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Chuck Thompson se dirigió a todos los miembros del equipo. Era el momento de revelar el por qué de la presencia de aquellas tres puertas que tenían a todo el planeta de cabeza con un sinfín de interrogantes.
En aquella amplia mesa estaba el doctor Wolfgang Schenker, el astrólogo Mike Fontanot, la doctora Vanessa Muraki, la agente especial Vera Thompson y el ingeniero Yuri Plancarte, todos ellos supervisados con ojo escrutador por el general Collins.
“Lo que ahora revelaré fue lo que causó el retiro anticipado en mis investigaciones,’ señaló Chuck, quien reflejaba en el rostro una angustia infinita. ‘Como saben los que me conocen, o quienes me han investigado, nunca estuve cerrado a ninguna hipótesis que aportara información sobre los orígenes de nuestra existencia, por descabellada que pudiera parecer. A lo largo de más de tres décadas de trabajo, de pronto llegó a mis manos una porción de lo que resultó ser un códice milenario. Era tan antiguo que mezclaba elementos sumerios, mayas y egipcios…”
“Quien me hizo llegar esa pieza fue un yucateco de nombre Balam, el mismo que me hizo llegar este mensaje,’ dijo, mostrando su teléfono.
“Un miembro de la resistencia terrorista que ya ha sido eliminado junto a sus bastardos aliados Bolívar y Augusta,” expresó en voz alta el siniestro general Collins.
Thompson asintió con pesar antes de continuar.
‘En efecto, general. Me imaginé que todos ellos estarían muertos al recibir el mensaje: la única manera de recibirlo de Balam era si él supiera que su muerte era inminente… Todos ustedes deben entender que esta relación unió a Balam, a la antropóloga Irene Sitchin y al científico Fadrique Carballal a mí,” dijo, mirando directamente a los ojos de cada uno. El peso de lo que acababa de decir lo agobiaba.
“Sí, doctor Schenker: su colega también formó parte de nuestro descubrimiento. Entre todos completamos las piezas de aquella pieza arqueológica, el códice más antiguo en la historia, o mejor dicho, de nuestra historia, porque historias de todo tipo existen a nuestro alrededor, ya que nuestro planeta forma parte de un multiverso… En el códice se describe claramente que nuestro universo es parte de una especie de infinito cubo rubik en el que cada determinado tiempo una inmensa porción de tiempo se alinea para permitir la continuidad de los mundos, de los planetas, de cada porción, de cada dimensión.”
“Disculpe, señor Thompson. ¿Nos está diciendo que esas puertas son accesos a esas otras dimensiones?” cuestionó con preocupación la doctora Muraki.
“A otros mundos, a otras dimensiones, a otros planetas, a otros tiempos, al pasado, al futuro, arriba, abajo… Las probabilidades son infinitas, doctora,’ señaló Thompson. Hizo una breve pausa para tomar un trago de café.
“Es muy complicado tratar de entender o dimensionar lo que estamos hablando. Aun una mente tan brillante como la de Fadrique Carballal no fue capaz de soportar la verdad. Enloqueció tratando de detener una realidad imposible de parar; buscó de manera obsesiva antiguos rituales profanos que sirvieran para sus fines, llevándolos a él y su ex esposa al triste final que todos conocemos.”
“El fin último de estos portales, según el códice, es equilibrar la balanza cósmica, prestar ayuda a las civilizaciones que pasan por tribulaciones. Coincidirán todos conmigo en que nos vendría de perlas que eso sucediera: sería un nuevo amanecer para nuestra Humanidad. Un verdadero sueño que nos beneficiaría a todos.”
Mike Fontanot no pudo permanecer en silencio por más tiempo y soltó: “Amigo, si esta es otra de esas hipótesis descabelladas sin pruebas contundentes, reales, lo mejor sería que…”
“La exactitud de los códices es infalible,” aseguró Thompson. “Así ha sido desde siempre, desde el origen de las reales primeras civilizaciones… El tiempo para el ‘engranaje’ de todos los puntos está a poco más de un mes de efectuarse. Lamentablemente, los únicos que tenían los detalles exactos sobre cómo efectuar la conexión eran esos líderes asesinados. Gracias a los esfuerzos de todos ustedes hemos recabado suficiente información que, filtrada a través de la labor del compañero Yuri, nos han permitido determinar que existe un punto exacto donde deberá efectuarse este ‘efecto’ multidimensional: será en un área comprendida exactamente en el centro del triángulo formado por las líneas dibujadas de cada una de estas puertas.”
‘Determinar el sitio exacto no será problema; seguramente será una pequeña isla en el centro de las Bermudas o algo así. Podré encontrarlo,” dijo con seguridad Yuri Plancarte.
El general Collins avanzó a la parte frontal de la mesa hasta colocarse a la derecha de Thompson.
Entre dientes, masculló: “‘Si todo eso es verdad, deberemos acordonar el área de conexión para asegurar los mandatos de nuestros amos,” dijo.
Chuck alcanzó a escucharlo e intervino de inmediato.
“‘General, debe entender que no tenemos tiempo para descifrar el rito o ecuación astral requerida para la hora de la alineación. Balam, Bolívar y Augusta eran los únicos que sabían cómo, eran los depositarios del conocimiento, fueron educados por generaciones para ese glorioso día. No podemos ser los cerrajeros de manera empírica,” sentenció.
‘No, profesor, lo entiendo perfectamente: al morir ellos lo más probable es que el engranaje falle y que esas puertas no sirvan como enlaces, sino como accesos,” vociferó Collins.
Vera se dirigió asustada al militar: “¿Accesos? ¿Accesos para qué, general Collins? ¿Qué es lo que entrará a nuestro mundo?”
‘Cuando el momento llegue, las puertas se interconectarán y se abrirán, dando acceso a esta dimensión a invitados de otra,” dijo Collins con una sonrisa muy amplia. Su habla adquiría tonos de gruñidos, pese a lo cual era entendible lo que decía. “La segunda puerta nos dará acceso a nosotros a otra dimensión. La tercera se abrirá para que este ciclo se repita, pero solamente por escasos minutos, así que…”
“¡Un momento, general!” gritó el doctor Schenker. “¿Acaso tiene idea de lo que eso significaría? ¡Además de perder la oportunidad de ayudar a nuestra raza, estaríamos arriesgándonos a un desastre en una escala imposible de cuantificar! ¿No entienden usted y sus amos las fatídicas consecuencias que podría tener para la humanidad el posible ingreso a nuestro mundo de seres de otra especie?”
“¡Por supuesto que las entendemos!” bramó el militar, evidentemente contrariado. Su piel sufrió una transformación, permitiendo percibir su verdadera identidad: la de una especie de lagarto.
“Claro que será catastrófico para la Humanidad, pero no para mi raza. Así fue como llegamos a este planeta hace ya eones… Es parte de nuestra naturaleza ir en busca de nuevos mundos. Finalmente ha llegado la hora de tomar control de este mundo, y de los que podamos al abrirse las puertas.”
La doctora Muraki y la agente Thompson no pudieron reprimir sus gritos de espanto; los hombres estaban paralizados por la confesión de Collins.
Todos compartían el horror de lo que sus palabras implicaban.
Alpaso





























