Amenazas y Chantajes (III)

By on octubre 24, 2019

Perspectiva

III

A los chantajistas secuestradores de autobuses y conductores de la Normal de Michoacán mencionados en la aportación de la semana pasada se sumaron esta semana un gremio de trabajadores de PEMEX que bloquearon la avenida Marina Nacional, otro grupo de normalistas michoacanos que ahora bloquearon ooootras vías federales –ahora las del tren– para conseguir plazas a su gusto, y un grupo de pepenadores que bloqueó varias casetas en carreteras federales.

Y aún no cierra la semana.

Todos ellos han comprendido que poner de rodillas al gobierno de México, y conseguir por estos medios de chantaje lo que sus líderes les instruyen pedir, es relativamente fácil, indoloro y sin consecuencias de ningún tipo dada la inacción de las autoridades, escondidas bajo su (ahora sí cabe el adjetivo) mal llamada “estrategia” de No Agresión, que expuse la semana pasada.

Ni siquiera hablemos en detalle del penoso incidente en Culiacán sino tan solo para dejar en claro que nada de lo que sucedió, que luego se disfrazó de humanismo y amor a la paz, nada hubiera sucedido si tan solo el fallido operativo hubiese sido consensuado a priori con los verdaderos expertos en ese tipo de operaciones, en vez de ir a picarle la cresta en su casa a uno de los más peligrosos individuos relacionados con el narcotráfico, exponiendo a toda la población durante el desarrollo.

Toca el turno al tercer mecanismo de amenazas y chantajes que hemos visto en boga en recientes semanas, y este es el que esgrime el gobierno de la 4T. Para muestra, dos botones: el ex Magistrado Medina Mora y el ex líder petrolero Carlos Romero Deschamps.

Comienzo por dejar en claro que los dos me parecen nefastos desde su origen, y también en su accionar durante su trayectoria en la farándula política. Como decimos aquí en Yucatán: “Vaya bien”. No los extrañaremos ahora que se fueron.

Y sin embargo…

No deja de llamar la atención que ambos tendieron sus respectivas renuncias ante la amenaza de las autoridades de investigación fiscal de la nación de congelarles su dinero, al informarse urbi et orbi que ambos estaban siendo investigados por operaciones fraudulentas con dinero cuyo origen les costaría explicar, involucrando a sus respectivas familias en el proceso.

Ninguno de los dos denostados y vilipendiados personajes quiso enfrentar a la Ley, acordaron su salida, renunciaron, y se dedican ahora alegremente a gastar los frutos de sus esfuerzos, o al menos eso parece, porque mágicamente se dejaron de mover los expedientes con los que fueron amagados.

Reitero: ambos desmerecían el puesto que ocupaban, el oprobio es una etiqueta que les seguirá donde vayan, pero a ninguno de ellos le han fincado responsabilidades, ni se ve para cuándo lo hagan.

La agenda mañanera del presidente los ha cubierto con un muy sospechoso manto de silencio después de sus respectivas renuncias, el mismo que descendió para proteger tanto al muy expuesto terrateniente y capitán de negocios Bartlett, como al ex presidente Peña Nieto y varios de sus funcionarios en Pemex, abrumados por las pruebas que exponen sus cochupos y que un valiente grupo de periodistas publicó, presentando ineludibles evidencias que aún esperan ser convertidas en instrumentos de la Ley.

Qué curioso resulta que las investigaciones de las autoridades que se encargan de ello se queden tan solo en eso: en investigaciones, y no fructifiquen y se conviertan en demandas en las que se exponga la verdad y se exija la reparación del daño al erario, encarcelando a quien se encuentre culpable, dejando en claro que el imperio de la Ley es el que regirá a la 4T.

¿Acaso no resulta sospechoso que todo lo relativo a la corrupción en este naciente sexenio se esté dando de esta manera, y que hasta ahora la única persona a la que han aprehendido, aunque sin exponer aún las evidencias en que se basaron para hacerlo, sea Rosario Robles, a pesar de que el peso de las evidencias que ya existen apunte a personas que estuvieron encumbradas en el sexenio anterior?

Lo cierto es que la mayoría de los políticos que conforman la 4T, incluyendo al actual presidente de México, tienen historias truculentas en su pasado: ninguno es una inocente palomita, ninguno de ellos tiene limpio el plumaje. Todos, de una manera u otra, provienen de los mismos institutos políticos que ahora denuestan y llaman sus “adversarios”, en donde aprendieron toda clase de triquiñuelas, legales e ilegales.

Desde esta perspectiva, ¿seremos en verdad tan ingenuos como para no darnos cuenta de que no es sino otra forma de chantaje esto de presionar con congelar cuentas propias y de familiares, amagar con revelar lo que han localizado en sus expedientes las autoridades financieras mexicanas, a menos que se haga lo que ellos indiquen, aunque después no se acuse formalmente?

¿Cuántos más –políticos, líderes de todo tipo y hasta capitanes de industria– poseen carpetas similares y, por lo tanto, están en la cuerda floja, deberán alinearse y cuadrarse con la 4T, so pena de que les apliquen la misma táctica?

Muchas espadas de Damocles penden sobre las cabezas de aquellos que no se alineen; esa es la viciada naturaleza de nuestra clase política desde el siglo pasado. Todas las mañanas el presidente cuelga más.

Observemos si habrá un desenlace que nos haga creer que los vientos de renovación moral son verdaderos y no simples chantajes.

Esto no ha finalizado.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

 

 

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