Inicio Cultura Social, Inolvidable Revista Cubana

Social, Inolvidable Revista Cubana

15
0

Visitas: 4

ATISBANDO EN EL RECUERDO

SOCIAL, REVISTA, VOLUMEN II, N° 12, LA HABANA, 1917

JOSÉ RUIZ ELCORO E HIRAM GARCÍA

Cuando el musicólogo José Ruiz Elcoro me envió esta portada de la Revista “Social” de La Habana, me transportó a mi hogar en la Ciudad México, cuando mi madre me hablaba de La Habana, sus vacaciones en la isla cubana, sus recuerdos; esto fue a finales de los años treinta. Me contó de cuando estudiaba medicina en la Universidad de Albany en Nueva York, con su amiga y compañera cubana Libia Fernández del Castillo y cómo una de sus satisfacciones fue volver a La Habana en su vejez. Escribió desde ahí tres artículos para el suplemento cultural “Diálogo” de Diario del Sureste antes de cumplir 80 años: “Mi juventud en el río Almendares”, “Mi último viaje a Manzanillo” y “El Malecón y el Morro en mi vida”.

Algunos ejemplares de “Social”, “Carteles” y “Bohemia”, los conservó mi madre como una reliquia y parte de su vida, heredándomelos.

Con la pandemia, pude hacer una reclasificación de mi biblioteca, regalando una buena colección de libros temáticos –que ya no pude volver a leer por mi disminución visual–, mismos que entregué a la Casa de los Libros “José González Beytia”, al Grupo Liberal “Fraternidad y Justicia”, al “Colegio de Músicos de Yucatán”, a mis amigos de la Academia Liberal de Yucatán”, y hermanos masones. Aún tengo cinco cajas sin entregar, con destinatarios, pero no han venido a recogerlos.

Social fue la revista cubana por excelencia en aquella época, consolidaba su fama y aseguraba la fidelidad de los miles de lectores que asiduamente la perseguían en los estanquillos. La revista mensual ilustrada Social salió a la calle por primera vez el 25 de enero de 1916.

En la última edición correspondiente a 1925, la revista mensual ilustrada Social, que siempre se caracterizaba por sorprender gratamente a sus lectores, anunció una sorpresa mayúscula: la publicación a partir del siguiente número de una novela policiaca por entrega en doce capítulos.

Algunos pensaron que era una broma de fin de año. Otros, conocedores de los vínculos de la revista con el llamado Grupo Minorista, al cual pertenecían el propietario de ella y su Director Literario, además de sus más asiduos colaboradores, se aprestaron para la sorpresa.

Llegó 1926 y, con él, el inicio del folletín. En la sección «Notas del Director Literario» se aclaraba: «Conforme ofrecimos en el número anterior, empezamos a publicar en este la novela “Fantoches”, que ha de ser escrita por doce escritores cubanos, e ilustrada por doce dibujantes».

El primer capítulo correspondía al novelista Carlos Loveira, autor de “Los inmorales” (1919), y Generales y doctores (1920), entre otras obras célebres de la época. Por él se supo que el protagonista, un joven conocido por Cartayita, al acudir al muelle a despedir a su novia, la halla herida o muerta en un auto.

Con febrero vino también el periodista y escritor Guillermo Martínez Márquez y un flashback no exento de costumbrismo que nos remonta al pueblo imaginario de Yaguaramas, donde Cartayitas y su novia iniciaron el romance.

A la vez se enreda la trama, pues a los dos sospechosos por infligir heridas (¿mortales?) a la muchacha que Loveira había señalado en el primer capítulo, Martínez Márquez les agrega otro.

Y continuó la novela en cada entrega. En un suceso inédito en el mundo editorial cubano, muchos lectores se disputaban cada nuevo número solo para ver adonde los llevaba la trama, que se iba enredando con nuevos personajes, algunos de ellos los mismos autores del folletín enmascarados en anagramas.

Alberto Lamar Schweyer, Jorge Mañach, Federico de Ibárzabal, Alfonso Hernández Catá, Arturo Alfonso Roselló, Rubén Martínez Villena, Enrique Serpa y Max Henríquez Ureña redactaron los siguientes capítulos. Emilio Roig, en la oncena entrega, introduce un nuevo sospechoso: el novelista Miguel de Carrión.

Tocó a Carlos Loveira, en la última entrega (diciembre de 1926), desenredar la madeja y darle un final coherente a la novela. Social, la revista cubana por excelencia en aquella época, consolidaba su fama y aseguraba la fidelidad de los miles de lectores que asiduamente la perseguían en los estanquillos.

La revista mensual ilustrada Social salió a la calle por primera vez el 25 de enero de 1916. Desde ese primer número tuvo como director a Conrado W. Massaguer, quien además fungió como su principal ilustrador gráfico y caricaturista. En “Diálogo”, el suplemento cultural de Diario del Sureste, del cual era el responsable, también dediqué dos páginas a este genial caricaturista e ilustrador.

En su primer editorial, Massaguer proclama: «Social será una revista consagrada únicamente a describir en sus páginas, por medio del lápiz o de la lente fotográfica, nuestros grandes eventos sociales, notas de arte, crónica de modas…»

En 1918, el escritor e historiador Emilio Roig de Leuchsenring se incorporó a la edición de la revista, y a partir de 1923 aparece ya en el manchón como «director literario». Bajo su égida se desarrolló la etapa más brillante de la publicación, al brindar sus páginas a lo mejor de la cultura nacional y foránea.

El contenido de la revista se amplió con la presencia de Roig. Aparte del espacio dedicado a la crónica social, aparecieron cuentos, poemas, crítica literaria y teatral, artículos históricos y sobre música y otras artes. Aparte de las ilustraciones de Massaguer, colaboraron los grandes plásticos del momento.

De la cultura universal divulgó, por solo hacer unas cuantas menciones, la obra poética de Lorca, Gabriela Mistral, Lugones, Antonio y Manuel Machado, la ensayística de Alfonso Reyes, la narrativa de Miguel Ángel Asturias y Horacio Quiroga.

Larga es la lista de sus colaboradores cubanos. A los ya mencionados cuando se abordó la novela Fantoches, habría que agregar a Juan Marinello, Agustín Acosta, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Fernando Ortiz, Emilio Ballagas, Regino Pedroso, Raúl Roa y el crítico de cine José Manuel Valdés Rodríguez, entre otros.

Filósofos como Medardo Vitier, historiadores de la talla de Ramiro Guerra, Rafael Estenger, José Luciano Franco, Antonio Iraizos y Emeterio Santovenia, publicaron en Social sus investigaciones y breves ensayos.

Un buen espacio dedicó esta revista a la mujer. No solo en informaciones sobre las frivolidades de la moda, los acontecimientos «de la Sociedad» y el mundo de la farándula. En sus páginas también se reflejó lo mejor de la literatura y el periodismo de la época escrito por féminas.

Colaboraron con Social asiduamente, entre las foráneas, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Juana de Ibarborou, mientras que entre las nacionales brillaron Mariblanca Salas Alomá, Ofelia Rodríguez Acosta y Renée Méndez Capote, por solo mencionar algunas.

Su declive y final fue en agosto de 1933, debido a la crisis económica existente en Cuba y la situación que vivía el país en el ocaso de la tiranía machadita; se suspendió momentáneamente la circulación de Social, reanudada posteriormente en septiembre de 1935, pero sin la presencia de Emilio Roig en la edición de la revista.

Tal ausencia comenzó a hacerse notar: los materiales culturales se tornaron cada vez más escasos y la crónica social de la alta burguesía, con sus frivolidades, ocupó cada vez más espacio.

Social apareció por última vez en diciembre de 1937, el último número consultado por el autor de este trabajo, aunque algunos investigadores aseguran haber hallado referencias sobre una edición correspondiente a abril de 1938.

Con estos antecedentes y algunos ejemplares comprados a los vendedores de libros viejos y revistas de segunda mano de la calle de Infanta, cercanos al Malecón, pude adquirir algunos ejemplares y otros que recibí del amigo escritor Félix Contreras y algunos de “Clave” y “Bohemia”, donde Félix escribió sobre Mérida; una crónica dedicada a Juanita Canché, como campeona de jarana y madre de Armando Manzanero; otra con una entrevista y poemas que hicimos en la “Finca Vigía”, donde terminó sus días Ernest Hemingway.

Este material todavía lo conservo, junto con el Diccionario de la Música Cubana del musicólogo Elio Orovio, a quien hice una caricatura para ilustrar su compañía cuando se inauguró el Salón del Bolero “José Antonio Méndez”. Nos retrató un periodista portorriqueño a Elio, Rodolfo de la Fuente Escalona y al que escribe, a un año de distancia del fallecimiento del compositor durante el Festival Internacional “Boleros de oro” que ahora lleva su nombre y que dirige el Dr. José E. Loyola, en La Habana y subsedes cubanas.

Rodolfo de la Fuente Escalona, Alfonso Hiram García Acosta, Rafael Malave, de Puerto Rico, y Elio Orovio.
REVISTA SOCIAL. Cuba. 1919. Nº 9. 

 

Fuentes

http://www.centronelio.cult.cu/noticia/social-la-revista-cubana

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.