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Temporada de Huracanes

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Andrea primero, ahora Barry, los primeros dos en la lista de la temporada 2025 de huracanes en el Atlántico, que inició el 1o de junio, presagian un muy activo verano y otoño en nuestra península.

Si bien no dejan de representar peligro, principalmente por los efectos de las ráfagas de viento, la descarga de agua pluvial que normalmente acarrean nunca dejará de ser bien recibida en chultunes o cenotes, tinajas o cisternas, ni por la agobiada Naturaleza que cada vez pierde más espacios ante los embates del “progreso”.

Por otro lado, los huracanes también permiten determinar el grado de preparación de todos los niveles de gobierno (municipal, estatal y federal) desde los primeros momentos que se declara la emergencia hasta la respuesta ante los daños que hubiera dejado el meteoro.

Acapulco, por ejemplo, amén de los agobios que sufre asociados al narcotráfico, no ha logrado levantarse por completo del efecto de Otis y John en 2023, y Erick volvió a causar afectaciones en ese puerto hace unas semanas, mientras nuevas acusaciones de malversaciones de fondos atribulan a su reelecta presidenta municipal.

En nuestra Mérida, con las lluvias que han caído recientemente, el “frijol colado” (inmortal adjetivo nacido en los tiempos del gobierno de la alcaldesa Ana Rosa Payán) que se ha usado en muchas de las calles como relleno ha sido lavado y, por consiguiente, los baches han regresado.

Diferentes microclimas se han generado en nuestra ciudad ante el embate progresista que ha sacrificado legión de zonas verdes y árboles, reemplazándolos por asfalto y unidades habitacionales. Por ejemplo, los habitantes de Las Américas, en Dzityá, reportan inundaciones mientras en las zonas del Centro de la ciudad apenas llueve.

¿La diferencia? Aquellos aún están cerca de las pocas sobrevivientes zonas de selva, mientras que estos habitan en el primer cuadro de la ciudad y han visto desaparecer jardines, árboles, parques, ante la excusa de una mayor movilidad (sí, hablamos del IETRAM y la hecatombe ecológica que acarreó) o, reciente ejemplo, debido a un rediseño que nuestra Plaza Grande nunca necesitó.

Las recientes grandes ideotas de los gobernantes de los tres niveles dejan mucho a deber a los ciudadanos, pero no a los que han “administrado” (es un decir) los fondos para estos proyectos que nunca fueron consensuados o analizados a profundidad antes de emprenderlos: todos esos cuestionables personajes gozan de cabal salud económica, cobijados por la sábana de impunidad –que cada vez los cubre menos, revelando por otro lado cada vez más desvergüenza, cinismo y desfachatez– que nuestra clase política se ha tejido desde que nació nuestra República.

La Naturaleza se apresta a verificar cuán preparados estamos en esta incipiente temporada de huracanes. Que todo sea con bien para todos.

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