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¿Por qué lloras, niña?
Sus ojos se nublan, su hermoso rostro se deforma, y comienza el amargo llorar, el eterno sufrir de una mujer entregada por completo al amor, apasionada y completamente enamorada de su pareja, de su compañero, su amigo, ese que en tiempos pasados le proporcionó una pasajera felicidad que hoy se nubla por el abandono, el engaño y las falsas esperanzas propinadas por él.
¿Por qué lloras, niña? ¿Por qué has permitido que te arrebaten la sonrisa?
Esas lágrimas que hoy derramas te amargan y te hacen sufrir por un amor que solo tú riegas, que solo tú cultivas, un amor doloroso. Créeme, el amor no es doloroso; es una mezcla de pasión, de adrenalina, de lujuria, perversión, y de ternura, que nos guía y nos conduce a una paz general y una armonía en nuestra vida.
Ese amor enfermizo que sostienes es unilateral. Es un enamoramiento hacia el propio sentimiento del amor. Te corrompen los buenos recuerdos pero, haciendo un análisis costo-beneficio, resultas en números rojos. Es el miedo a lo desconocido, el terror a la soledad, al qué dirán, a darte cuenta de que tienes que volver a empezar.
Ya no llores, mi niña. Mírate al espejo, ese no te va a mentir. Dime: ¿qué ves en él? Déjame ayudarte: ves a una mujer completa, llena de dulzura y amor por entregar, una mujer hermosa digna, merecedora de todo lo que te propongas. No eres esa mujer que tú crees ser, esa mujer derrotada, postrada en una silla, llorando y sufriendo. Apaga ese cigarro, levanta la cara, arréglate el cabello, píntate los labios. Aún hay un camino largo que tienes que recorrer. No permitas que un retazo de ternura que te ofrecen por el día te haga vivir en la esclavitud enfermiza de un dolor recurrente todas tus noches.
La vida se escapa segundo a segundo; no esperes que se conviertan en años. No te aferres; busca lo esencial. Hoy la vida te brinda la oportunidad de salir victoriosa en una batalla que, si la dejas pasar, se convertirá en la peor de tu vida: te consumirá y apagará hasta la última vela de tu amor propio, de tu felicidad y alegría de vivir.
Recuerda que yo siempre estaré para apoyarte, siempre te brindaré un amor verdadero. Te darás cuenta que estos nueve meses pasarán muy rápido, y por fin estaremos juntos tú y yo. Te apoyaré y te cuidaré. Nunca te dejaré sola porque el amor que te tengo, nadie te lo podrá ofertar.
Isaías Solís Aranda





























