En riesgo los sistemas de salud

By on noviembre 23, 2023

Letras

XXV

Dioses mercantiles

 24 de enero de 1999

Bajo los auspicios de la Universidad Autónoma de Yucatán y de la Universidad de McMaster Hamilton, Ontario (Canadá), esta semana se desarrolló un simposio sobre “Tendencias e innovaciones en educación para las profesiones de la salud”, con exposiciones de los profesores Dr. José Venturelli Barón y T.S. Gabriela Luchsinger Beaumont y la participación de grupos de docentes y estudiantes de nuestra Escuela de Medicina. En su conferencia titulada “Innovación educacional en las profesiones de la salud: ¿moda o necesidad?”, el Dr. Venturelli Barón, Profesor de Pediatría y Cuidados Intensivos de la mencionada Universidad de McMaster, presentó un interesante trabajo de su especialidad, en el que destaca la lucidez de sus análisis sobre la situación y el futuro en el proceso de la salud latinoamericana.

Nos dijo que la necesidad de innovar en medicina ya no es más una simple tendencia de la moda y que la situación histórica de la salud de las poblaciones ha cambiado en muchos aspectos por lo que es necesario tomar conciencia de la urgencia de un cambio en el complejo proceso de la salud, de análisis, de servicio, de participación real comunitaria y de educación de los profesionales.

Expresó también la esperanza de poder llegar a tener nuevos servicios de salud, con un alto sentido de mejorar la calidad y equidad, así como establecer lazos fuertes, permanentes en el trabajo comunitario, donde las poblaciones tengan un papel de actor central en el proceso de la salud y también forzar el cambio en la formación profesional y en la educación de los millares de profesionales y trabajadores. Atribuye a esto un mérito que no es pequeño –dice– “Cuando vemos que la inercia y los tiempos que corren son más de abandono de los compromisos sociales y de metas establecidas en las décadas de los años 60 y 70 en lo que a progreso social se refiere”. Y añade: “Vivimos tiempos en los que la insistencia es hacia el olvido de nuestras responsabilidades históricas, aquellas que realmente establecen el progreso: la equidad, la justicia social, el mejoramiento de la vida y sus determinantes, y también de este efímero avance social que muchos tratan de medir según intereses inmediatos ajenos al hombre común, es decir, perderse en las mediciones económicas ajenas a los problemas del diario vivir de las personas”.

En su disertación, el Dr. Venturelli, mencionó que el desafío dentro del gran océano de necesidades de los pueblos latinoamericanos es la responsabilidad del cambio, como una necesidad impostergable. Analizó también el concepto de producción social de salud, como “Un proceso complejo que debe permitir poner los factores, necesidades, recursos y decisiones en un contexto más real, al mismo tiempo más político, en lo que se refiere al servicio de las poblaciones”. Y enfatizó: “Este concepto es muy importante ya que las presiones actuales de que “el mercado lo determina todo” llevan a una confusión inmensa y al mismo tiempo, favorecen decisiones mercantilistas incluso en las áreas que corresponden a derechos sociales… Si es que el progreso social tiene algún sentido, el acceso a mejor educación, condiciones de vida, niveles de salud y otros servicios que promuevan prevención, reparación en salud y rehabilitación, deben ser compromisos irrenunciables”.

Es sorprendente el cambio de lenguaje y los nuevos aires que se advierten en la Universidad. ¿Coincidencia o resultado del reciente cambio de mando? Lo cierto es que un médico extranjero, canadiense, ha venido a darnos verdaderas lecciones, no solamente sobre la enseñanza de la medicina, sino de los más altos valores de la humanidad, equidad, justicia social, derecho a la salud.

La firma del tratado de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México, como se analizó recientemente durante la reunión internacional de economistas celebrada en la Habana, Cuba, ha vuelto prácticamente irreversible la supeditación de la economía mexicana a los intereses norteamericanos. De allí deriva la obsesión de algunos ciudadanos hipnotizados por el poderío del vecino país, de adoptar todos sus modelos, sin analizar a conciencia su viabilidad, puesto que somos pueblos con grandes diferencias, en todos los aspectos económicos, políticos y sociales.

Nuestro sistema de salud no es la excepción. Con la fundación del Instituto Mexicano del Seguro Social, la experiencia de los médicos sanitaristas dio como resultado servicios médicos integrales que han cuidado y preservado la salud de los trabajadores, durante varias décadas, con altos grados de eficiencia y humanismo, a pesar de todas sus fallas. Por su parte, los servicios asistenciales médicos de la Secretaría de Salud son de gran utilidad para la población marginada que no pertenece al IMSS.

La paranoia de la privatización está pensando en privar al pueblo del derecho a la salud y entregar a la locura del mercado el preciado cuidado de la misma. Terrible equivocación. El pueblo trabajador tendrá que resistir y rechazar los embates de los nuevos traficantes del dolor humano.

Al respecto, seguramente con sorpresa, el auditorio escuchó decir de nuevo al Dr. Venturelli: “Existe, a nivel planetario, la intención de hacer prevalecer la idea de que “el mercado lo determina todo”, como si ésta fuera la piedra angular o la nueva y única diosa de todas las sociedades del planeta. La globalización, sin embargo, está llevando a un deterioro en la calidad de la respuesta social. El mercado no es un fenómeno estático y, especialmente hoy día, cuando vemos que las fuertes y especulativas ganancias que se pueden obtener en diferentes rubros (salud es una de las áreas donde esto puede ser más ventajoso que en otros sectores), están llevando a un grave deterioro en los sectores salud”.

Enfatizó que esto sucede no solo en los países del tercer mundo, como el nuestro, sino también en las economías más sólidas, como aquellas del grupo industrializado de los siete.

Puntualizó el conferencista que: “Este deterioro es paralelo a la privatización que se intenta imponer. Sin embargo, es muy claro que la privatización de la salud no solo disminuye la cobertura, sino que aumenta los costos de atención.”

Para apoyar sus palabras, el Dr. Venturelli dio cifras: “Estados Unidos utiliza un 15% de su Producto Nacional Interno y tiene cerca de un 40% de la población sin acceso a atención en salud o con un nivel de atención pésimo.” Dijo también que: “Ese modelo ha demostrado, a través de los últimos 25 años, que sus costos son incontrolables y que ha ido produciendo un aumento sostenido de aquellas personas que no tienen acceso a atención de salud de mediana o buena calidad.”

Con gran delicadeza y respeto a su propio país, antes de entrar de lleno al tema a desarrollar, el cual se permitió iniciar con las reflexiones motivo de este comentario, el Dr. Venturelli advirtió: “Sólo la fuerza política que controla el mundo –la de los dioses mercantiles– puede pretender que sistemas de salud equitativos y muchísimo más eficientes puedan ser llevados a su propio suicidio. El caso de Canadá, que no discutiremos aquí, está en la silla del condenado”.

El sistema de salud mexicano, me permito agregar, también tiene un asiento reservado en el tribunal de mercaderes que condena a los pobres y que glorifica el dinero, como principio y fin de todas las cosas.

Luis F. Peraza Lizarraga

Continuará la próxima semana…

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