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XXX
Todavía recuerdo
esa tarde sin charla
con los labios sellados
por un doble silencio.
Me miró melancólica
apoyando en mi pecho
su rendida cabeza,
presa ya de la angustia
de los pensamientos.
Tenía que dejarla
y marcharme muy lejos
sin timón y sin brújula,
como pluma en el viento.
No te aflijas, le dije
suavizando el acento;
siempre habré de quererte…
¡sabe Dios que esto es cierto!
Y aunque es clara la tarde,
ya la vela el misterio
y el minuto que pasa
es la sangre del tiempo.
Será triste la ausencia,
será triste el recuerdo
si las almas no saben
que han de hallarse en el cielo.
Alfredo Aguilar Alfaro
Continuará la próxima semana…





























