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Perspectiva

(J)Oda al Cuau
“La culpa no la tiene el indio, sino el que lo hace compadre”
-Refrán popular
Soy americanista desde los 6 años de edad, o sea desde hace muchos decenios. Soy de los que piensan que el fútbol mexicano se divide en dos grandes grupos: aquellos que le vamos a las Águilas del América, y el otro grupo son todos los demás. He disfrutado sus victorias y campeonatos, y también he aguantado shingas cuando se presentan las derrotas.
Cuauhtémoc Blanco, el gran Cuau, es uno de los mejores futbolistas mexicanos que salieron de las canteras del América. Considero que uno de los mejores goles que anotó se lo hizo a Bélgica, en el mundial de Francia 1998, cuando México perdía 2 – 1: cerró la pinza derecha del área, rematando con la pierna con la que no se suponía que lo hiciera, la izquierda.
Peleonero, mal perdedor, ofensivo, genio, mal hablado, joronche, tramposo, muchos apelativos le quedan a la perfección, y nos demostró su personalidad infinidad de veces. Dicen algunos que sí saben de estas cosas que es jugando cuando aflora nuestra verdadera personalidad. Cuauhtémoc representa la “picardía” del mexicano, el individuo que llega lejos siendo “vivo”, aprovechando las oportunidades que se le presenten. Es, en pocas palabras, un “ejemplo” de triunfador en nuestro país.
Cuando supe que había sido postulado al puesto de alcalde de Cuernavaca por el Partido Social Demócrata supe que, de ganar, haría las cosas como siempre las hizo en el terreno de juego: a su manera, y valiéndole madres la autoridad, o sea, como siempre demostró en las canchas.
No me equivoqué: no lleva ni dos semanas en el puesto y ha logrado poner en su contra al gobernador del estado de Morelos, a las autoridades federales, y no dudo que también tenga con el jesús en la boca a más de dos de sus gobernados en Cuernavaca, sin olvidar que lo tienen en la mira los narcos que pretenden gobernar su ayuntamiento, y otros más del atribulado estado de Morelos.
Imposible que los discursos que ha leído y los argumentos que ha dado en los últimos días provengan de su intelecto. El Cuau tiene problemas no solo para leer, sino también de dicción. Tampoco tiene experiencia alguna en administración pública, o en política. Fue elegido porque es una gloria deportiva nacional, y porque los ciudadanos estaban hartos de los políticos de siempre. Pero, ¡oh, sorpresa!, ahora los ciudadanos que lo eligieron tendrán que sufrir las calenturas del buen Cuau, o correrlo del puesto tan pronto les fuera posible, so riesgo de que termine de hundirlos.
En nuestro x’tokoy solar hemos pasado por situaciones similares: tuvimos el caso del campeón de kimbomba que se volvió gobernador, y también el de la gritona del Congreso que se volvió exitosa “porcicultora” y que ahora es millonaria ex gobernadora de nuestro estado, acarreando un tufo de corrupción y desvergüenza doquiera que vaya. Los dos, junto con el Cuau, son perfectos ejemplos de los “nuevos” políticos que muchos han elegido que los gobiernen. Ninguno de los tres pasará a la Historia por sus méritos como gobernantes, sino por los escándalos en los que se vieron metidos.
He aquí al menos tres ejemplos del riesgo de elegir “advenedizos” cuyo pegue nació principalmente de la mercadotecnia y del Photoshop, sin tener cuidado en investigar sus orígenes, su preparación y, en particular, sus “padrinos” y “madrinas”.
Personajes como estos no agregan nada al engrandecimiento de nuestro país, ni construyen, ni mucho menos piensan más allá de lo que sus limitados orígenes les permiten. Están para hacer “bisnes”, y les valen las consecuencias.
Desde esta perspectiva, muchos otros advenedizos aún vienen detrás, algunos abanicados por los partidos políticos, algunos empeñados en lo que para ellos es una “loable” labor: “rescatarnos” de las garras de los corruptos políticos de siempre.
Sigo yéndole al América, y sostengo que el Cuau fue un excelente futbolista. Pero eso es todo lo que es, un futbolista. Igual de limitados fueron la gritona y el campeón de kimbomba, y aún pagamos las consecuencias de sus manifiestos desatinos.
Nos toca a nosotros elegir bien, separando el trigo de la paja, asegurándonos de no volver a caer en trampas y espejismos como estos personajes.
Gerardo Saviola





























