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El canario rubio (III)

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III

ESTUDIO PRELIMINAR

Roldán Peniche Barrera

Lírica Modernista

Durante el sexenio del Dr. Francisco Luna Kan (1976 – 1982) tuve el honor de tratar varias veces con el abogado Álvaro Peniche Castellanos, quien desempeñaba la titularidad de los Asuntos Jurídicos, y al que hoy recordamos en el aniversario número 105 de su natalicio. Nosotros laborábamos en la Dirección de Cultura y le consultábamos con frecuencia en relación con decretos culturales que requerían de la mano mágica del abogado Peniche Castellanos en las cuestiones legales.

Hombre destacado en la judicatura aquí y en otras entidades federativas, evidenció alma de poeta en composiciones de juventud. Él, con todo, iba por la abogacía y declinó proseguir con el arte de Apolo. Yucatán perdió así la presencia de un futuro y prometedor aedo, de un hijo de las musas que habría enriquecido el nomenclátor lírico del patio.

Nos revela José Esquivel Pren en el tomo XV de su Historia de la Literatura en Yucatán que Álvaro Peniche Castellanos, alumno del Instituto Literario de Yucatán, “hizo amistad y compañerismo con quienes más tarde serían figuras de su generación y de la intelectualidad yucateca” y menciona a Carlos A. Echánove Trujillo, Leopoldo Peniche Vallado, Jesús Amaro Gamboa, Francisco Canto Rosas, Armando García Franchi y José Cetina Ortega. Colaboró con breves poemas y participó en la fundación y directiva de las revistas Ultra y Azul, hechas en máquina de escribir e ilustradas por Fausto Hijuelos Febles. Recuerdo que mi padre mencionaba que don Álvaro colaboró también en la revista de la Sociedad Literaria Jesús Urueta con poesías muy prometedoras.

“Ya desde entonces –escuchamos de nuevo a Esquivel Pren– Peniche Castellanos mostraba madera de poeta. Había escrito su Canario rubio y se recuerda aquel madrigal suyo que finaliza así:

Es ella la que endulza tus antojos

y te adormece con arrullos sabios,

mientras yo, con tu imagen en los ojos,

me duermo con tu nombre entre mis labios”.

 

Para la revista Azul, Peniche Castellanos, Canto Rosas, Hijuelos Febles y García Franchi dieron una tarde en entrevistar al entonces primerísimo poeta de Yucatán don Luis Rosado Vega, así como al “león de Chuminópolis”, Ignacio Magaloni Ibarra. La entrevista a Magaloni comenzó por la tarde y no concluyó sino hasta las primeras horas de la madrugada. La de Rosado Vega fue más de temer, pues conocíase el carácter rudo del autor de la Peregrina; pero, una vez en su casa, el poeta no sólo accedió gustoso, sino que departió con aquellos jóvenes abiertamente. El grupo le dedicó un número de Azul. Además, abordándolo en su rincón del Parque Hidalgo, donde todas las noches presidía una gárrula tertulia literaria, lograron convencerlo de que escribiera los versos de la Canción del estudiante, que más tarde musicara Guty Cárdenas. Es lamentable que tan bella composición ya no se interprete.

La invaluable tarea lírica de Álvaro Peniche Castellanos perdura de 1921 a 1933. Contamos, como muestra de su lírica, apenas con cinco poemas de mediana extensión. No necesitamos añadir que en Yucatán se vivía el modernismo rubendariano, y ni Peniche Castellanos ni sus compañeros se libraron de aquella inmensa influencia, tan fuerte como la del Sturm und Drang goethiano que barrió las tierras europeas en el crepúsculo del siglo XVIII.

Alberto Bolio Ávila, Gonzalo Amaro Ávila, Carlos Duarte Moreno, Fausto Hijuelos y el propio Peniche Castellanos se dejaron arrastrar por aquella corriente poderosa. ¡Pero si ni Mimenza Castillo ni Rosado Vega escaparon de ella! Ni aun el mismo Mediz Bolio. Entonces estos jóvenes de los veinte y de los treinta no eran la excepción.

Decíamos que –lamentablemente– sólo contamos con cinco poemas de nuestro poeta para tratar de intentar una desvalida labor que no sería crítica sino comentada. Y es que desde El canario rubio le sentimos a Peniche Castellanos la vocación poética y el encanto de la palabra juvenil:

 

Un canario rubio de mi vecinita

todas las mañanas, en el platanar,

deshoja a trinos la azul margarita,

la azul margarita de su canturrear…

 

…Después me dijeron, con penas y llanto,

que el canario rubio de su jaula huyó

que jamás oyeron sus trinos y canto,

desde cierta tarde, la tarde anterior.

 

La suerte, insondable, con ciego misterio,

quiso que ayer tarde, vagando al azar,

llegasen mis pasos hasta el cementerio,

y un sepulturero me dijo al hablar:

 

“Aquí en esta tumba, cerca de ese osario,

que se alza a la sombra de ese alto ciprés,

viene por las tardes un rubio canario,

y en sus trinos reza yo no sé por quién;

 

Pero ya hace un año que el ave divina

canta desde lo alto, bajo el cielo azul,

y cuando ya el sol en poniente declina,

desciende a estas losas y canta en la cruz…”

Ya aquí se nos da el elemento primario del sendero que habrá de recorrer, no solo en “El canario rubio” sino en sus otros versos. El poema de unas nueve estrofas, es asomar al azul del cielo, y hasta la margarita es azul. En todo éste –el más largo de sus cinco poemas– fluye y refluye la única óptica de la juventud –nos repetimos. Pero, con ser bello, “El canario rubio” no es, en nuestra humilde opinión, su mejor poema. Es, podemos decirlo sin ruborizarnos, un ensayo de poema, el ensayo de un muchacho que vive su adolescencia o su primera juventud (no en balde lo escribe a los dieciséis años de edad).

Terminará con la siguiente cuarteta:

“Cuando despuntaba la aurora risueña

y sus tiernos rayos prodigaba el sol,

oh, como llegaban del rubio canario

los trinos alados desde el corredor.”

Versos de estudiante, versos que palpitan en nuestro corazón por su frescura y la ternura de su asunto. Ya desde entonces intuimos que el poeta ha leído a Rubén Darío, pero que aún no levanta en plenitud el vuelo modernista.

El pequeño verso Estudiantes ha sido compuesto, un poco al capricho, en una cuarteta y una quinteta, y es un retrato fiel del colegial de hace un siglo.

Deshilachado el paño de la corbata vieja

galopante en quimeras el alma sensitiva,

son como caravanas de romeros cautiva

en la red jubilosa de ilusiones inquietas.

 En esta cuarteta está dicho todo lo que quiere significar el poeta sobre los “estudiantes”, pero luego dirá más:

Y hablan de amor y sueñan y pintan con paletas

policromas y exóticas a la beldad moruna        

que una noche miraron, embrujada de luna,

y por la que supieron, en sus ansias discretas,

por qué irredentemente cantaron los poetas.

Exquisita descripción lírica de la noche “embrujada de luna”, fácil discernimiento del lenguaje juvenil, estudiantil, pero todavía nos parece más rubendariana su Insomnes que comienza de esta guisa:

Si alguna noche el sueño caprichoso

no llega presto a tu ventana abierta,

y un pensamiento tenue y vagaroso

juega en tu mente trémula y despierta.

 

Si pronuncias mi nombre, sensiblera,

besando la medalla milagrera

que guarda los suspiros de tu pecho,    

piensa que el hada azul de tus ensueños

 juega con nuestras almas amorosas.

Y concluye con estos versos:

Y que luego, al notar en tus empeños,

que se adoran cual locas mariposas,

es ella la que endulza tus antojos

y te adormece con arrullos sabios

mientras yo con tu imagen en los ojos

me duermo con tu nombre entre los labios.

Vena modernista más redonda la de “Insomnes”, juegos con las palabras, arribazón de imágenes y de metáforas con un lenguaje rubendariano, pero que algo de propio tiene: el hada azul de tus ensueños, las locas mariposas, los arrullos sabios, casi redondeando un soneto pero la diferencia ¡qué importa! es sólo un verso de más.

De estos sólo cinco poemas con que cuento para entender y explicar la poesía –sí, la poesía se puede explicar– de Álvaro Peniche Castellanos, el que más me ha gustado –opinión personal– ha sido Nocturno que conceptúo como una pequeña joya modernista llena de euforia, sensibilidad e imágenes de fino erotismo. “Nocturno” está consagrado a la novia del poeta y en ella vuelca toda su pasión y la rauda belleza del amor:

Ven. En la noche, cálida y serena,

no hay rumor de follaje ni hay caricias de brisa

en el jardín… Fulgor de luna llena

que se aleja, tras los montes, a prisa,

bruñendo el cocotal…

Bajo el cielo hay ambiente de fragua

y en la fontana el agua

desenvuelve su cántiga ritual…

 

Bajo el celoso tul, a mi contacto,

presiento en ti plasmarte la porfía

de un torso en el que mórbido y compacto,

turbando mis sentidos y mis nervios,

perfilan su plural tiranería

dos sonrosados vértices soberbios.

 

Desgranar quiero en ese torso blando,

 fragante y casto como un dulce lirio,

todo un raudal de besos incendiando

la gracia de tus formas en delirio.

 

Férvido impulso de estrecharte a solas,

Ímpetus locos de oprimir tus labios,

mis ansias y tu anhelo entre dos olas

que se enlazan y estrechan sus agravios.

 El final, los siete versos finales, son de antología:

Quiero que al tiempo que tu voz me arrulle,

fuego a raudales de tus labios fluya.

¿Qué sangre ardiente en tus arterias bulle?

Quiero fundir mi vida con la tuya

y que al sentir la mía entre tus poros,

bendiciendo miríficos tesoros,

¡la gloria estremecida se diluya!

 Obsérvase aquí que el poeta ya ha tenido en plenitud a Darío y ahora, sin distanciarse de él, plasma su propia huella y el lenguaje está cargado de metáforas de fuego, de signos que no son claros, de la prestancia juvenil; y así, se habla del “fulgor de luna llena”, de “bruñendo el cocotal” (¡bellísima imagen!) de “ambiente de fragua”, de una “cántiga ritual” y de “miríficos tesoros”. El poeta se da gusto cantándole a su amada con su fogoso lenguaje en el que los acentos interiores dan en el blanco.

Peniche Castellanos está más preocupado con el fondo que con la forma, con el corazón que con el intelecto. Sus versos son claros y resonantes, límpidos de toda limpidez. Es un poeta de su tiempo que vive su tiempo y que un día se detuvo y quizá expresó: He dicho todo lo que tengo que decir.

Y si nos ha sobrecogido al estilo y el contenido del “Nocturno”, también tenemos que decir que nos ha agradado Sendas de ensueño, que es el punto opuesto del Nocturno. En “Sendas de ensueño” habla la austeridad, la suavidad, el filósofo que todos llevamos dentro. El poeta está en otro registro, en otra esfera, pero igual nos apasiona. Escuchémoslo:

Excelsa eucaristía

la de tus ojos buenos,

trayendo la simbólica alegría

de los días serenos…

 

Rútilas latitudes de ventura

en perspectiva bella.

y una nave de ensueños

                        y una onda que murmura

al timón del destino

y a la luz de una estrella.

 

Y al conjuro del sabio

timonel del destino

y de la sabia estrella del camino

trocaste juvenil la queja adusta

de la lírica flauta.

                       

Y eres nota alegórica en la pauta

de un ensueño bendito,

y eres deidad augusta

que a los ojos del nauta

has materializado el infinito.

 

Continuará la próxima semana…

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