El propósito de la pandemia

By on mayo 21, 2020

La cuarentena por esta pandemia ha permitido distinguir diferentes lecciones en nuestras vidas. La capacidad humana tiene la posibilidad de omitir aprendizajes, aunque vivamos las mismas experiencias. En definitiva, como no estamos viviéndolas por igual en nuestras familias, centros de trabajo y de manera individual, seguro aprenderemos algo de todo esto.

La capacidad de comunicación e información que tenemos hoy en día nos permite desarrollar actividades dentro de los espacios en confinamiento. Sin embargo, esta cuarentena ha dejado sobre la piel la capacidad de distinguir lo fundamental de nuestra vida cotidiana.

La dinámica tan veloz de nuestras vidas, que ha sido frenada en medio de la autopista del consumismo, resaltó las prioridades en nuestras actividades, compras, e incluso de nuestras filias y fobias. Redistribuimos nuestros intereses y recursos para procurar el bienestar de los que nos rodean, propios y extraños.

Las empresas e instituciones fueron clasificadas como esenciales o prioritarias. La crisis económica mundial ha complicado más las cosas. Ahora lo difícil es distinguir para quién no son prioritarias: les aseguro que para un mesero su sueldo es prioritario. Las decisiones de cerrar los negocios de actividades “no esenciales”, por el bien mayor de la sociedad, en definitiva, reacomodarán la cotidianidad de la post pandemia, y el mundo no será igual.

Los gobiernos, desde sus niveles federal, estatal y mundial, han tomado posturas atinadas, erróneas, increíbles y hasta ridículas. Hemos visto el uso político de la situación en actividades de prever, abusar, ayudar, utilizar, informar y confundir con respecto a esta situación harto peculiar. Sin importar el resultado final de la pandemia, el impacto político será indiscutible. Ningún discurso matutino o vespertino cubrirá la realidad futura.

David Allen, en su metodología de Getting Things Done, presenta 6 niveles de altitud a la perspectiva que tenemos para nuestra productividad, las cuales vienen como “anillo al dedo” para explicar lo que veo. Allen las define así:

  • Las Actividades son las tareas que podemos hacer en un mismo sitio y de una sola vez.
  • Los proyectos son el resultado de la realización de muchas acciones.
  • Las áreas de enfoque y responsabilidad son hacia donde dirigimos nuestras energías diarias y nos hacen llegar a conseguir lo que deseamos.
  • La visión es la que establece las líneas claras para definir lo que encaja en nuestra vida y lo que no.
  • Los propósitos y principios definen por qué hacemos lo que hacemos, y los comportamientos que nos rigen, aquellos valores que queremos respetar siempre.

De acuerdo con esta clasificación de niveles de “altitud”, la población en general ha ido trabajando y deberá trabajar en definir el proceso propuesto por Allen.

Ya sea consciente o inconscientemente, hemos eliminado las actividades no prioritarias, aquellas que gastaban nuestra energía o consumían nuestro tiempo de manera innecesaria, incluso las empresas que realizan actividades poco “prioritarias” pudieran tender a desaparecer. Las instituciones educativas y burocráticas han eliminado actividades innecesarias o costosas, ya podemos realizar videoconferencias con naturalidad o eliminar procesos de triple sellado de un documento que dormirá el “sueño de los justos”.

Se han definido proyectos increíbles en muy poco tiempo; en el ámbito académico, se ha avanzado en la educación a distancia en un abrir y cerrar de ojos; hemos arrancado con deficiencias, pero mejorar es siempre más sencillo que iniciar. En el sector empresarial, se han diseñado modelos de negocio diferentes con ayuda de las tecnologías de la información, al reducir actividades innecesarias y que brindan valor a la empresa; los gobiernos se han dado cuenta que hay programas que se pueden realizar de mejor manera, y han implementado estos proyectos con efectividad baja, pero en espera de mejoras inmediatas.

En definitiva, nuestras áreas de enfoque se han redireccionado, y el sector salud ha mostrado con hechos las demandas presentadas desde siempre y que habían caído en oídos sordos por existir otras “prioridades”.

El sector educativo ha hecho visible la brecha digital por falta de capacitación o acceso a los recursos informáticos en los alumnos y docentes.

Las empresas han observado con temor o alivio la necesidad de las finanzas sanas y la importancia de la diversidad en el modelo de negocio. Los clientes han cambiado y sus hábitos de consumo igual. En la competencia económica, sobrevivirán las empresas que cambien rápido su enfoque y no solo las grandes.

Los políticos no sé si han cambiado su enfoque, pero tendrán que hacerlo; posiblemente tarden en entender, pero lo harán.

La visión de todos se ha acortado: el futuro a largo plazo ya no es de 10 a 20 años, se ha reducido al próximo 2021. Hay muchas dudas sobre un futuro que viene con renovados retos y distintas reglas en el juego. Innovar o desaparecer en la salud, la educación, las empresas y la política actual. La velocidad de cambio está siendo abrumadora y retadora.

Por último, en lo personal, lo que definirá esta pandemia será el retorno a lo básico, los propósitos y los principios. Recuerdo que, después de las pandemias modernas como la del cólera, aprendimos a tomar agua en botellas perfectamente purificadas; después de la de la influenza, generamos un procedimiento para lavarnos las manos; después del Covid19 aprenderemos a distinguir personas, empresas, instituciones y políticos que se han apegado a su propósito y sus principios.

En la academia hemos aprendido que el propósito no es la clase sino el aprendizaje, el conocimiento, y compartirlo con los estudiantes; en las empresas, el propósito no es la utilidad sino brindar valor a la sociedad; en las instituciones, de acuerdo a sus distinciones, es apoyar a quien más lo necesita, impartir justicia o socorrer a la sociedad; en la política, servir a los ciudadanos y velar por el interés de todos, espero lo entiendan pronto.

En definitiva, después de la pandemia el mundo va a cambiar, y quienes se apegaron a su propósito podrán realizar los cambios requeridos en sus acciones y en su productividad. La solución no se encuentra en las tecnologías que usemos, o en las acciones que realicemos, sino en el respeto y seguimiento de nuestro propósito, lo que hará que tomemos las decisiones adecuadas. Que no se discrimine a quien no tiene internet, o a quien en su labor corre el riesgo de contagio. En esta era, serás útil dependiendo de tu propósito y no de lo que hagas. ¿Cuál es el tuyo?

Por cierto, a los que tengan como propósito mantener la salud de este país… ¡gracias!

Jorge Carlos Canto Esquivel

@jorgecce

jorgecce@gmail.com

3 Comments

  1. Maribel

    mayo 27, 2020 at 6:38 pm

    Excelente artículo, tienes mucha razón, está pandemia ha roto muchos paradigmas tanto empresariales como económicos y académicos

  2. eliza_059@hotmail.com

    mayo 28, 2020 at 1:27 pm

    Una reflexión profunda, sin duda. Esperemos no olvidar esos principios básicos, en el devenir que se avecina, con todo ese mar berborreico que la política está alineando…con vistas a poscisionarse en un lugar preferente en las próximas elecciones, que está pandemia haya contrastado la realidad, en la que se necesitan verdaderos seres humanos, visionarios y comprometidos con un mejorable futuro. 😊

  3. Yaresly

    mayo 29, 2020 at 11:01 am

    Una reflexión interesante y real en donde como sociedad nos hemos enfrentado a retos importantes que han permitido ver lo bueno y lo malo, lo prioritario y lo esencial, los anti valores y la calidad humana, la salud pública y los intereses políticos por sobretodas las cosas el significado de la vida y la muerte. Aún nos quedan retos por afrontar y a cada quien le tocará hacer lo suyo, si es que decide hacerlo.Gracias por conducir tus palabras a mucho de lo que hoy pienso y siento.

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