Letras y Reflexiones de un Meridano (III)

By on junio 22, 2023

Letras

Tiempo fuerte

 

ESPERANZA DE VIDA

 

6 de agosto de 1998

El inicio de la primavera, pleno de simbolismos, con las señales del equinoccio, que hacen descender entre luces y sombras una serpiente en la pirámide de Chichén Itzá y anticipan la celebración de la pascua judía y la pascua cristiana de resurrección, al término de 40 días de tiempo fuerte, de meditación y de oración, que rememoran el sacrificio del hombre por la redención del hombre y donde se comienza a contar el tiempo de nueva cuenta, antes de Cristo y después de Cristo, me tomó de sorpresa con una noticia inesperada que no pude imaginar: el riesgo inminente de perder la vida.

La manifestación súbita de una severa y peligrosa dolencia renal, me hizo acudir con urgencia a mi buen amigo el Dr. Carlos Beristain Díaz, nefrólogo, quien de inmediato solicitó análisis clínicos y estudios correspondientes, con el consiguiente martirio de agujas y máquinas modernas, que se antojan cámaras de tortura, pero que son de gran utilidad para cuantificar y precisar el daño orgánico y poder recomendar el tratamiento respectivo.

La mayor ventura que alguien puede tener es precisamente contar con buenos amigos y en mi caso personal, muy afortunado, por cierto, con muy buenos amigos médicos, los cuales poseen la doble virtud de honrar la amistad y de ejercer con humanismo su noble vocación.

Con el diagnóstico del Dr. Beristain, acudí entonces a un excelente amigo, el ameritado urólogo Dr. Carlos Humberto Avilés Cuevas, quien al frente del equipo de médicos cirujanos, a cargo del Departamento de Urología del Centro Médico de las Américas, me sometió con éxito a una delicada operación quirúrgica.

Expreso mi reconocimiento y gratitud a dicho cuerpo médico integrado por el citado Dr. Avilés Cuevas, sus hijos Dr. Jorge Carlos Avilés Rosado, cirujano, y Oswaldo Avilés Rosado, cirujano; al Dr. Eric Millet Molina, cirujano; al Dr. Carlos Sáenz Larrache, anestesista y al Dr. William Trejo Castillo, Radiólogo. Gracias a todos ellos y a sus conocimientos y habilidades, actualmente me encuentro en plena recuperación y estoy en condiciones de poder reflexionar, sobre lo que significa la fascinante aventura de vivir.

Conservar la salud y preservar la vida son de las metas más importantes de la sociedad y el fin primordial del ser humano, sin ambas no existe futuro. Tenemos la suerte quienes vivimos en la ciudad de Mérida, de contar con centros hospitalarios y médicos especialistas, de alto nivel en el sector social, como en instituciones privadas.

Durante el presente siglo, los adelantos de la medicina en Yucatán, han sido notables. A su excelente preparación, nuestros médicos pueden añadir las facilidades de las comunicaciones, que hacen posible su permanente actualización, así como las posibilidades de alta especialización en hospitales de la capital del país y en el extranjero.

Gracias precisamente a estas relaciones y a la asociación de la Clínica de Mérida con el Hospital Metodista, de Houston, Texas, mi buen amigo el Dr. Luis Alberto Navarrete Ruiz del Hoyo, me puso en contacto con el Dr. Frank E. Smith y el Dr. Joseph K. Chiu, quienes me sometieron a un largo tratamiento en dicho centro hospitalario, considerado uno de los más adelantados.

Precisamente, por haber sido paciente de un hospital norteamericano, puedo valorar aún más el día de hoy, la gran capacidad y talento de nuestros médicos, puesto que prácticamente los mismos tratamientos recomendados aquí en Mérida, me fueron indicados en Estados Unidos. La gran diferencia se encuentra en la capacidad económica de que allí se dispone, para poder contar con los instrumentos más efectivos y sofisticados.

Al retornar, se abre un nuevo horizonte en mi vida. Se despeja en parte una incógnita, el futuro inmediato. Queda pendiente el porvenir. Atrás quedaron días de soledad, muchos días, casi dos meses. Allí, en medio de mi habitación, recordaba las palabras, de otro amigo, muy cercano en el afecto, médico también, pero que prefirió el campo de la política para su realización, el Dr. Francisco Luna Kan: “El hombre nace y muere solo”. Nada más cierto. Solo con mis pensamientos, solo en el hospital, solo frente a la máquina inmensa de Rayos X, solo frente al destino.

Hoy tengo la inmensa dicha de estar de nuevo en casa, rodeado de mis seres queridos y de mis grandes amigos. Atrás quedaron los días de incertidumbre y de escepticismo. Vale la pena vivir.

Lo importante ahora, es diseñar un nuevo proyecto de vida para los años por llegar, aún cuando comprenda con todo realismo, que, en esta aventura fascinante de la existencia, no sabemos nunca a donde vamos.

Sin embargo, estoy consciente de que soy un ser afortunado al que se ha concedido la gracia de volver a vivir, se me ha obsequiado con el privilegio de un nuevo paréntesis de vida, para compartir con mis afectos, con los míos, rodeado de mis libros y mis discos de música, y para tratar de ser útil a mis semejantes.

Doy gracias por esta nueva oportunidad para proseguir la aventura fascinante de vivir.

Luis F. Peraza Lizarraga

Continuará la próxima semana…

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