Señor Presidente…

By on noviembre 29, 2018

Perspectiva

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Primero me dirijo a usted, Enrique Peña Nieto, como Presidente saliente…

Usted pasará a la Historia como uno de los presidentes de México más incompetentes, desvergonzados y protector de corruptos que han existido. Es increíble que, a pesar de observar la ineficiencia e ineptitud de sus dos predecesores en el cargo, con todo puesto sobre la mesa para que cualquier modesta actuación lo colocara en posición de ser recordado por toda la Nación por muchos años, en cambio nos entregue un país ahogado por la violencia y la inseguridad, hundido económica y socialmente, agraviado por la rapacidad de todos los que se enriquecieron desde sus posiciones políticas con su anuencia y complicidad.

Deja usted el puesto, y se va vilipendiado por una sociedad que ni usted ni sus funcionarios pudieron ni quisieron comprender, mucho menos atender como se merece. Pensar que íbamos a olvidar y a aceptar con la cabeza agachada su innumerable cadena de fracasos, de embustes, de robos, fue el peor diagnóstico que pudo haber hecho durante su administración. Nunca entendió que no entendía… y ese será su epitafio político.

Su actuación demostró ampliamente la deficiente preparación que usted y todos los que crecieron cobijados bajo la sombra maldita de los partidos políticos de los últimos cien años poseen: faltos de probidad y ética, de conciencia social, de preocupación genuina por el bienestar de los mexicanos que menos tienen, de humildad.

El juicio de sus compatriotas lo acompañará a su tumba, y no será un juicio benigno… Que le aprovechen sus millones.

En cuanto a Usted, Andrés Manuel López Obrador, desde el cargo que le confirieron 30 millones de mexicanos tiene ante usted la oportunidad de enderezar lo que desde hace más de un siglo se ha venido enchuecando un día sí y otro también. Ha recibido la oportunidad que durante dieciocho años persiguió y exigió.

En vista de sus antecedentes y acciones recientes, como uno de los 50 millones de ciudadanos que NO votó por usted, le hago saber mi sentir al iniciar su desempeño en el puesto más alto de nuestro país.

Estoy dispuesto a apoyarlo en todo proyecto que usted y sus correligionarios emprendan y que genere beneficios a México, siempre y cuando se apeguen al marco de las Leyes y las de las instituciones que tanto trabajo nos ha tocado construir. Su rol, por si no ha quedado claro, es mejorar y construir cosas mejores que lo que recibe. Cierto es que mucho requiere mejorarse, y que a veces es necesario demoler para construir algo mejor, pero devastar todo lo que existe nos haría retroceder varios lustros, y el tiempo apremia.

Observo con preocupación que muchas de las iniciativas y proyectos que usted abandera no están siendo debidamente analizados y evaluados, que más bien parecen estrategias para dejar en evidencia que usted “no es como los otros”, y que le importa muy poco las consecuencias de sus palabras y acciones. Créame cuando le digo que, si ese fuera el caso y su estilo de gobierno, el futuro de nuestra nación será incluso más negro que el presente que está siéndole entregado.

Observo con incredulidad que, incluso antes del 1° de julio cuando se confirmó su triunfo electoral, ha abierto la puerta como sus colaboradores a impresentables personajes que conocemos como arrogantes, ávidos de poder, perseguidores y beneficiarios de presupuestos, pocos de ellos con la conciencia social que se requiere. ¿En realidad cree que todos los corruptos que lo acompañan van a dejar de serlo desde el momento que usted ocupe la Presidencia, así de ingenuo es usted? Cierto es que los anteriores no eran mejores pero, habiendo tantos buenos mexicanos, ¿por qué involucrar a tantos con tan mala y probada fama en esta labor hercúlea que ahora tiene en sus manos?

Observo con indignación que ha otorgado un “perdón” a todos los corruptos que nos engañaron y se robaron los bienes de la Nación. Yo, como muchos otros mexicanos indignados y escandalizados, no le he dado mi autorización de que los perdone en mi nombre; antes bien, le exijo que investigue y, en su caso, aplique la Ley sobre ellos.

Observo decepcionado que, en vez de abonar a la unión entre los mexicanos, usted descalifica y asigna motes y epítetos a todos aquellos que no coinciden con sus ideas. Con todo ello, lo único que me demuestra es su carencia de empatía con todos los mexicanos y, hasta cierto punto, su ignorancia en cuanto al rol que está asumiendo como Presidente de México: usted debe velar por el beneficio de todos, ¿no le queda claro?

Ojalá entienda que la línea que divide a un líder carismático de un charlatán es muy fina y sutil; que las acciones convencen mucho más que las palabras.

Ojalá entienda que queremos verlo actuar en beneficio de Todos, y no de un grupo.

Ojalá comprenda que hemos sigo engañados durante muchos, muchos años, que nuestro nivel de alerta es máximo y el de tolerancia es mínimo: cualquier amago de idea o acción que se asemeje a lo que hemos visto tantas veces antes en otros gobernantes será inmediatamente señalada y criticada.

No, no es una labor fácil. Usted manejó excelentemente las expectativas de muchos, convenciéndolos de que votaran por el cambio que representó. A ellos, y a nosotros que no fuimos convencidos por sus palabras e ideas, convénzanos de que su gobierno no será como el de todos los que estuvieron antes en el puesto.

Usted es, para todos los fines, nuestro empleado, nuestro servidor. Téngalo siempre presente.

Demuéstrenos con hechos que posee una verdadera conciencia social y que será implacable en la construcción de un nuevo y mejor México.

Tiene usted ahora en sus manos lo más valioso que poseemos como Nación: la esperanza de un nuevo y mejor amanecer.

¡Hágalo mejor que sus antecesores!

Una última recomendación: sea humilde, que de presidentes llenos de soberbia y prepotencia estamos TODOS –los más de 120 millones de mexicanos en el país– no cansados, sino hartos. Apóyese en los que sí saben antes de tomar decisiones, reconozca públicamente sus errores y aprenda de ellos; estas características tal vez sean las más importantes para convencernos a aquellos que no votamos por usted de que tiene las mejores intenciones.

Cuente usted conmigo si va a trabajar por y para nosotros.

Le deseo la mejor de las Presidencias, por nuestro bien y el de nuestro México.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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