joven poeta de talento es Rubén Reyes Ramírez. Hombre de su tiempo, asume su compromiso en lo social y en lo literario. Como creador, posee lo que Borges llama “Fe poética”. Por 1986 aparece su “Pequeño brindis por el día”, que contiene lo mejor de la producción de Reyes Ramírez.

Por último, quiero mencionar a dos poetas distanciados de las actuales generaciones, pero que de algún modo comparten con ellas el apasionado interés por la poesía: Fernando Espejo (residente de la capital del país) y Roger Cicero, acaso los más importantes poetas yucatecos a partir de la muerte de Carlos Moreno Medina. En “La flauta y el caracol”, Espejo recorre lo más valioso de su producción. Cicero ha publicado varios volúmenes de excelente poesía: “Poemas de tierra y sangre”, “Antes del Hombre el paraíso”, “Sonetos y reflexiones después de la lluvia”, etc.

La narrativa yucateca posee un representante nacional; Joaquín Bestard, quien ha publicado unas diez novelas y diversos volúmenes de cuentos. Consigno, para muestra, los títulos “Los tiempos dorados de Tránsito”, “Viejo cocodrilo, ¡llora!”, “La calle que todos olvidan” (acreditada con un premio nacional), “Sol de la guacamaya de fuego”, “Neurosis”, “El tambor de los desahuciados”; etc. Una de las constantes de Bestard reside en su honda preocupación del lenguaje, elemento que domina magistralmente.

Aparte Bestard, es preciso citar en esta breve relación a Jorge González Acereto, quien en 1984 publicó “Paisaje de hierro”, libro prolongado por Juan Duch Gary (se trata de cuentos bien logrados); Guadalupe Bello, autora de “Alumbramiento”, un tierno libro de relatos (1978). Roger Manzanilla Cáceres, quien hacia 1972, produjo un memorable volumen de cuentos llamado “La búsqueda”. Lamentablemente, Manzanilla no ha vuelto a escribir, que yo sepa. Prosigo con la mención de dos distinguidos narradores residentes del D.F.: Raúl Renán (González), producto de aquel famoso grupo de “Voces Verdes” ya mencionado y Agustín Monsreal.

Raúl Renán ha publicado, entre otros títulos, “La Gramática fantástica” (obra colmada de ingenioso humor) y “Los niños de San Sebastián”, haz de narraciones regionales fruto de los años juveniles de autor. Monsreal ha incursionado en la novela (“Los ángeles enfermos” y “Punto de fuga”) y el relato con relativo éxito.

Narradores más recientes y con producciones que merecen ser analizadas por sus ideas y su calidad son: Jorge Pech Casanova (poeta, traductor, relatos) cuyos cuentos han obtenido premios. Todavía no publica su primer libro, pero estoy cierto que cuenta con material suficiente para ello. Prosigo con Carolina Luna, desinhibida narradora de hondo espíritu sensual. Un erotismo natural deambula por cada una de sus líneas. Víctor Garduño posee relatos que encajan dentro de lo psicológico. Hace algunas semanas obtuvo una mención por uno de sus cuentos en un certamen regional de narrativa. Tanto Pech Casanova, como Carolina Luna y Víctor Garduño, pertenecen al Taller Literario de la Universidad Autónoma de Yucatán, taller que conduce Joaquín Bestard, y colaboran en la sugestiva revista de ese taller.

Por último, deseo citar a otro joven narrador llamado Jorge Mijangos, emanado del taller del Centro Estatal de Bellas Artes donde mostró notables dotes para el relato. Sus cuentos han aparecido en periódicos locales y en una revista literaria llamada “Arcana”, de 1987.

Clausuro estas líneas con la cita de algunas revistas literarias contemporáneas de Yucatán; son todas de los años ochenta: “Páginas” del Instituto de Cultura de Yucatán. Coordinada por Francisco López Cervantes y Roger Campos Munguía. Se publicaron cinco números (hasta 1987). “Contraseña”, auspiciada por el CREA y otras instituciones. La coordinan Javier España y Jorge Pech Casanova (prosigue publicándose). “Arcana”, coordinada por dos alumnos egresados de Taller de Literatura del Centro Estatal de Bellas Artes que dirige Raúl Cáceres Carenzo y quien esto escribe. He aquí sus nombres: Gerardo Pérez Ávila y Rodolfo Fonseca López. Hasta el momento, sólo ha visto la luz pública un solitario número. Por último, los “Cuadernos del Taller Literario” de la Universidad Autónoma de Yucatán, bajo la coordinación de Joaquín Bestard. Colaboran en la Revista Carolina Luna, Jorge Pech Casanova, Víctor Garduño y Jorge Lara. Han sido publicadas hasta el momento cinco entregas.

(Bacalar, Quintana Roo 13 de agosto de 1986)

(*) Trabajo leído en Bacalar, Quintana Roo

Roldán Peniche Barrera

Continuará la próxima semana…

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