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V
Plumas autorizadas
Durante el siglo XIX, la conveniencia de atraer colonos y trabajadores a nuestro país constituyó una preocupación constante entre los sectores más proclives a beneficiarse del crecimiento económico. Cuando estas ideas eran suscritas por intelectuales de prestigio, se transformaban en argumentos de gran solidez, sustentados en información abundante que defendían.
En consecuencia con el espíritu de la época, la letra impresa representó un medio adecuado para la transmisión de esas nociones, lo mismo en su versión minuciosa y reposada que encarnó en los libros como en la más inmediata que halló un espacio idóneo en las publicaciones periódicas. De este escenario provienen algunos ejemplos que, a pesar del tiempo transcurrido, son todavía un modelo para las producciones de su género.
Con esas características puede describirse un artículo que Matías Romero dio a conocer en La Revista Universal en 1875, con motivo de la Ley de Colonización que ese mismo año expidió el Congreso. En su escrito, el político oaxaqueño dejó traslucir su escepticismo en torno a la posibilidad de colonizar, con inmigrantes europeos, los terrenos situados en las cercanías de las costas nacionales, las que a su juicio requerían con mayor urgencia probarse con gente del exterior. El principal factor al que atribuyó el desaliento de los extranjeros para establecerse en dichas zonas fue el de las condiciones climáticas adversas que en ellas encontrarían. Ante tal situación, propuso considerar vías alternas que permitiesen aprovechar los recursos naturales de esas franjas.
La falta de brazos, enunciado que se convirtió en un lugar común al examinarse nuevas formas de explotación de las incipientes fuerzas productivas, orilló a Romero a sugerir la inmigración china como la más viable para esos propósitos. Apuntaló sus argumentos con ejemplos comparativos, cálculos estadísticos, listas de pagos por jornal y evocaciones históricas que en su conjunto mostraron un panorama promisorio.
Cinco años después de su publicación original, la prensa oficial yucateca reprodujo el texto en su propósito de ofrecer elementos de juicio al considerarse la pertinencia de conducir trabajadores chinos al estado. Aunque esa tentativa no se concretó, dejó abierta la posibilidad de explorar una opción que se haría tangible poco más de una década después.
De cualquier modo, en 1882, Joaquín Baranda citó de nuevo la exposición de Romero para impulsar el flujo de inmigrantes chinos a Campeche y Yucatán. Recordó las opiniones de algunos prominentes vecinos de Mérida que habían coincidido con Romero en aquella idea. Su prestigio intelectual rindió efectos prolongados en los diez años siguientes, así fuera indirectamente, cuando perdieron fuerza las reticencias de los propietarios de haciendas en la península.
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Romero, Matías, “Inmigración china en México” La Razón del Pueblo, Mérida, tercera época, año III, núm. 129, 27 de octubre de 1880, pp. 3-4.
“La Razón del Pueblo. Inmigración china en México”; La Razón del Pueblo, Mérida, tercera época, año III, núm. 129, 27 de octubre de 1880, p. 4.
Baranda, J., “La colonización”, El Eco del Comercio, Mérida, año III, núm. 226, 14 de marzo de 1882, p. 2.
“Los chinos”, El Eco del Comercio, Mérida, año XIII, núm. 1264, 23 de febrero de 1892, p. 3.
“Inmigrantes chinos”, El Eco del Comercio, año XIII, núm. 1289, 21 de mayo de 1892, p. 3.
Juan José Cervera
Continuará la próxima semana…





























