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Iser Burgos, de Colonia Yucatán (v y concluye)

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¿Recuerdas que en aquella época no se permitía que ningún niño ande descalzo? Además, casi todos éramos católicos; estaban los de otra religión con don Bon Mukul pero no era algo que dividiera a la gente, no eran mayoría. Toda esa convivencia y modelo de vida me sigue gustando. Es rara la persona de las que conocemos que no te quiera saludar o que digan ‘soy abogado’, o ‘soy ingeniero’. No, ahí todos somos iguales.

Nosotros crecimos sin policía, salvo Pancho López. Cuando surgía algún problema había uno o dos voluntarios que lo apoyaban. Cuando había ciclones se echaba mano de los conscriptos, iban a checar a las casas por si había un ancianito que no podía caminar o estaba solo, se iban incluso al Cuyo a apoyar, o evacuarlos si era necesario.

¡Ahh! ¡Y teníamos un buen nivel de servicios médicos! Teníamos hospital y buenos doctores como Daniel Ríos y Mario Lezama. Aquí se extrañan cuando les digo que ahí operaba el Doctor Ríos. Teníamos también boliche; a veces nos llamaban a levantar los bolos por $ 2.50 y nos turnaba don Luis Basulto para que todos ganemos nuestra lanita.

Había box con aquel Pisté, Gil Arce. Esa era nuestra recreación deportiva, además del beisbol. En la feria anual de julio, como no había ruedo, se ponían los tráileres en el campo frente a la fábrica, les ponían tablas alrededor en forma de ruedo y se hacían las corridas con el malafacha de torero. Muy bien estuvo todo, muy bien.

El billar, aunque en esa época lo catalogaban como deporte de vagos, allá no. Había muy buenos en ese deporte como Moncho Vidal y Armando Cosío.

Yo estaba en Mérida estudiando cuando nos enteramos que cerró la fábrica. Le dijimos a mi mamá que vengan, pero se quedó hasta que terminó la escuela mi hermanito Gringo.

“Ahora que fui, como que La Sierra la ‘jalaron’, ahora como que está más cerca de Colonia. Cuando eso lo caminábamos y parecía estar lejos. Cuando pasábamos cerca de las ruinas espantaban, ¿te acuerdas? Alguien me dijo si quería un terreno lo podía conseguir en los que están en la fábrica.

Bueno, pues acá me casé el veinticinco de diciembre, en plena Navidad, en misa de cinco de la tarde, en la Iglesia de la Santa Cruz, con Nora Noemi Estrada Blanco, oriunda de Sabán, Quintana Roo, que pertenece al municipio de José María Morelos, que está como a cien kilómetros de aquí. Ella es de familia numerosa, de trece hermanos.

¿Tienes alguna afición, quién es tu ídolo en deportes?

Mira, a mí lo que más me gusta ahora es leer, leo sobre todo literatura. Ahora, en deportes, lo que más admiraba de la Colonia en deportes fueron al Güero Jaime Durán y el ‘Negro’ Aguilar de Valladolid, cuando jugaban beisbol en la liga oriental; a Ken Angulo y al Indio Peraza, de los Leones en la Liga Mexicana. En cuanto al Box, mis ídolos fueron Vicente Pool, Miguel Canto, Guty Espadas (papá). Cuando vivía yo en Mérida los iba a ver pelear en la Plaza de Toros. No había todavía el Kukulcán. También admiro a Julio César Chávez (papá).

¿Boxeaste en Colonia?

Una o dos veces, pero en el gimnasio. No sé si llegaste a ver que mi mamá ponía su tablero en la puerta de la casa. Ofertaba varias cosas. Una tarde pasó el Chino Pacheco y le dijo que en casa tenía un buen prospecto boxeador. Ya no me dejó mi mamá volver a ir al gimnasio. Este Julio Muñoz ¡qué bueno era boxeando! Igual Sixto Marfil. Creo que cuando salía bajo en sus calificaciones lo mandaban a Las Coloradas, a trabajar en la sal. Tenía buena condición, además era muy fuerte. Igual Nego Serrato era muy bueno boxeando.

Pues en ese tiempo, cuando estaba estudiando en la Facultad, se me presenta la oportunidad de trabajar y, como te digo, ganaba muy bien. Pues vengo y me encuentro a varios Colyuctecos como los Argáez; a Manuel Cen, que es locutor y tiene un noticiero todas las tardes; Sergio Gómez, tío de Rufino, y a Georgina, que se metió al periodismo. No sé si conociste a los Cruz, era albañil, uno de ellos es casado con la hija de don Bon, de ‘Ninus’. Margarita se llama. Estaba uno que le decían Cheto. Luis Zapata igual está viviendo acá… Hasta hace unos años veía a don Elías Meléndez, tenía 92 años y andaba en bicicleta. Hay varios acá de Colonia, pero andan desperdigados.

¿Tienes algunas anécdotas que te hayan pasado o que recuerdes de Colonia?

JajaJa… Una vez entró don Leonel, don Capita, al cine y en plena función quiso golpear al Tucho (Bernabe Canché) porque éste le había pegado a uno de sus hijos, no sé si a Calín o a Pepe, y fue a reclamarle. Corriendo salió el Tucho del cine.

“La otra que recuerdo es cuando se perdieron unos muchachos que fueron a bajar Pool box al monte. Como ya habían pasado varias horas y no aparecían, se armó una brigada con los señores que conocían el monte para ir a rescatarlos y se coló la Abuelita- Eulalia González- que vivía sola. Sorprendidos, le preguntaron que a dónde iba y les respondió: ‘Aprovechando que son varios hombres que van al monte, voy a aprovechar ir para recoger un poco de leña’. Ahh…

La última, ya para terminar,” me dice entre risas, “no se me olvida y la recuerdo como si hubiera sucedido hace poco. Cuando la hermana de mi amigo y vecino Calin Polanco, Alejandra, quería que yo sea su chambelán de XV años, ya te he dicho que yo era muy tímido, muy penoso que ni siquiera bailaba, entonces con ‘mucha pena’ le dije que no. ‘Es que voy a viajar ese día,’ le puse de pretexto. Y luego, con toda mi concha, esa noche me presento a su fiesta… jajaja.

L.C.C.  Vicente Ariel López Tejero

vicentelote63@gmail.com

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