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La gloria de la raza – VI

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VI

Colonos y jornaleros

La idea de atraer extranjeros a nuestro país, en su calidad de agentes del crecimiento económico, no fue exclusiva de algún período histórico. La joven república independiente, enfrentada a sus carencias y al vasto potencial que sus tierras ofrecían, hizo recaer en sus autoridades el reto de ampliar los márgenes de producción habituales en esos tiempos.

Las leyes nuevas y reformadas brindaron el marco normativo para imprimirle la orientación deseada a las políticas públicas. Esto ocurrió durante el frustrado Imperio de Maximiliano, en el curso de la presidencia de Sebastián Lerdo de Tejada, y en la dilatada gestión de Porfirio Díaz, en cada caso con las marcadas diferencias que las circunstancias favorecieron.

Así, por ejemplo, la Ley de Colonización de 1875 estimuló el interés de muchos foráneos emprendedores que, congregados en organismos afines a sus intereses, solicitaron información a los gobernantes de los estados para conocer las condiciones económicas y sociales de sus respectivas demarcaciones, lo que haría factible fijar su residencia en el territorio nacional con mayores ventajas relativas. Uno de los resultados que tuvieron las acciones de este tipo fue la fundación de colonias europeas en algunas entidades de nuestro país.

Llegó el momento en que las necesidades de fomento agrícola en la nación, y particularmente en Yucatán, dieron un nuevo matiz a esa tendencia, iniciándose la importación de trabajadores promovida por particulares, quienes se habían propuesto ampliar los beneficios de su actividad productiva. Esto se reflejó de manera especial en las haciendas dedicadas al cultivo de henequén, aunque a lo largo de la península llegó a incidir en otros rubros, como la construcción de vías férreas.

El proceso descrito asumió nuevas facetas al crearse en 1882 un grupo de trabajo para atender asuntos de colonización en el estado. Durante ese año llegaron negros de Jamaica e inmigrantes canarios para emplearse en diferentes tareas. Un factor que propició el flujo de trabajadores extranjeros fue la línea de vapores ingleses, que fijó precios de pasaje razonables para viajar a tierras americanas.

Los primeros chinos que llegaron a Yucatán, en 1892, lo hicieron en la condición de jornaleros para trabajar en las plantaciones henequeneras, no en la de colonos a quienes hubiese ofrecido las bases más seductoras para asentarse en la entidad y desarrollar por cuenta propia su prosperidad personal y familiar.

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“Dictamen de la comisión de colonización leído en la Cámara de Diputados en la sesión de 8 de abril de 1850”. El Fénix, Campeche, núm. 115, 1 de junio de 1850, pp. 1-2.

“Gacetilla. Interesante”, La razón del Pueblo, Mérida, tercera época, año II, núm. 64, 28 de mayo de 1880, pp. 3-4.

“Colonos”, El Eco del Comercio, Mérida, año III, núm. 211, 2 de enero de 1882, p.3.

“Colonización”, La Revista de Mérida, año XIII, núm. 125, 6 de junio de 1882, p. 1.

Victoria G., Nidia, “Colonización e importación de trabajadores en Yucatán. 1845-1910, Boletín de la Escuela de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Yucatán, Mérida, volumen II, núm. 66, mayo-junio 1984, pp. 23-32.

Juan José Cervera

Continuará la próxima semana…

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