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En la actual era de la inclusión forzada, será interesante ver el tratamiento que darán a Ava Gardner en la serie que Netflix ha confirmado sobre la vida de Frank Sinatra, pues Ava, si bien fue una de sus esposas, fue la única a la que nunca pudo someter.
Con Ava se rompió el estereotipo de la mujer abnegada, además se declaraba atea, siempre tuvo claro que haría lo que le apeteciera, sin permitir jamás que ningún hombre la controlara. Así vivió su sexualidad: decidiendo ella cómo, cuándo y con quién; así decidió también romper su contrato con la Metro Goldwyn Meyer tras 20 años siendo su principal estrella en 1957. Le encantaba fumar y también tomar, por ello decidió abortar en 2 ocasiones, por considerar que su vida era demasiado caótica como para criar a un niño.
Ava Gardner nació en 1922, logrando un palmarés con más de 60 películas, siendo de las más destacadas “La noche de la iguana», «Muerte en el atardecer», «La casa encantada», «Mundos opuestos», «La condesa descalza» y «55 días en Pekín», filmes donde esta mujer irradia una belleza y sensualidad inimitables.
Si bien desde la década del 40 ya era una artista famosa, fue en los 50 cuando se convirtió en la estrella de Hollywood más fotografiada y deseada del mundo.
Quienes han leído sobre Frank saben que estuvo casado con Ava seis años, a partir de 1951. A la diva le encantaba Madrid, donde vivió una intensa época entre los años 1953 y 1967. Durante la etapa que estuvo casada con Frank, generalmente viajaba sola, mientras este cantaba en Las Vegas, reuniéndose cuando sus agendas lo permitían. Ella sabía de las infidelidades del artista, uno de los principales prototipos del macho por excelencia. Así que ella no encontró problema en pagarle con la misma moneda, deslumbrándose por el torero Luis Miguel Dominguín. La depresión por el rompimiento con su amada le propició al cantante tal depresión que lo llevó a cortarse las venas, mientras se sumergía en el alcohol.

En 1955, Ava Gardner se mudó a la capital de España, donde le encantaba visitar Lhardy, la Mallorquina, la chocolatería San Ginés, el Café Comercial, la tienda de Loewe de la Gran Vía, Las Ventas y el Rastro. En un piso de lujo en la zona más privilegiada de la capital ibérica experimentó muchas aventuras sexuales. Varios militares la visitaban con frecuencia, aunque también jóvenes, para dar forma a juergas, romances y escándalos.
Ava aseguró en su autobiografía que vivió su peor etapa de 1957 a 1963, cuando decidió abandonar Madrid: su alcoholismo se había disparado con aquellas interminables fiestas. Padeció neumonía, lupus eritematoso y alveolitis fibrosante, muriendo el 25 de enero de 1990, en su casa de Londres.
RICARDO PAT





























