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La Aventura Musical de Coki Navarro – XL

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XL

Continuación…

Hoy estrené motocicleta. Con el dinero que me produjo la venta de mi “bici” y mil pesos que me obsequió el Lic. Alfredo Hurtado, que casualmente me encontré en Progreso y a quien tuve oportunidad de conocer junto con el “Chocho” y otros amigos del puerto, y por quien hube de repetir varias veces todo mi repertorio de canciones (ya que pasamos largas horas de “gitanería” en honor a su visita). En premio a mi atención, al despedirse dejó en mis manos estos mil que tanta falta me hacían.

Estrené motocicleta… envejecida, sin amortiguadores, con motor de cinco caballos (y yo, seis) y cuadro que no corresponde al motor, ni el motor al cuadro; tanque de gasolina con agujeros por todas partes de tan lastimado que estaba. Pero era mi motocicleta.

Qué estreno, señores: la compre a las diez de la mañana y a las doce ya estaba cumpliendo su misión como transporte, pues trasladaba en ella a mi esposa, que sentía llegar otro visitante que me convertiría en papá por segunda vez. En virtud de que acababa también de alquilar otra “casa” (vivía ahora frente al Estadio Salvador Alvarado), tuve que cruzar el Paseo de Montejo ese martes. Salimos dos de ahí y casi llegamos tres a la maternidad, ah, y mientras mi abnegada Cecy aguantaba sus dolores, todo Mérida gozaba en las calles entre gritos y serpentinas, festejando su carnaval. Inolvidable ese día carnavalesco.

Pasan los meses y continúo con mi terquedad de encontrar nuevos giros para la canción que me brota del alma. Me paso días y noches completas en mi “casa”, buscando nuevas armonías, bajo el árbol (lo único bueno que tenía ese solar con láminas) que me ofrecía sombra y cantos de aves, y de vez en cuando hasta unos pesos para comer pues, cuando estaba muy frondoso (era un árbol de ramón), le cortaba las ramas que le sobraban y las vendía al establo ubicado cuadras adelante.

Bajo ese árbol pulsaba mi lira y soñaba con mi vida pasada. Bajo ese árbol detuve muchas veces mi pensamiento y dejé el presente para viajar en el pasado. Soñaba y despertaba a la realidad.

Esa “casa” también me trae recuerdos de noches de insomnio pues, si bien es cierto que no tenía servicio de agua y solamente contábamos con un débil foco que iluminaba un metro cuadrado, en cambio dejaba entrar el frío del invierno por sus amplias rendijas, y llovía más adentro que afuera. En ella pasamos terribles noches de intranquilidad con nuestros dos hijos muriendo de tosferina. Pero cuando se es joven hay resistencia para mucho.

Se convoca para un concurso con el fin de elegir la mejor canción yucateca de ese tiempo. Me entusiasmo, enamoro a mis musas y surge… “ME LO DICE EL CORAZÓN…” Me lo dice el corazón, volveremos a querernos, porque guardas en el alma el recuerdo de mi amor, nace entre cuatro paredes y un techo a medio derrumbarse.

La inscribo con su seudónimo correspondiente. Mi compadre Pastor envía su melodía “Así te quiero”. El concurso cobra interés inusitado entre los “grandes”, los “grandísimos” y los principiantes (yo entre lo últimos), que también quieren probar suerte. Cada noche me sueño triunfador.

Jurado honesto, conocedor y rígido y de los que no admiten consignas. Ahí va mi joven, pero atrevida, inspiración, a pelear con más miedo que armas… Hago un pacto con mi compadre de que, si alguno de los dos ganaba, dividiríamos el premio en partes iguales. ENCANTADO, pues en virtud de que las posibilidades de que yo triunfe son casi nulas, al menos aseguro algunos pesos si el premio es para Pastor. Evidentemente me siento un intruso al pretender participar en este certamen. Mi estado de ánimo se agrava cada vez que alguien me pronostica mi irremediable fracaso, pero se levanta cuando otros me dicen que lo importante es que, aunque voy a perder, será en competencia con lo mejor de Yucatán y eso me debe servir de consuelo.

Los más bondadosos me alentaban diciéndome que todo puede suceder en esta vida, que no me desanimara. Gracias, amigos, no saben cuánto bien hacían esas palabras (éstas últimas) a mi alma, pues el afecto que me demostraban era una reconfortante medicina para mi espíritu. Mis esperanzas (si en algún momento existieron) se habían empequeñecido hasta desaparecer, pues mi inmadurez como compositor (me decían) no me brindaba ninguna probabilidad de triunfo. ¿Será que el talento lo poseen quienes más años tienen?… ¿Se medirá la inspiración con la edad?… Ni modo, ya estaba inscrito. No era caso retirarse y dar la espalda.

Si he de ser sincero, les diré que soñaba todas las noches viéndome triunfador; no era para menos, pues el vencedor recibiría el homenaje lógico y merecido, el diploma correspondiente y la fiesta de entrega del premio con los aplausos y felicitaciones de cuantos lo rodearan, amén del dinero que era otro atractivo imán para mí, pues andaba empeñando hasta mi alma a quien quisiera recibirla, así fuera el diablo. Pero ni Lucifer se interesaba por mí.

Vienen días de tensión; el comentario de todo Yucatán gira alrededor del concurso. El H. Jurado se reúne a deliberar después de haber escuchado y recontra escuchado las canciones, para evaluar su contenido tanto musical como poético. Entrega su fallo. Se abre el sobre del seudónimo y vuela esa noticia que deja a todo asombrados (HASTA A MÍ). Ganó un muchacho de Progreso llamado Coki Navarro. ¿YO?… No puede ser posible, creo que el H. Jurado se equivocó. Se confirma la noticia, la cual me comunica el Licenciado Jorge Peniche.

ME SIENTO FELIZ, muy feliz porque me entregarán el premio, por el homenaje; por la fiesta; por los aplausos; por las felicitaciones; por mil circunstancias más y por lo mejor: el Concurso “Chan Cil”, así honrado, había demostrado que mis canciones sí merecían tomarse en cuenta. La prensa hablaba de mí, poco, pero comentaba mi triunfo. Mis sueños se hacían realidad.

ME SIENTO FELIZ, muy feliz por todo lo que se avecinaba para conmigo. Ah, mas no he de hacerle el juego a mi vanidad. He de frenar mis pensamientos, tomaré las cosas con calma. Ya he aprendido que es la humildad el verdadero tesoro del hombre. Quien la posee puede sentirse satisfecho de haber nacido.

Coki Navarro

Continuará la próxima semana…

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