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La Puerta (IX)

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IX

El mensaje

– “Buenos días, mi amor. No sabes la dicha que siento al tenerte de vuelta conmigo. Realmente me asusté mucho. Fue una semana eterna sin ti. Te prepararé algo rico para que te vayas reponiendo. ¿Tus huevos bien cocidos como siempre, cielo?”

– “No. Se me antoja la yema cruda, igual un poco de frijoles, unos hot cakes y un café negro… como el futuro de la humanidad,” respondió seco y cortante Carlos Robertos, ante la mirada atónita de su mujer, quien no podía apartar la mirada de su marido. Por más que trataba de encontrar en sus ojos a aquel Carlos amoroso, tierno y juguetón de hacía unos días, ahora solo encontraba un vacío y hasta cierta oscuridad en ellos.

Carlos emprendió una batalla contra los alimentos. Los cubiertos salieron sobrando: sus manos tomaron la comida y la engulleron, mientras su mirada se mantenía perdida en el vacío. Daba la impresión de estar fuera de sí, como si los alimentos fueran una droga que calmara su ansiedad. Al terminar de devorar el desayuno que con tanto amor le fue preparado, se limpió la boca con la manga de la camisa y se levantó de la mesa, dejando perpleja a Ana Lucía, quien apenas estaba dando el primer bocado al suyo.

Robertos se encaminó a la puerta a paso veloz y firme. Tomó las llaves de su vehículo, que hasta hacía un par de meses se encontraba decomisado por usarlo de manera clandestina para servicio público de pasajeros, y salió de la casa.

Por el reflejo en el espejo de la sala, Ana Lucía pudo observar algo extraño en el rostro de Carlos: un brillo inusual en sus ojos, un color amarillento, las pupilas dilatadas. Estaba cambiando.

Carlos abordó su vehículo, tomó su teléfono celular buscando en él un servicio a cubrir, un transporte que llevar. No tuvo éxito. Comenzó a conducir, esperando poder levantar algún pasaje en su trayecto.

La radio de su vehículo se encendió por sí sola. El buscador de estaciones comenzó a retroceder de manera veloz. Los numerales de las estaciones corrían sobre la pantalla. Pasaron varios segundos hasta que por fin la pantalla se detuvo en la estación “333 am”. Se escuchaba estática y el sonido del vacío radial. Los ojos de Carlos se pasmaron, y sus sentidos se agudizaron.

De su boca surgió un murmullo.

– “Así será, Maestro.”

El teléfono móvil interrumpió el momento diciendo: “Un nuevo pasajero le espera”.

Carlos tomó el celular, presionó “Tomar el servicio”, giró intempestivamente el vehículo y condujo hacia un nuevo destino.

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El sonido de un celular rompió el silencio en la sala.

Chuck Thompson tomó su móvil y las facciones en su rostro cambiaron, registrando una mezcla de asombro y terror al ver el remitente del correo que acababa de recibir.

– “¿Realmente ha llegado el momento? ¿Cómo no pude darme cuenta antes? ¿Acaso las tres puertas…?”

Tres incógnitas emergieron en su mente, mientras permanecía petrificado, mientras apretaba con fuerza el celular en la mano.

– “¿Te ha llegado algún mensaje del más allá, o acaso un mensaje desde las Bermudas?” preguntó burlonamente Fontanot, ante la mirada perdida de Thompson.

Chuck debatía en su mente: “No deben relacionarme con Balam. Sin embargo, siento que es una pieza clave para descifrar este rompecabezas.”

Descargó el archivo comprimido y borró el mensaje, buscando así eliminar el origen del mismo.

– “Yuri, necesito que abras el archivo que te estoy enviando,” exclamó Chuck mientras lo adjuntaba al correo. Escribió en el asunto: “Clasificado 333”.

– “Lo tengo,” dijo Yuri, sintiéndose útil por primera vez. “Mmm, el archivo comprimido que adjuntaste en el correo viene encriptado Chuck. Necesito unos minutos para verificar qué tipo de algoritmo se usó para comprimirlo.”

Yuri tecleó una serie de instrucciones en su computadora. Los movimientos oscilantes de su cabeza, y el gesto en sus facciones, no denotaban cosas positivas o alentadoras.

Fontanot interrumpió: “¿Nos puedes explicar qué está pasando, Yuri? ¿Por qué tienes esa cara de sentenciado a muerte camino a la horca?”

– Señores, ¿han escuchado acerca del protocolo AI333? Estoy casi seguro que no” –preguntó retóricamente.

Sin esperar respuesta, Yuri continuó: “Es un protocolo considerado como criptografía cuántica; es similar al BB84, que basa su seguridad en el intercambio de pares de fotones entrelazados para descifrar mensajes.”

– “¿Qué quieres decir con eso, Yuri?” –preguntó Schenker, acercándose al monitor.

– “No va a ser nada sencillo descifrar y extraer los archivos. Aparentemente se encuentran cifrados bajo este protocolo, el cual data desde el año 2000, si no me equivoco. De entrada, necesitaremos conocer las fuentes de intercambio de información, es decir el remitente y destinatario” –respondió Yuri.

De la frente de Chuck comenzó a escurrir una gota de sudor.

– “¡Fadrique! Él trabajó en esos años en una investigación para crear un protocolo que él sostenía era más físico que matemático” –exclamó Schenker.

Vera, que hasta ese momento había permanecido en silencio, tomó la palabra: “Todo se vuelve más confuso. Demasiadas incógnitas, aristas y variables.”

Fijando la mirada, continuó: “Ya es tiempo que vayamos despejando algunas. Comencemos con la más simple en este momento: Chuck, ¿quién te ha enviado esa información?”

Alpaso

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yahves@gmail.com

Continuará….

 

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