Inicio Cultura Transición

Transición

9
0

Visitas: 2

Letras

Jorge Pacheco Zavala

Se había reconciliado consigo mismo apenas avanzó el día.

Puso los pies sobre la tierra y hundió su pesado trasero en la vieja silla de su abuelo. Miró su pasado y su alma se llenó de desasosiego. Notó cierta incomodidad al ver su circunstancia, marchita y decadente, incluidos los molestos ratones que iban y venían como propietarios territoriales, y qué decir de aquel grupo de cuervos intrusos que durante horas habían desfilado para confundirse con el negro de su tejado.

El mensaje en la radio no era alentador: el mundo entero colapsaba por causa de la caída de las bolsas internacionales; él, que de bolsas no sabía nada, comenzó a cabecear mientras una ligera lluvia refrescaba la árida tarde…

En su sueño, miles de hombres se agrupaban para beber agua, al menos un poco de agua. Algunos daban su sangre a cambio de una diminuta botella de agua. El aire era denso, espeso, había perdido su valor, se respiraba como a sorbos y solo por la boca.

Ahí, en aquel mundo onírico, la muerte era un bien preciado; para tenerla había que pagar cuantiosas sumas de dinero, de modo que no todos tenían el derecho legal de dejar de existir. La muerte, esa figura tan temida, ahora escapaba para no ser perseguida, atormentada, atrapada.

Cuando despertó de su turbulento sueño, notó que la lluvia que había caído no era agua, sino ácido que consumía lo poco que quedaba en la tierra.

Se limpió las ropas. Al hacerlo, tirones de piel se desprendieron con la prenda.

Ahí, expuesto ante la llegada de la noche, se descubrió sangrante , de sus carnes brotaba un líquido espeso y amarillento que parecía inagotable.

Ante tan ruin condición, se dijo: «Volveré a dormir, tal vez del otro lado pueda descansar…»

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.