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Santiago Sierra
Las hijas primorosas del suelo mexicano,
las que en sus ojos tienen el fuego del amor,
luceros de oro y nácar de brillo soberano
derraman en sus huellas de etéreo resplandor.
Luceros son que animan del bardo las visiones,
que surgen entre auroras de aparición ideal,
y vuélvense al arrullo de cándidas canciones
ondinas vaporosas del cielo tropical.
¡Purísimas vestales! Venid; vuestra alegría
es hálito de rosas que da la juventud;
cuando miráis vosotras, de envidia muere el día,
cuando reís vosotras, sonríe nueva luz.
Venid, sois las espumas que brotan del Atlántico
y en perlas transfiguran las conchas de la mar;
venid, que son las notas de mi inacorde cántico
las conchas que os ofrecen su misterioso altar.
Las flores dulce néctar esconden en su esencia
que aliento da a la brisa y al pájaro cantor;
pues sois las flores perlas que animan la existencia
verted vuestros perfumes, incienso del Pudor.
Brindemos entusiastas; las copas espumosas
al labio aproximando…; qué dulce es el licor…
Brindemos… por vosotras, primaverales rosas
que dais en vuestro aroma las dichas del amor.
Violetas. Periódico Literario. Tomo I. Veracruz, Imprenta del Progreso, 1858, p. 34.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























