Mtro. Arsenio Rosado: Proyecto ejemplar en Abalá

By on diciembre 25, 2014

CACAO-1

Abalá, municipio castigado por los climas inclementes extremos, es referencia obligada de la voluntad que aún existe en las firmes raíces mayas de nuestros antepasados, para seguir adelante en lucha constante contra la adversidad.

Las manos callosas que cultivaron el oro verde de Yucatán y cimentaron la economía de los poderosos jamás han permanecido ociosas. La necesidad  ha forzado la migración a la zona urbana de Mérida, pero el centro poblacional  principal permanece y continúa en espera de mejores tiempos.

En la esperanza de ellos, manteniendo en alto la fe de los niños y jóvenes a través de la cultura, un admirable maestro de artes visuales nacido en Cacao, comisaria de Abalá, ha venido sembrando en las mentes de dos decenas de pequeños, depositando en ellos la semilla de la grandeza que debe originar el florecimiento de su comunidad.

Nos referimos al maestro escultor Arsenio Rosado, nato de Abalá, que vivió en carne propia el alejamiento familiar por razones de angustia económica y ha venido luchando, primero por hacerse un sitio como creador artístico, y después como impulsor de un ambicioso proyecto que ha dado inicio, afortunadamente, en Abalá.

Él nos marca sus inicios formales en Playa del Carmen, Quintana Roo, pero nos menciona que, previamente, por unos tres años aprendió la orfebrería, a la que se sucedieron diseños, técnicas, manejo de materiales como el oro, plata, carey, concha, coral y la gran diversidad que se incluían en piezas únicas, engarces, montajes, etc.

Del dominio del ámbar, concede mucho mérito a las enseñanzas del maestro Pedro Morales de Simojovel, Chiapas, con quien tuvo una relación inmejorable, y un gran aprendizaje que le orientó a radicar, entonces sí, en Playa del Carmen.

La riqueza de las piezas escultóricas mayas, y el conocimiento de la fauna peninsular le atrajeron, y es así como el trabajo creativo en micro pasa a desempeñarse en macro, dejando testimonios en la misma población donde aún está en lugar preferente un venado de su autoría, entre otras piezas.

La difusión de su talento como escultor, como creador de piezas únicas en madera o cualquier otro material manejable, atrajeron visitantes interesados en su sitio de trabajo en Playa del Carmen. Como consecuencia, recibió encargo de trabajos en Canadá donde existen esculturas suyas.  Posteriormente, viaja por los mismos motivos a Holanda, donde cumple tareas semejantes. Ambas estancias fueron ilustrativas para él porque conoció la obra de los grandes artistas europeos de los siglos precedentes y entabló relaciones con homólogos creadores de artes visuales.

Retorna a Playa –nos dice– y viaja a Mérida desde 2007 hasta que, por nostalgia materna de las festividades de la Virgen de la Asunción en Abalá, retorna a su sitio natal donde despierta su conciencia cuando, por circunstancias que se dan, un niño que se encontraba en el parque adyacente a la Iglesia que visitaba tocaba con verdadera entrega un pequeño tunkul, creado por él, que un familiar bajó de la camioneta de su traslado, y que tocó previamente. Su familiar lo hizo mal, pero el niño lo hizo sonar como si lo conociera de siempre.

Ahí se marco el retorno a su tierra. Ese fue el llamado que sus sentidos recogieron y que, desde ese momento, han movido  su corazón para que ese niño, y dos decenas más, fueran seleccionados entre sesenta que querían unirse para aprender en un centro cultural inicialmente respaldado por el entonces comisario Don Julio Mex, mismo que al ver el entusiasmo en la población ofreció un espacio, una casa vacía, para que se establecieran. Hubo que techar con láminas el espacio, y desde eso el proyecto camina. Actualmente cuenta con un modesto apoyo anual de Conaculta –Sedeculta que ojalá fuese suficiente para estimular ese trabajo de rescate e integración social en el taller instalado.

Pero el proyecto no concluye ahí: existe la intención compartida con el Comisario Ejidal de ceder treinta hectáreas para la siembra de Ceiba Maya y la creación de un parque temático, que enmarcaría un monumental paseo escultórico, al que se sumarían la visita a dos cenotes, convirtiendo a la cabecera municipal en un punto para el turismo cultural, aliviando el agobio de la pobreza en esa comunidad. El comisario ejidal Ricardo Chi lo ha considerado y comparte esas ideas.

Rescatar e impulsar a los niños y jóvenes a través de la cultura es relevante. Hacerlo con toda la población sería ejemplar.

Los ciudadanos de Abalá y sus comisarias están puestos para cooperar. Y esperan.

Necesitan con urgencia respaldo a los proyectos iniciados.

Cada niño, cada familia de Abalá y de Cacao está a la expectativa.

 

Luis Alvarado Alonzo

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