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Poner el ejemplo, ser ejemplo

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Adán Echeverría

«Uno siempre tiene que luchar

para no dejarse aplastar por la tribu«

Friedrich Nietzsche

“Yo no quiero ser ejemplo de nadie”. Reflexionemos esta oración. Ser ejemplo para alguien evidentemente representa una gran responsabilidad que no todos están dispuestos a asumir. En ella se aplica la Tragedia del Guardameta: el guardameta es, dentro de un equipo de soccer, el único de los once jugadores que puede tomar la pelota con las manos; su labor es impedir que el otro equipo introduzca la pelota en su portería. El guardameta puede tener una maravillosa temporada, hacer atajadas increíbles, mostrar tales reflejos que lo sitúen como uno de los más grades atletas, y conducir a su equipo a pelear por el campeonato en el partido final. Pero si ahí, en el partido más importante, comete un error, y su equipo pierde, entonces todo lo hecho durante la temporada ya no importará; sus compañeros, sus directivos, la afición misma que lo tenía como héroe, ahora lo insultará, le gritará en la cara que es torpe, que por su culpa se perdió el campeonato, y jamás dejarán de recordárselo. Esa es la Tragedia del Guardameta. Pasarse la vida haciendo cosas buenas, para en un momento cometer un error fatal y, a partir de él, así es como siempre se le recordará.

El ser humano tiene una extraña fascinación tanto por la derrota del otro, por la burla y el escarnio sobre el derrotado, como la tiene sobre lo poco estético, según los cánones dictados por las altas sociedades: la belleza según el color de piel, la forma de hablar, la religión que se profesa, incluso el odio a la opulencia de algunos cuantos.

Entonces ocurren los juicios sociales del estilo: No puedes ser guapo e inteligente; No puedes ser atlético y tímido; No puedes ser Millonario y además Buena Persona. La sociedad no puede tolerar los extremos y por eso crea absurdos como “La suerte de la fea, la bonita la desea”; establece visiones dualistas, dualidades para sus críticas: es bueno o malo, no hay puntos medios, no hay cambios de visiones. No puedes ser bonita, con un cuerpo maravilloso, y además ser buena gente, ser muy capaz, ser muy inteligente.

En esa forma de medir a las personas siempre se aplican los constructos sociales, el juicio de las masas. No importa todas las alegrías que a algunos les diera Messi durante tantos años de carrera, si al final de su vida como futbolista la masa se entera de su apoyo a Trump o al Lobby de Israel que controla a los gringos. Solamente por eso se le recordará y entonces terminarán odiándolo.

La Tragedia del Guardameta se mantiene ahí, siempre presente. La sociedad siempre está al acecho para saltar sobre todo aquel “puro” que se equivoca y, sumidos en la Cultura de la Cancelación, sufrir el entusiasmo negativo de la masa.

Lo mismo ocurre en los Partidos Políticos, que son instituciones humanas. Los humanos somos demasiado vanos para impedir la repetición de actos y actitudes similares. Ningún partido quiere ser el ejemplo para los demás partidos. Es demasiada responsabilidad. Saben lo que está mal en el otro partido, pueden verlo y son expertos en señalarlo; pero no quieren el cambio en el interior del partido mismo. Tratan de hacer cosas buenas, pero saben que, al momento de dudar, de cometer un error, serán arrasados por la crítica, por la masa, y esas críticas comunitarias comprometen las economías del partido y las de quienes lo conforman: al perder seguidores, pierden votos, elecciones, gobiernos, la gente terminaría por abandonarlos.

Por eso MORENA no quiere ser ejemplo para los demás partidos. Le basta con mostrar lo mal que están los otros y que sean ellos los que se arruinen solos.

El caso Sergio Mayer lo evidencia y nos lo deja claro. El sujeto pide licencia, la masa lo enjuicia, lo condena y, desde la Comisión de Honestidad y Justicia, se elabora un documento donde se aclara que suspenderán sus derechos dentro del partido por haber violado tal y cual artículo de los lineamientos éticos y cualquier cosa.

Lo cierto es que Sergio Mayer, hoy, está de nuevo en su curul, de nuevo en la bancada de MORENA, de nuevo cobrando dinero a raudales. ¿Dónde la sanción? ¿Cuál es el aprendizaje? “Claro que lo volveré a hacer,” señala Mayer ante una posible nueva licencia.

Pero no solo es Mayer, son todos los plurinominales de MORENA quienes, como Mayer, se ausentaron a la hora de la verdad, e incluso votaron en contra de la iniciativa de Reforma Electoral recientemente rechazada en el pleno.

Ahora se ha presentado el llamado «Plan B» de la Reforma Electoral, centrada en la austeridad republicana y en la reducción de gastos operativos en los niveles estatal y municipal. Trae ideas interesantes, como que ningún funcionario del INE, tribunales locales u organismos públicos locales (OPLES) perciba salarios mayores al de la persona titular de la Presidencia de la República; se establece un límite al número de regidores en los Ayuntamientos, señalando un máximo entre 7 y 15, dependiendo de la población; que reducir el aparato administrativo municipal, permitiendo únicamente una sindicatura por municipio, justo ahora que se plantea un tope presupuestal para el funcionamiento de los congresos de los estados a un máximo del 0.70% del presupuesto estatal total; intenta obligar a que todos los gastos y aportaciones a campañas se realicen mediante el sistema bancario, para facilitar la rastreabilidad; que se prohíba el uso de dinero en efectivo para las campañas electorales con el fin de evitar el ingreso de recursos de procedencia ilícita o no comprobable; se otorgan facultades al INE para un acceso más oportuno y directo a las operaciones financieras de partidos y candidatos.

Ya se están dejando escuchar voces que, desde MORENA, han aclarado que no están de acuerdo con las propuestas de la Presidenta. Simplemente han decidido no hacer los cabildeos necesarios para volverla una realidad, tratando de convencer a sus pares, los opositores, uno por uno, rehusando incluso el debate público con los demás partidos políticos, simplemente guardando silencio.

No buscan ser ejemplo de congruencia ante la sociedad sobre la “austeridad republicana”, sobre la “pobreza franciscana”. ¿Para qué? Si tan lindo es presumir que se tiene mucho dinero. Lo hemos visto en los youtubers que dicen apoyar la Cuarta Transformación: Páez Varela y la compra de un edificio histórico en la CDMX; Pedrero presumiendo el estreno de su nuevo estudio; Poncho Gutiérrez quejándose de la crítica por la compra de su nuevo departamento.

Los de MORENA hoy saben que les es mejor pasar desapercibidos. Tienen miedo a equivocarse si apoyan el Plan B, pero no porque les importe quedar mal ante el pueblo, equivocarse frente a quienes votaron por ellos. Eso no les quita el sueño. Lo que en verdad les preocupa es equivocarse frente a los poderes fácticos, que de nueva cuenta parece han logrado doblegarlos.

¿Existen senadores de MORENA plenamente convencidos de los ideales de Claudia Sheinbaum, de los ideales de la Cuarta Transformación? Estamos por verlo.

Ellos, los senadores y diputados de MORENA, no quieren ser ejemplo de congruencia con el pueblo. Es demasiada responsabilidad, y lo saben. Así como tampoco se volverán detractores de estas reformas, es claro que no quieren ser quienes la impulsen. Permanecen estáticos, dejando que el tiempo y la inercia haga lo que tenga que hacer con la Reforma.

Recuerda, querido lector, que “Dinero mata ideal”.

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