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IV

Quiero una mujer así, joven, discreta,
no muy alta, ni flaca, ni bonita.
De todo regular. No soy poeta.
Que se vista como una castellana:
recatado el escote, falda honesta,
y que luzca altivez de soberana.
Que sepa descoser el alma mía,
volverla de revés, quitarle manchas,
y hacer mi vida clara como el día.
Que me perdone todas mis diabluras,
que no acostumbre el cine los domingos
y no quiera estudiar literatura.
Que sepa cocinar. Hacer milagros
con el poco dinero que me gano
pensando en verso y trabajando en prosa.
Y por cima de todo que me tenga,
cuando me mire derrengado y triste,
un amor parecido al de mi madre.
Urgente. Pago bien: mi vida entera,
mi corazón, mi fe, mis altiveces.
De contado o a plazos. Como quiera.
II.- Retrato
Yo soy huraño, flaco, decidido.
Corre en mi sangre una gotita loca.
Me soñé vencedor, y soy vencido.
No he llegado a los treinta. Tengo canas.
Mi corazón –la cicatriz que canta–
y ojos lavados con mi llanto alegre.
Gusto la soledad, la nicotina,
hablar solo, escribir, soñar un poco,
y doña neurastenia, es mi madrina.
Perseguidor del verso y de la fama,
soy capaz de matar por un lucero,
soy capaz de morir por una dama.
Miguel Ángel Menéndez
Continuará la próxima semana…





























