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La Aventura Musical de Coki Navarro – XLIII

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XLIII

Continuación…

He conseguido trabajo en una agencia de viajes. Soy el gerente, sub-gerente, barrendero, chofer, telefonista, guía de turistas, mecanógrafo, jefe de Relaciones Públicas, recepcionistas, llevo y traigo cartas del correo; no tengo horario, solo tengo la llave de la oficina, pero gano lo suficiente para comprarme un destartalado coche. Con la venta de mi motocicleta y lo que estoy recibiendo en la agencia me “encaramo” sobre cuatro ruedas. YA TENGO COCHE. Los domingos me dedico a pegarle pedazos de otros coches y a curar sus oxidadas heridas. Lo pinto de rosado y mis amigos le ponen el apodo de “El diablo rosa”. Todo tiene apodo en Yucatán.

Doy clases de guitarra, trabajo en la agencia, llevo serenatas, canto en fiestas, en cantinas, o en mitad de la calle si es necesario; toco el requinto con “Los Churumbeles de Santana”, voy a Progreso a tocar con Andrés García, el padre de “Polo” (mi ex compañero, pero eterno amigo); canto solo, toco y trabajo, trabajo y toco, y la recompensa es que puedo comprar un terreno que casi me regala el ingeniero Jorge Carrillo. Me “enterco” en hacer una casita y en la oficina de Don Jorge se “fragua” en plan…. Fausto Bello (tan bello como Fausto) me dibuja y obsequia los planos y Wilbert, hermano de Don Jorge, tan Ingeniero como Fausto, dirige la “gran” obra que consistía en una sala, una cocina y un cuarto, ah, pero eso sí, soy pobre, pero infuloso: Que me construyan antes mi alberca. Los pocos vecinos que habitan por la colonia piensan (y con toda razón) que estoy haciendo las cosas al revés…. No importa lo que piensen, la “pila” es lo primero. Y COMO SIEMPRE HE SIDO MÁS TERCO QUE BONITO, se realizó primeramente mi “charco”.

Mi amigo Rolando Carrillo (tan rabioso como Rolando) me ayuda vendiéndome los materiales que preciso para levantar mi “gallinero”. Este Rolando es también hermano de Don Jorge, quien a su vez es dueño de una fábrica de cal, por lo que no queriendo ser menos que su hermano, pues casi (conste que digo casi) me regala buena parte de lo necesario. A esa casa me envía Dios una muñeca: mi hija, mi mayor tesoro.

En esas fechas escucho unos discos de Colombia. El efecto de esas melodías nos “envenenarían” tanto a mí como a mi compadre Pastor, pues yo llevé los discos a mi “compa” y nos pasamos largas horas deleitándonos con esa música tan cautivadora. Así comencé a pensar que, como nosotros los yucatecos heredamos el Bambuco de los colombianos, deberíamos llevarle algo de lo nuestro a ellos.

Le pregunto a Pastor si quiere “echarse” un viajecito a lejanas y ni tardo ni perezoso me contesta que: “a donde quieras, chamaco”. ¿Bien? Pues escribo a esos artistas colombianos que intentaré junto con mi compadre llevar nuestra canción por todo Centro América y parte de América del Sur.

Escribo con más afán de entablar correspondencia que de realizar grandes semejante hazaña. Pero me contestan estos grandes músicos que ojalá podamos edificar nuestros anhelos (por nosotros), pero más por Yucatán, ya que nuestras canciones dicen que son muy bonitas, pero que nadie las escucha por ahí. Ah… Nos llenamos de coraje y entusiasmo; se corre el “chisme” en Mérida de que haremos una gira Pastor y yo… Lo platicamos con algunos amigos que se prestan a ayudarnos y un buen día nos encontramos “volando” a Guatemala. NUESTRA PRIMERA ESCALA.

Agradecemos en todo lo que vale la recomendación del señor General Adolfo Terrones Benítez, quien puso en nuestras manos una carta dirigida a sus fraternos latinoamericanos. La humildad con que nos recibían era tan grande como la ayuda que nos brindaban. Absorbemos el romanticismo de la música guatemalteca (canto de marimbas) y nos cautiva Tikal con sus majestuosas ruinas. El Salvador nos recibe con sus sabrosas tazas de café caliente y frío. Managua nos espera con una gran fiesta que nos ofrece nuestro Embajador en esa ciudad, agasajo que se lleva a cabo en la mexicana residencia del representante de México, ah, y no olvidamos las atenciones tan gentiles de la señora doña Miriam Cabañas y su distinguido esposo. Ella yucateca, él nicaragüense, ambos muy apreciados en ese país. Visitamos Tegucigalpa, que nos abre las puertas de su recién estrenado Canal 6 de televisión, pero San José de Costa Rica nos ofrece la más aparatosa bienvenida, pues el volcán Irazú anda en esos días muy molesto y lanza ceniza sobre todos lados y casi está por acabar con la flora y la fauna de ese territorio. Llegamos a Panamá y ahí recibimos las cartas correspondientes de nuestro coterráneo Ramiro Gamboa, quien nos recomienda en Lima, Perú. Adelante… Adelante… Para qué les sigo contando pues, aunque nuestra gira no fue rimbombante, podemos asegurarles que no llevamos la música yucateca hasta Argentina, porque realmente las distancias son muy largas en América del Sur, pero estamos muy orgullosos de haber devuelto algo a los colombianos de lo mucho que les debemos. Fuimos más allá de lo imaginado y de lo programado, y solo por falta de equipo conveniente no subimos a Los Andes para cantar en la “puerta del cielo” una de nuestras canciones.

Regreso triunfal el que nos esperaba; retorno con satisfacción y más acontecimientos del sentir de nuestros vecinos de Latinoamérica. Intercambio de canciones entre nueve países. Nueve países enlazados entre cuerdas de guitarra y corazones de dos visitantes que les llevaron serenata.

Vuelvo a mi rebohemia vida en mi Yucatán.

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Pero había algo en mí que no me dejaba tranquilo. La inquietud de dar a conocer mis canciones en la ciudad de México. Iría otra vez a llamar a las puertas que tantas veces se abrieron como se cerraron para mí en épocas pasadas. Tendría que ir a tocar y retocar esas mismas entradas. Al fin, a lo más que me puedo exponer es a un NO, palabra que ya conozco de todos los tonos de todas las voces. Junté unos pesos de mis veintiséis horas diarias de trabajar y me instalé con mi boleto de segunda en un incómodo asiento del ferrocarril que me llevaría a la capital.

Llego con más años en el cuerpo que pesos en la bolsa, pero tengo fe en que algún día lograré mi propósito. Algún día conseguiré llegar al corazón de las gentes con mis canciones, aunque algunos colegas de mi tierra me digan que no tienen calidad mis inspiraciones. Lo mismo me han dicho los editores años antes cuando me hicieron olvidar mi producción de esa época.

Encamino mis pasos directamente a la R.C.A. VICTOR. Empezaré por la mejor Editora, pues no he viajado esta vez para titubear. Tres días de camino despedazan los ánimos y el cuerpo de cualquier aficionado pero, aunque ese tiempo es suficiente para matar las ilusiones de los más entusiastas, no lo son para doblegar mi ánimo… ¡QUÉ VA!… Se necesitan muchos siglos de suplicio para que yo comience a dudar,  apenas a dudar…. La incertidumbre es una niña inocente a mi lado.

Coki Navarro

Continuará la próxima semana…

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