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XXIV
CANCIÓN
Como una ligera pluma
que encerrara en su intensa blancura
toda la parsimonia de un pasado
difícilmente compartido.
Como una pluma
arrojada a las alturas por el golpe
sereno del tiempo,
se levantan por sobre las espaldas
de los vigorosos árboles
unos aires extraños y melódicos.
Es la canción adormecida,
perenne, del adiós supremo,
la que encadena las dos caras
de una continuidad
que ha sido rota por el tiempo.
Sus espacios íntimos tienen
la transparencia de esas noches
vacías
a la orilla del mar.
Su ritmo me recuerda la fatal,
la más triste de todas las ausencias.
Su deshilvanada recurrencia
viene a llenar el agujero
que dejaron en esta aguda roca
aquellos oníricos hombres de maíz.
Juan Duch Gary
Continuará la próxima semana…





























