Visitas: 28

VI
A cada quien un madrigal quisiera
escribir, que dijera sus encantos;
y serían las gemas de mis cantos,
llenos de luz, calor y primavera.
La de mano de nieve ¡Oh! ¿Cuál era?
Ojos claros, serenos… ¡Eran tantos,
que no acierto a pensar siquiera cuántos
fueran los madrigales que yo hiciera!
¡Tonto querer hacer lo que Dios hizo!
¿Pues no hay un madrigal en cada hechizo
que a todas dio, sublimes y a raudales?
Yo os miro como sois, y en un minuto,
la sabia obra de Dios honro y disfruto
con tan bellos y tiernos madrigales.
Alfredo Aguilar Alfaro
Continuará la próxima semana…





























