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Durante dos días seguidos, el Centro Municipal de Danza fue sede del Sexto Festival de los Beatles en Mérida. Se vivieron jornadas llenas de buena música y color, iniciando el sábado 21 de febrero con una buena respuesta de fanáticos de la obra de los 4 fabulosos de Liverpool. Las actividades continuaron el domingo 22, a partir de las 3:30 de la tarde, con una menor afluencia de asistentes debido en gran parte al frente frío que llegó acompañado de lluvia precisamente por la tarde; esto no impidió que el ánimo se disparara durante el concierto de cierre.
Fue un evento cien por ciento familiar, incluyendo talleres como el dedicado a los niños bajo el nombre de «El Submarino Amarillo y el Pulpo», una conferencia sobre el impacto de Los Beatles en México a cargo de Fernando Toledo, director de Ruck On y entusiasta promotor cultural.
También se contó con varios puestos de venta de playeras, tazas, discos, revistas y todo tipo de memorabilia dedicada a los cuatro fabuloso de Liverpool: John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr, sin olvidar una exposición dedicada a George Harrison, personaje central de esta sexta edición.
Sin duda, el plato fuerte fueron las actuaciones de las tres bandas que compartieron sus versiones de canciones clásicas.
The Blackbirds son un trío acústico que imprime un sonido y estilo lleno de confianza y seguridad de parte de sus integrantes, con las voces de Miguel Ángel Rangel y Fidel, acompañados por Omar Camargo. A continuación, Revolver presentó el lado más juvenil del evento, comandados por Oscar Herrera, este sexteto con dos guitarras, bajo, batería, teclados y coros femeninos interpretó su colección de temas con un marcado entusiasmo. Cerró la velada The Trippers, con Luis “Talibán” Góngora en voz y teclados, Omar Camargo en batería, Geovanni Armenta en bajo y coros, y un guitarrista del que no obtuvimos el nombre al llegar tarde al evento. Impuntualidades aparte, el grupo imprimió mucho entusiasmo y fuerza a sus labores, siendo el grupo que sonó más pesado; sobresalió principalmente el psicodélico tema “I Want You” y el heavy “Helter Skelter”, donde quizá el sonido de la bataca se elevó un poco más de lo adecuado.
Rigel “El Kaskep” Solís, a cargo de la conducción del concierto, acompañó al organizador general, David Ávila Montalvo, a entregar diplomas de participación.

Tras aquella primera exitosa jornada del sábado 21, llegamos al domingo 22 con un programa muy interesante: el Mini taller para niños “El submarino amarillo y el pulpo” (Auditorio), las actividades paralelas y servicios como los juegos en el lobby como la Lotería, rompecabezas, bingo y “Gánales a los Blue Meanies”, todo esto complementado con la venta de souvenirs y memorabilia. Por supuesto, mención aparte merece la interesante exposición dedicada a George Harrison, que incluyó una figura a escala real del homenajeado músico británico.
Este día, el grupo abridor fue Green River, destacando Alex Palma en los teclados y coros, Rubén Arias en guitarra y voz, y Omar Castro en batería, demostrando la experiencia que les otorga una merecida reputación. Estupendo su efectivo cover del tema “Con una pequeña ayuda de mis amigos” en la versión que hiciera famosa Joe Cocker. A continuación, estuvieron los muchachos de Flying Cerdo, que se escucharon muy ensayados, sincronizados, evidentemente nerviosos, pero felices al demostrar que, además de su propuesta original, eran capaces de retratar la música de los melenudos de Liverpool.
Durante la presentación se compartió con la audiencia la triste noticia de que Yanina y Rachel no se presentarían para el cierre debido a un infortunado fallecimiento. El fuerte aplauso en honor de las hermanas Molina resultó sumamente emotivo.
La Caverna, integrada por los hermanos David y Roger Ávila en bajo y voz y guitarra respectivamente, Miguel Ángel Rangel en guitarra y voz, Luis Góngora en teclados y coros, y Omar Camargo en batería, hizo patente su experiencia, interpretando canciones de Los Beatles, algunas escritas por George Harrison que no habían interpretado antes. Conscientes de que debían recompensar al público, extendieron su actuación, tocando algunos temas extras, incluyendo dos a petición de los asistentes que bailaron y acompañaron con sus palmas: “Roll over Beethoven” y “I Saw her standing there”.
Al final, solo resta analizar el alcance de este evento que, repito, fue cien por ciento familiar. Abuelos, padres, hijos, amigas, novios, roqueros de pelo largo, acudieron para disfrutar de una experiencia única que conjunta mucha de la magia que cuatro talentosos músicos lograron crear y que se mantiene vigente de generación a generación.
¿Cuál es mi reflexión?
Eventos de la calidad de este festival deberían ser más continuos en sedes como este Centro Municipal de Danza, ubicado en la calle 25 No. 152, del Fraccionamiento Mulsay I, ya que las intervenciones musicales se escuchan muy bien en el Teatro Valentina Shestakova de este mismo recinto. Es una pena que lugares tan bonitos no estén cobijando esfuerzos tan lindos como este. Sería muy interesante que las autoridades municipales entiendan que, mientras más artistas emergentes puedan usar este y otros recintos, mayor será el impacto cultural, con todos los beneficios sociales que eso implica.
Enhorabuena y que sigan los éxitos.
RICARDO PAT





























