Dos siglos de dramaturgia regional en Yucatán – III

By on septiembre 17, 2021

III

Ermilo Abreu Gómez

El Chivo Brujo

 

Personajes:          EL COMISARIO

EL GENDARME

EL CHIVO BRUJO

UN NIÑO

 

Decoración: Interior de una delegación de policía.

 

ESCENA PRIMERA

El COMISARIO, después el GENDARME.

 

COMISARIO: ¡Qué poco movimiento ha habido hoy! Vaya, un día de aburrimiento.

(Entra corriendo el GENDARME.)

 

ESCENA SEGUNDA

El COMISARIO y el GENDARME

 GENDARME: Jefe, jefe… ¡jefe!

COMISARIO: ¡Qué pasa! ¿Qué modo de entrar a la oficina es ése?

GENDARME: ¡Ay, jefe!…

COMISARIO: ¡Primero cuádrese! y ¡silencio!

GENDARME: Sí, jefe… a sus órdenes. (Se cuadra.)

COMISARIO: Hable.

GENDARME: Hablo.

COMISARIO: Pronto.

GENDARME: No puedo.

COMISARIO: ¿Por qué?

GENDARME: ¡Tengo miedo!… ¡Ahí está!

COMISARIO: ¿Quién?

GENDARME: ¡Ahí! ¡Es terrible!

COMISARIO: ¿Dónde?

GENDARME: ¡Abráceme, jefe! ¡Me muero!

COMISARIO: Repórtese.

GENDARME: Presente.

COMISARIO: ¡Firmes!

GENDARME: No sé firmar, jefe.

COMISARIO: ¡Tieso, entonces!

GENDARME: Se me doblan las rodillas, no puedo ponerme tieso.

COMISARIO: ¿Qué falta de disciplina es ésta?

GENDARME: Jefe, no es falta… ¡es sobra!

COMISARIO: ¿Cómo sobra?

GENDARME: Sobra de miedo.

COMISARIO: ¿Pero miedo a qué, con mil demonios?

GENDARME: Miedo a eso…

COMISARIO: ¿A qué, condenado?

GENDARME: Al… al… ¡al Chivo Brujo!

COMISARIO: ¡El Chivo Brujo!

GENDARME: Si, jefe, el mismo.

COMISARIO: Pero ¿cómo no me lo habías dicho antes, zoquete?

GENDARME: Pues cómo, el miedo no me dejaba hablar…

COMISARIO: ¡Qué horror!

GENDARME: ¡Qué miedo!

COMISARIO: Hay qué hacer algo…

GENDARME: Sí, jefe, hay que hacer algo… Yo ya me hice.

COMISARIO: ¡Cochino! ¡Cállese!

GENDARME: Me vuelve a callar… (Entra corriendo un CHAMACO.)

CHAMACO: ¡Ahí está ya!… ¡Ya llegó!

COMISARIO: ¿Quién está? ¿Quién llegó? ¿A dónde?

CHAMACO: Aquí, al pueblo… ¡Ya llegó el Chivo Brujo!

COMISARIO Y GENDARME: (A un mismo tiempo.) ¡El Chivo Brujo!… ¡Ya está en el pueblo!

(Vuelve a salir el CHAMACO.)

 

ESCENA TERCERA

COMISARIO Y GENDARME

 COMISARIO: El Chivo Brujo en la ciudad, en el pueblo, en los caminos, en los patios, en las casas, en las vecindades, en los barrios… ¡Aquí!

GENDARME: (Saltando espantado.) ¡Aaaaaquí! ¡Aaaay, jefe, jefecito!… COMISARIO: ¡Qué jefecito, ni qué calabazas!… ¡Muévase! ¡Ándele! ¡Pronto! ¿No ve que hay que organizar el ataque?

GENDARME: Sí… síííí… ¡Hay que organizar el ataque… pero yo…!

COMISARIO: ¡Tú qué!

GENDARME: Yo… yo… no, nada jefe… que yo estoy dispuesto.

COMISARIO: Pues a alinearse. ¡Firmes! ¡A numerarse por la derecha!

GENDARME: ¡Uno!…

COMISARIO: ¿Ya están todos?

GENDARME Todos, jefe…

COMISARIO: Pues deeefrenteeete! Marchen!… (Entra rápidamente el CHAMACO)

CHAMACO: Ya el Chivo Brujo mató a cinco y se comió a ocho… (El GENDARME Comienza a correr de un lado para otro, el COMISARIO hace otro tanto y el CHAMACO los sigue a los dos gritando.) Sí, sí… ocho gentes… dos viejas, cuatro chamacos como yo, tres hombres, un manco, un sordo y un burro… (Vuelve a salir corriendo.)

COMISARIO: ¡Un burro! ¿Qué vamos a hacer?… (Al GENDARME) Y usted qué hace… ¡Por qué no organiza el ataque!… ¡Qué espera! ¿Qué miedo es ése?… ¿No le da vergüenza?

GENDARME: No, jefe, y ¿a usted?…

COMISARIO: Tampoco… ¡digo! ¡Firmes! ¿No ha oído que firmes?

GENDARME: Bueno, ¡firmes! (El COMISARIO pasea nerviosísimo.) Oiga. jefe…

COMISARIO: No oigo… (Pausa.) Bueno, sí voy a oír. ¿Qué?

GENDARME: Este es un negocio grave, ¿no le parece, jefe?

COMISARIO: Ya lo creo, ¡gravísimo!

GENDARME: Y usted dijo que se ganaba cien pesos el que aprehendiera al Chivo Brujo.

COMISARIO: ¡Si señor, al contado!

GENDARME: Oiga, jefe, quiero decirle una cosa…

COMISARIO: ¿Cuál?

GENDARME: No se la puedo decir fuerte.

COMISARIO: A ver dímela al oído. (Después que el GENDARME le ha hablado al oído) ¡Eso es cohecharme!

GENDARME: ¡Cincuenta Trompuditos por cabeza!

COMISARIO: Eso tiene pena en el código. El código dice en su artículo 393 que el delito de cohecho se castiga con cárcel. ¡Estás arrestado!

GENDARME: Gracias, jefe.

COMISARIO: ¡Cómo gracias!

GENDARME: Si, ya no tengo que salir a cazar al Chivo Brujo. No puedo… ¡Estoy arrestado!

COMISARIO: Entonces, te levanto el arresto. Estás libre provisionalmente. GENDARME: Pero así falta usted a su deber, jefe… y el artículo 642 del código, dice que el funcionario que faltase a su deber tendrá pena pecuniaria… que es la que más duele.

COMISARIO: ¡Insolente! Lo que haces es insubordinárteme.

GENDARME: Pues bueno… sí, me insubordino…

COMISARIO: ¡Ah, sí!

GENDARME: Renuncio a mi cargo. Aquí está mi pistola.

COMISARIO: Yo también renuncio…

GENDARME: Nomás que usted sí que no puede renunciar, jefe…

COMISARIO: Cómo, no puedo, ¡me canso!

GENDARME: ¿Ante quién renuncia, vamos a ver?

COMISARIO: Ante ti… Te habilito de categoría. ¡No faltaba más!

GENDARME: Bueno, así, sí…

COMISARIO: Te presento mi renuncia con carácter de irrevocable…

GENDARME: ¿De qué dice?

COMISARIO: De i-rre-vo-ca-ble.

GENDARME: ¡Ah… si… si… ya sé! (Entra nuevamente el CHAMACO corriendo.)

CHAMACO: ¡Ya… ya… llegó el Chivo Brujo a la manzana… y se anda metiendo en las casas! (Vuelve a salir como entro)

GENDARME: ¿Ya lo ve, jefe…? ¿Cómo no puede el pueblo quedarse sin representante de autoridad? Ahora que ya no es usted jefe, le nombro gendarme para que no se quede sin hueso.

COMISARIO: Buena idea. Te acepto tu renuncia y te nombro comisario… y ahora tú eres quien tiene toda la responsabilidad… Yo me lavo las manos…

GENDARME: Usted no se lava nada… que yo no estoy aquí pintado… ¡No faltaba más! Ahora yo puedo mandarte. A ver. ¡Firmes!

COMISARIO: ¡No sé firmar!…

GENDARME: ¡Quieto entonces!

COMISARIO: Ahora que tú eres el jefe, te diré que este asunto es de tu competencia. Los asuntos delicados los arreglan los jefes…

GENDARME: Es verdad. Pero para que veas que quiero distinguirte, delego en ti toda mi autoridad, ve pues en busca del Chivo Brujo.

COMISARIO: Por mi experiencia de antiguo jefe, te digo que vale más obrar mancomunadamente.

GENDARME: Es cierto, por eso, ve tú adelante, yo iré detrás.

COMISARIO: No. Tú por ahí y yo por aquí…

GENDARME: Y el que atrape al Chivo Brujo, se lleva los cien pesos.

COMISARIO: Pero recuerda lo que me dijiste.

GENDARME: Es un delito el cohecho.

COMISARIO: El artículo 935 dice que es delito cuando se hace con dolo y aquí se ve que lo propones con espíritu de justicia por mi abnegada cooperación, vamos… GENDARME: Vamos… (Sale cada quien por su lado y a poco vuelven a entrar disfrazados los dos de Chivo Brujo, Chocan, se voltean y se pegan los dos persiguiéndose. Aparece en primer término una bolsa con los cien pesos. Los dos se abalanzan y caen sobre ella.)

COMISARIO: Caíste en mi poder chivo maldito. ¡Gané mis cien pesos! Con esta estratagema, caíste.

GENDARME: Tú sí que has caído en mi poder, pillo… sinvergüenza.

COMISARIO: (Reconociendo al GENDARME.) ¿Eres tú?

GENDARME: Sí, yo; tu mero jefe. Deja ese dinero.

COMISARIO: El jefe soy yo.

GENDARME: No. Los dos somos jefes…

COMISARIO: Pues los dos vamos a repartirnos el dinero… (Entra el auténtico CHIVO BRUJO como una exhalación)

CHIVO BRUJO: Brrr… Brrr… Brrr… Brrr…

GENDARME: ¡El Chivo Brujo!… ¡Ayy, perdón!

CHIVO BRUJO: Brrr… Brrr… Brrr… Brrr…

COMISARIO: ¡Ay, ay, ay, ay!

GENDARME: ¡Ay, ay, ay!

CHIVO BRUJO: Suelten el dinero.

COMISARIO: El Chivo habla.

CHIVO BRUJO: El Chivo habla… si… porque soy el alcalde. (Se descubre.) ¡A la Cárcel por bandidos! ¡Usted como jefe dos años…, usted como gendarme, un año!

COMISARIO: El jefe ahora es éste.

GENDARME: No. El jefe sigues siendo tú.

ALCALDE: Entonces, dos años a cada uno como jefes…

COMISARIO Y GENDARME: ¿Y el dinero?

ALCALDE: El dinero, para los niños. (Arroja dulces a los niños.)

 

TELÓN

 

Continuará la próxima semana…

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