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Editorial

Los seres humanos recogemos ahora nuevos frutos amargos de nuestros abusos contra la Naturaleza.
No otra cosa es la actual viruela del mono, llamada así por la similitud de sus síntomas y daños a la piel que afectan a los seres más similares a los seres humanos: los primates, denominados también como antropoides por su apariencia cercana a los humanos y por su inteligencia para sobrevivir en los medios físicos y naturales que ponen a prueba sus capacidades de adaptación como hábitat y sitios de reproducción.
Nos decimos la generación más avanzada en la civilización humana, blasonamos y nos enorgullecemos de viajar y conquistar el espacio; pero, aun con todas las experiencias acumuladas de la evolución del género humano, no hemos aprendido la lección primera de la Madre Naturaleza: vivir y convivir.
La prevalencia de una población sobre otra ha sido la constante desde la Edad de las Cavernas.
Los seres humanos hemos sido dotados de inteligencia, pero no la hemos aprovechado cabalmente sino arbitrariamente; sí, al arbitrio de los líderes mundiales y sociales.
La pandemia presente nos obliga a la introspección.
Hemos contaminado la tierra, las aguas, el aire, los espacios de convivencia humana.
¿No es el momento de reflexionar sobre este futuro sinuoso que nos espera?





























