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Cristina Farfán
Quisiera amiga, sin turbar tu dicha,
gloria y honor cantar a tu renombre;
mas… ¿qué puede mi lira destemplada
con lo grande y sublime de tu nombre?
Dulce cantora de mi hermosa patria,
poetisa singular: tu numen solo
ha llenado tu frente de laureles
esparciendo su luz de polo a polo.
Tú en el templo de Apolo protegida
de Polimnia, Melpómene y Erato,
con tu lira y tu voz, tierna cantora,
dejas al corazón recuerdo grato.
Ya se eleve sonora hasta los cielos
ensalzando a Dios el poder santo,
ya descienda hasta el seno de la tierra
cantando a su belleza y a su encanto.
Ya cantes, dulce amiga, de las aves
el trino alegre, amante y melodioso,
ya el tierno murmurar de mansas auras,
ya del mar lo azulado y bullicioso.
Siempre grandes, sublimes, tus cantares
hallarán por doquier siempre la gloria,
y tu nombre con letras indelebles
se encontrará en el libro de la historia.
Sigue pulsando tu armoniosa lira,
sigue cogiendo lauros a millares,
sigue, que el mundo al coronar tus sienes
aplaudirá tus mágicos cantares.
Mérida, noviembre de 1870.
La Siempreviva. Revista Quincenal. Órgano de la Sociedad de su Nombre. Bellas Artes, Ilustración, Recreo, Caridad. Redactada Exclusivamente por Señoras y Señoritas. Mérida, año I, núm. 14, 2 de diciembre de 1870, pp. 1-2.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























