Inicio Nuestras Raíces Continuamos con la Desfibración del Henequén

Continuamos con la Desfibración del Henequén

15
0

Visitas: 26

Too_1

XI

Continuamos con la Desfibración del Henequén

Como anteriormente dijimos, la segunda máquina desfibradora de henequén en la hacienda, inaugurada en enero de 1902, fue puesta en marcha por el ilustre gobernante Don Olegario Molina. La máquina era de tipo ‘CATERFILLE’ con su motor de vapor. Consistía en un tanque calentador de 8 metros de largo, con hornos de caldera que consumía leña, y su chimenea de 55 pies de altura. Como era tradición y costumbre, desde las 2 de la mañana el fogonero, el extinto don Miguel Angel Cauich, prendía la mecha de los hornos de la caldera, y al calentarse ya eran las 2:30 a.m. En estos momentos hacía sonar un silbato, fuerte pitazo, que es un aviso a todo el personal de la planta; mientras tanto, el maquinista, Sr. Mauricio Ek (finado) y el aceitador de chumaceras y poleas, Sr. Francisco Noh (finado), con mucha precaución vigilaban el barómetro en grados de fuerza para darle marcha a las máquinas, ya el momento rayando a las 3 de la madrugada y ante la presencia del señor encargado, que en ese momento era Don Buenaventura Arce.

Como de costumbre, cada trabajador que laboraba en esta planta ocupaba su puesto: consistía en un pasa leña, ayudante del fogonero, y éste, atiende su horno y el barómetro calentador; el maquinista, su motor; el aceitador vigila chumaceras, poleas, y el mantenimiento general durante la raspa; 2 elevadores para descargar las pencas en las plataformas, todavía no existían camiones de carga; 4 raspadoras para introducir las hojas del henequén en las cadenas de bronce; un recibidor de sosquil, en las cadenas de salida; un amarrador haciendo royitos de sosquil; un vigilante de cortina donde corre el bagazo de la separadora y desciende a la tronera; un acarreador de sosquil húmedo, transportándolo por medio de un truk, para llevarlo a los secaderos; 4 tendedores de sosquil que lo tendían en los alambres para secarlo con el aire y el sol ardiente durante 6 ó 8 horas; 2 troneros cuidando la caída del bagazo o la pulpa del henequén en las bagaceras; 3 bagaceros llevando el desperdicio de la pulpa del henequén en los terrenos a una distancia de 200 a 300 metros de la planta y llegando en ésta, será atendido por jaladores de bagazo generalmente dos viejitos, a esta pulpa se le saca un sub-producto más que es el sosok o la borra, se ordena sacudir el tramo y se extiende para su secado, luego se manda a empacar, y el bagazo verde es un buen alimento a los ganados, y cuando se saque se utilizará como abono y fertilizante en las hortalizas.

El Proceso del Henequén, su Rendimiento y la Producción

En la primera o en la segunda década de este siglo, o sea los años de 1918 a 1919, el ritmo de las desfibradoras de henequén era según la fuerza de cada tipo de motores, por lo cual la máquina de vapor tenía una velocidad y fuerza de 130 caballos. A este ritmo, si no había algún tropiezo, se podía raspar 25 000 hojas por hora; si funcionaba normalmente, en una jornada de 8 horas podía raspar de 150,000 a 200,000 mil hojas de henequén; pero, como es tradición y costumbre de los trabajadores, comenzaban desde las 3 de la mañana. El mismo encargado, señor Don Buenaventura Arce (finado), les permitía parar a las 7 de la mañana, como media hora de parada para un desayuno. Mientras tanto, en ese momento, sus familias e hijas de los trabajadores llegan trayendo suspendida en un Chu-uyúb, o chuyubitos, una jícara blanca llena de atole de maíz caliente, acompañado con sus pimitos preparados con frijol, o unos chanchamitos de bofe de res. El humilde padre de familia o esposo, o el hermano, los recibían con mucha alegría y satisfacción. En la bodega limpia juntos se sentaban sobre una paca de sosquil. Así hacían su acostumbrado desayuno. Ya después continuaban esa larga tarea de la raspa, para terminar totalmente, en caso de que no sobrara mucha penca, cuando ya serían las 12 del día.

Todos los humildes trabajadores se dirigían a sus hogares y eran esperados en casa con cariño y una sonrisa en los labios y alegría, paz y felicidad en el almuerzo. Es la hora social de la familia campesina.

En la segunda parte del proceso, otro grupo serán los que continuarán sus labores: unas seis personas se ocuparán de sacudir el blanco sosquil tendido en los alambres de los secaderos, esperando ya breves instantes el aviso del checador o bodeguero, cuyo ramo es vigilar la tendida y el secado y la recogida del sosquil ya en su punto de secado estos trabajos que realizan estos hombres. Aquellos que no conocen consideran que son muy fáciles o sencillos, pues el tiempo para que puedan recoger todo el sosquil tendido en los secaderos, que es el producto total o parcial de 150 000 hojas de henequén, se considera les lleva tres o cuatro horas. Es un trabajo rudo, esclavizador, agitado y forzoso. En ciertas ocasiones, en épocas de lluvias, con tanta prisa y carreras y ganar tiempo se debía recoger antes que se moje algún bulto de sosquil, y a los recogedores no les daba ni tiempo de tomar agua y de almorzar a su hora.

Este tiempo, considerado de tres o cuatro horas, para que puedan recoger el sosquil seco ocasionaba serios problemas para la salud, porque al sacudirlas sueltan mucho tamo, y así como también llevan riesgos en mojarse calurosos, al respirar se considera que el polvo del tamo puede ocasionar infecciones pulmonares en las vías respiratorias.

Fidencio Narváez Ek

Continuará la próxima semana…

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.