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Presentación
EL GOBIERNO DEL ESTADO DE YUCATÁN CELEBRÓ jubilosamente el quincuagésimo aniversario del inicio del reparto agrario henequenero, hecho histórico del Presidente Lázaro Cárdenas del Río cristalizado con su decreto del 8 de agosto de 1937 emitido en la capital de la entidad. Por este conducto la Revolución Mexicana, junto con la tierra, reintegró su dignidad al agricultor maya.
La entidad política norteña de la península de Yucatán fue, a partir del siglo XVI, un lejano escenario de Nueva España donde cruelmente se sojuzgó –física, moral y sicológicamente– al pueblo maya, uno de los mesoamericanos más dignos del hemisferio. Sojuzgamiento total que conllevó su degradación de humano, la civil de ciudadano. Sin embargo, por su querencia a la libertad y un resabio de justicia elemental, luchó secularmente y con denuedo por esos principios inalienables, manifestados hasta lo último y con la conflagración bélica de 1847 –1902. La derrota del pueblo maya, con sus secuelas de aturdimiento y debilidad, incubó un ánimo vengativo y cruel en sus nuevos encomenderos de mediados del siglo XIX y principios del XX, quienes aherrojaron en la hacienda a cautivos de guerra y mestizos –los “hidalgos” que aun lucharon en pro de la sociedad urbana blanca– haciendo con ellos la consolidación y florecimiento de aquel sistema económico que favoreció la dictadura del porfiriato. Por largos años quedó emasculada la base social de la pirámide económica de Yucatán.
La Revolución Mexicana, objetivamente, llegó a Yucatán el 19 de marzo de 1915 con la presencia y gobierno del Gral. Salvador Alvarado Rubio, cuyos decretos de liberación real del jornalero de las haciendas, y de la servidumbre doméstica laborante gratuita de trabajos serviles; la entrega de los primeros ejidos en acatamiento de la Ley del 6 de enero de 1915 (que lamentó suspender por causas ajenas a su buena voluntad); su avanzada Ley del Trabajo y demás conocidas como “las cinco hermanas”, etc., son evidencias del inicio de un nuevo amanecer social y de justicia que requerían incluso terratenientes latifundistas y los banqueros y comerciantes y comerciantes poderosos. El proceso de cambio y modernización inicial en el Estado de Yucatán es obra que todos los yucatecos debemos agradecer al insigne oriundo de Sinaloa.
Continuador de las tendencias de justicia social, con experiencias inolvidables en su tierra y al lado del caudillo Emiliano Zapata y dueño de una personalidad magnética y singular, Felipe Carrillo Puerto cooperó luminosamente a la emancipación del pueblo, en especial del trabajador agrícola y del proletarizado. Su efímero período constitucional (1922 – 1923) –tronchado por el crimen alevoso de la reacción oscurantista– se distinguió por el gran número de leyes que expidió, todas ellas, o las más, a imperativos de justicia social y con visible adelanto para su época. Pero su rasgo relevante fue el de líder y conductor de los aborígenes yucatecos, a quienes elevó realmente al rango de ciudadanos de un Estado Libre y Soberano, y una patria autónoma e independiente. Instrumento ágil de su actividad societaria fue el Partido Socialista del Sureste -entelequia corporizada, pero que eran reclamos insistentes provenientes de siglos atrás. Su obra fue decididamente enfitéutica. Su dotación de tierra a los pueblos causó rencor en los locales y asombro entre los agraristas nacionales, que le hicieron una expresión de gracias por conducto de don Ramón P. Denegri, funcionario del gobierno federal obregonista. El socialismo carrilloporteño, a la par cubrió objetivos políticos y humanísticos para con un pueblo desheredado y con hambre y sed de justicia seculares.
Trece años después de la enérgica decisión dotatoria de tierras del carrillismo, arriba a la cumbre del poder federal un mexicano oriundo del pueblo tarasco, michoacano, cuya acción gubernamental hace más concreta las aspiraciones de los mexicanos humildes: el Gral. Cárdenas del Río –“Tata Lázaro”–, apuntalado con provechosas experiencias humanas y administrativas: honesto militar, expresidente del Partido Nacional Revolucionario, gobernador constitucional de su Estado –donde auspicia la fundación de la Confederación Revolucionaria Michoacana del Trabajo–, responsable funcionario del gobierno federal y gente sensata y modesta en su trabajo diario. Cárdenas suma y rezuma cualidades y conocimientos que avivarán al régimen nacional revolucionario, particularmente en materia de dotación y restitución de tierras a los pueblos, iniciando una nueva y distinta reforma agraria que tendrá el objetivo de incluir al campesino ejidatario moderno. Pero, además, Cárdenas tuvo la decisión y el coraje de exhibir sin tapujos una firme condición ideológica que duró todo el resto de su vida y es, quizá, el granito más firme de su propio monumento. El candidato Lázaro Cárdenas llegó a Yucatán, por primera vez, en el año de 1934 y esbozó con claridad y lealtad lo que haría en su gobierno; así lo hizo en todo México durante una gira política sin precedentes en nuestra historia. El presidente Lázaro Cárdenas volvió al Estado en 1937, esta vez para entregar un documento legal que definitivamente entregó la tierra del henequén a sus auténticos trabajadores. Y veinte años después de dicha gran dotación de ejidos, el legendario “Tata” Cárdenas retornó por última vez al Mayab para estudiar la obra emprendida, a la luz de los nuevos procedimientos de la lucha de clase entre explotadores y explotados. Y habló para resumir su rápida visión del ejido yucateco.
La efeméride luminosa del 8 de agosto de 1938 es la que celebran hoy, y conmemoran con alborozo, el pueblo trabajador y el régimen revolucionario estatales. Es una justa celebración conmemorativa del medio siglo de una instauración socializante de la tierra.
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Este documento recoge cronológicamente los principales discursos, decretos, entrevistas, y aun el juicio crítico personal de don Lázaro Cárdenas a dos décadas de su obra histórica en Yucatán. Permite visualizar una idea relevante que comparte la realización del principio de Tierra y Libertad de la Revolución Mexicana, y el de unificar y organizar el campesinado mexicano para garantizar lo que con sumo esfuerzo ha conseguido en el curso del tiempo y, con ello, hacerlo un actor visible, digno y respetable de cooperación para continuar construyendo la patria y consolidar el crecimiento y desarrollo integral de los Estados Unidos Mexicanos.
Lic. José Adonay Cetina Sierra
Mérida, Yuc., México.
8 de agosto de 1987.

Continuará la próxima semana…





























