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Editorial

Tuvimos la oportunidad de visitar nuestro terruño por unas semanas, reencontrarnos con la familia, saludar amigos, conocer nuevas amistades y, en general, darnos un baño de nuestro pueblo, muy necesario y apreciado.
Los viajes, sabemos, son una oportunidad de crear nuevos recuerdos, algunos los atesoraremos, otros tal vez no. La vida misma es una colección de vivencias y recuerdos a los que acudimos cuando nos es necesario. Así, cada vez que visitamos nuestros lugares y gentes conocidas, al mismo tiempo que creamos nuevos recuerdos, revivimos todo aquello que nos ha formado.
Mérida continúa cambiando y cada vez más se aleja de la tranquila ciudad en la que crecimos. Desde el tráfico hasta la abundancia de edificios departamentales de precios exorbitantes, el fenómeno de la conurbación es prueba fehaciente de que no hay vuelta atrás. Para bien o para mal, el juicio de valor corresponde a cada uno de nosotros ante esta explosión.
Si bien la ciudad ha crecido, los servicios y vías de comunicación no han crecido en la misma proporción. Apagones intermitentes se unen a las colchas de remiendos en que se han convertido muchísimas calles merced a los innumerables rellenos de baches. Algunas calles han recibido una completa repavimentación, lo cual hace transitar por ellas muy agradable, pero falta mucho para que esto suceda en toda la ciudad.
Dejamos aquí una recomendación a las autoridades sobre sus bacheos: si se hacen bien desde la primera vez, el mantenimiento es mínimo; se entiende que esto vaya contra aquellos que ven “negocio” en cada temporada de lluvias y sus consiguientes brigadas de bacheo, pero también sirve para calificar a los responsables y, si fuéramos conscientes, no votar por ellos nuevamente.
Los tiempos de traslado se han incrementado exponencialmente y la explosión en el número de plazas comerciales nos hace preguntarnos cuántas de ellas son simplemente “lavaderos” de dinero mal habido al hacer las cuentas de ingresos necesarios para mantenerlos a flote.
Es evidente que tanto a nivel municipal como a nivel estatal –reflejo también de la situación de todo el país– el presupuesto no alcanza para cubrir todas las necesidades de los habitantes. Las autoridades tienen como obligación proporcionar servicios de calidad: alumbrado, vialidad, salud, seguridad, etc. Nuevamente, dejamos a ustedes el juicio de valor a cada uno de estos rubros en la actualidad.
Lo que también es evidente es que, pese a los programas sociales, la escalada en los precios no se detiene lo cual, al incorporar la necesidad de comprar con ese mismo dinero las medicinas que los centros de salud no poseen, deja menos dinero en el bolsillo. Sorprende el número de farmacias que ahora cubren la ciudad, de torres para consultorios médicos. ¿Se está convirtiendo Mérida en un centro de atención a la salud?
Al mismo tiempo, las exigencias tributarias a personas físicas y morales aumentan, lo cual comprueba la necesidad de las autoridades de los tres niveles de gobierno de hacerse de recursos como puedan. No debe extrañarnos que pronto leyes tributarias que no se aplicaban sean exigibles, así como las penalidades por no cubrir las obligaciones fiscales.
A pesar de todo, Mérida sigue siendo para nosotros esa ciudad tranquila de nuestros recuerdos, donde crecimos y aprendimos a vivir y convivir; donde mucha de nuestra familia aún vive; donde nuestros hijos nacieron y hacen su vida. Visitarla es abrevar de nuestra historia, reafirmando nuestros orígenes.
Gracias a todos por los nuevos recuerdos.





























